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sobre Torres
Pueblo de las cerezas situado en un valle precioso de Sierra Mágina
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Torres se sitúa en la vertiente sur de la Sierra Mágina, en la provincia de Jaén, a una altitud que ronda los 800‑900 metros. El pueblo queda en una zona de transición clara entre el mar de olivos del valle y las primeras pendientes del parque natural. Esa posición explica buena parte de su forma: un caserío que se adapta a la ladera, con calles que suben y bajan según marca el terreno.
Históricamente ha sido un municipio ligado a la agricultura —sobre todo al olivar— y a los recursos de la sierra cercana. La presencia de agua en el entorno, poco habitual en una comarca dominada por el secano, también ha influido en el asentamiento. En los alrededores todavía aparecen huertas y nacimientos que durante generaciones abastecieron al pueblo.
La iglesia y el trazado del casco urbano
La iglesia de San Miguel Arcángel ocupa una posición central dentro del casco urbano. El edificio actual se levanta sobre una fábrica del siglo XVI, con reformas posteriores que modificaron parte de su aspecto. No es un templo monumental, pero sí una referencia clara dentro del perfil del pueblo: la torre se reconoce desde distintos puntos de la ladera.
El casco antiguo conserva un trazado irregular, condicionado por la pendiente. Las calles son estrechas y en algunos tramos todavía mantienen empedrados tradicionales. Las casas responden al modelo habitual de los pueblos serranos de Jaén: fachadas encaladas, alturas moderadas y cubiertas de teja.
A medida que se sube hacia las partes más altas aparecen pequeños ensanches y puntos desde donde se abre la vista al valle del Guadalquivir. El contraste entre las pendientes de Mágina y la extensión casi continua de olivar ayuda a entender bien dónde está situado el pueblo.
Torres y la cercanía de Sierra Mágina
Torres funciona también como uno de los accesos habituales al parque natural de Sierra Mágina. Desde el entorno del municipio parten caminos y senderos que se adentran en la sierra, primero entre olivares y después entre pinares y monte mediterráneo.
Algunas rutas tradicionales conectan con zonas de agua muy conocidas en la comarca, donde el relieve cambia bastante respecto al paisaje agrícola del valle. El salto entre ambos ambientes —olivar y sierra— ocurre en muy pocos kilómetros, algo que define bastante bien esta parte de Jaén.
En los meses templados es frecuente ver a gente del propio pueblo caminando por estos caminos o acercándose a las zonas de nacimiento de agua. No se trata de recorridos especialmente técnicos en sus primeros tramos, aunque conforme se gana altura el terreno se vuelve más exigente.
Vida local y calendario festivo
Las fiestas patronales se celebran en torno a San Miguel, a finales de septiembre. En esos días el pueblo recupera bastante movimiento, con vecinos que vuelven desde otras ciudades y actividades repartidas por distintas plazas y calles.
Como en muchos pueblos de la provincia, agosto también concentra parte de la vida social. Las noches más suaves permiten sacar la actividad a la calle y reunirse al aire libre, algo que forma parte del ritmo habitual del verano en la zona.
La Semana Santa tiene presencia en el calendario local, con procesiones que recorren el centro del pueblo.
Cuándo ir y qué tener en cuenta
Torres se puede recorrer caminando sin demasiada dificultad, aunque conviene contar con calzado cómodo: las cuestas son constantes.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para moverse por la zona y acercarse a la sierra. En verano el calor se nota menos que en el valle, pero aun así las horas centrales del día son duras si se camina por zonas abiertas. En invierno las temperaturas bajan con facilidad por la altitud y la cercanía de la montaña.
Si la idea es adentrarse en Sierra Mágina, merece la pena informarse antes sobre el estado de los senderos y la meteorología. La sierra cambia rápido cuando entra niebla o lluvia.