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sobre Villarrodrigo
El municipio más septentrional de la provincia; tranquilidad y aire puro de sierra
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Villarrodrigo está a unos 90 km de Jaén. Se tarda alrededor de hora y media y el último tramo es por carreteras secundarias con curvas. No hay mucho tráfico, pero conviene ir despacio.
Aparcar en el centro no es fácil. Lo habitual es dejar el coche en alguna calle algo más abierta a la entrada del pueblo y seguir andando.
Cómo es el pueblo
Villarrodrigo es pequeño. Un paseo tranquilo basta para recorrerlo. Las casas son las típicas de la sierra: fachadas blancas, balcones de hierro y tejado de teja árabe. En algunas todavía se ven dependencias antiguas ligadas al aceite.
La iglesia parroquial es el edificio que más destaca, aunque es bastante sencilla. También sirve como referencia para orientarse porque el casco urbano no es grande y las calles acaban conectando rápido.
El paisaje manda más que la arquitectura. Desde varios puntos del pueblo se ven lomas cubiertas de olivos y montes de la Sierra de Segura al fondo.
El paisaje alrededor
Aquí lo que hay son olivares y monte bajo. Mucho. En primavera el campo se ve verde; en verano todo tira más a polvo y tonos secos. En invierno baja la temperatura y el pueblo se mueve con la recogida de la aceituna.
Salen varios caminos desde el casco urbano. Algunos se usan para trabajar en el campo y otros sirven para caminar sin demasiada dificultad. No todos están bien señalizados, así que si te alejas un poco conviene llevar mapa o GPS.
No es raro ver fauna de la sierra: jabalíes, corzos o rapaces. Más fácil al amanecer o al atardecer, cuando el campo está más tranquilo.
Carreteras y rutas por la zona
Las carreteras que conectan con otros pueblos de la Sierra de Segura tienen bastantes curvas y desniveles. Si vienes en coche no pasa nada, solo paciencia.
Si vas en bici, prepara piernas y lleva lo básico para arreglar un pinchazo. Las distancias engañan y aquí todo pica hacia arriba.
Vida agrícola
El aceite manda en Villarrodrigo. La mayoría del paisaje y de la actividad gira en torno al olivar.
En temporada de aceituna —normalmente entre finales de otoño y parte del invierno— es habitual ver tractores y remolques entrando y saliendo del pueblo. Algunas almazaras de la zona a veces enseñan cómo trabajan, pero no siempre organizan visitas, así que toca preguntar antes.
Comida de la sierra
La cocina es la que corresponde a un pueblo agrícola. Platos sencillos y contundentes: migas, guisos, gazpacho andaluz en temporada de calor o gachas dulces cuando aprieta el frío. El aceite de oliva virgen extra aparece en casi todo.
También es común encontrar recetas con carne de caza cuando toca temporada.
Fiestas y ambiente
Las fiestas del pueblo son discretas. Semana Santa, celebraciones patronales en verano y reuniones de vecinos en la plaza o en las calles.
En agosto suele haber más movimiento porque vuelve gente que vive fuera. Se organizan actividades sencillas: música, concursos de comida y encuentros que todavía mantienen bastante aire de pueblo agrícola.
No esperes grandes montajes ni programas llenos de eventos.
Consejo
Ven sin prisa. Aparca a la entrada, da una vuelta por las calles y luego sal a caminar por los caminos que rodean el pueblo.
Si puedes, evita las horas centrales del verano. El sol aquí pega fuerte y las cuestas se notan más de lo que parece en el mapa.