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sobre Bailén
Histórica ciudad conocida por la famosa batalla de 1808; importante centro de la industria cerámica y ladrillera
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Aparca en el Paseo de las Palmeras. Suele haber sitio y empiezas cerca del centro. Bailén gira alrededor de una cosa: la batalla de 1808. Sin eso, sería un pueblo más de la campiña del norte de Jaén. Con eso, pasó a los libros de historia.
El centro donde todo huele a ajillo
La plaza del ayuntamiento es básicamente un cruce de coches con bancos de piedra. La iglesia de la Encarnación está ahí mismo, pegada al tráfico. Entra un momento. Tiene mezcla de gótico, renacentista y barroco, añadidos de distintas épocas.
Debajo hay unas catacumbas que se suelen situar en el siglo XVI. Allí, según la tradición local, estaría enterrada María Bellido, la mujer que llevaba agua a los soldados durante la batalla. Historia o leyenda, en Bailén la cuentan como algo propio.
Al lado está el Palacio Ducal. Tiene origen en una fortificación antigua, transformada después en residencia señorial con escudo de piedra en la fachada. A veces está cerrado por obras o mantenimiento, así que puede que solo lo veas por fuera.
Camina por la calle Real. Tiendas de toda la vida, bares con ventanas de cristal, olor a fritura cerca del mediodía. Vida normal de pueblo.
El museo que parece un cañón
El Museo de la Batalla está en la salida hacia Andújar. El edificio tiene forma de cañón, bastante literal.
Dentro hay maquetas, uniformes, sables y paneles que explican cómo se movieron las tropas aquel día. También una sala interactiva con un mapa que va marcando posiciones y avances. Los niños suelen quedarse ahí un rato tocando botones.
La idea es clara: explicar cómo el ejército español derrotó a las tropas napoleónicas. Fue la primera gran derrota de Napoleón en campo abierto en Europa, y aquí lo recuerdan con orgullo.
Comer sin florituras
En Bailén se cocina con ajo. Bastante.
Los andrajos de conejo son un plato muy repetido en la zona: un guiso espeso con trozos de masa y carne. La pipirrana de bacalao mezcla tomate, pimiento y cebolla, siempre con ajo de fondo. También aparecen los talarines, fideos gordos con conejo desmenuzado.
En época de frío o de matanza es fácil ver gachas: harina de almorta con trozos de panceta o chorizo. Comida contundente, pensada para trabajar en el campo.
Cuándo venir y qué esperar
Julio es duro. Mucho calor y bastante movimiento por las celebraciones de la batalla. A mediados de mes suele hacerse una recreación histórica con gente vestida de soldados, pólvora y bastante público.
Si te interesa ese episodio, puede tener gracia verlo. Si no, mejor otro momento del año.
Septiembre se lleva mejor. El calor afloja un poco y el pueblo vuelve a su ritmo habitual. Las calles están más tranquilas y aparcar resulta más fácil.
Rápido y sin rodeos
Bailén se ve en medio día. Centro, iglesia y museo. No da para mucho más.
Si te apetece caminar, está la llamada ruta de las ermitas: unos cinco kilómetros por cerros bajos con varias ermitas blancas repartidas por el camino. Lleva agua. En verano el termómetro se acerca a los cuarenta.
Consejo: ven por la mañana. Museo, paseo por el centro, algo de comer con ajo y listo. A partir de las tres la siesta manda y el pueblo se queda medio vacío. Tampoco pasa nada: ya has visto el lugar donde empezó a torcerse la historia de Napoleón en España.