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sobre El Castillo de las Guardas
Municipio serrano famoso por su reserva de animales salvajes y un entorno natural de dehesa y bosque mediterráneo
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El Castillo de las Guardas aparece en los mapas del extremo norte de la provincia de Sevilla, ya cerca de Sierra Morena. El pueblo se levanta sobre un cerro modesto, en torno a los 350 metros de altura, rodeado de dehesas y antiguos terrenos mineros. Viven aquí algo más de 1.500 personas. El paisaje explica muchas cosas: encinas dispersas, caminos rurales y cortijos separados por kilómetros de campo. Durante siglos la economía local ha girado alrededor de la ganadería, la caza y, en determinados momentos, la minería.
El casco urbano sube por la ladera con cierta irregularidad. Las calles son estrechas y en algunos tramos bastante pendientes. Las casas encaladas miran hacia el valle del Guadiamar. Muchas mantienen rasgos propios de la arquitectura rural de la sierra: patios interiores, muros gruesos y chimeneas altas para los inviernos fríos de esta zona. En torno a la plaza se concentra buena parte de la vida cotidiana y también las celebraciones del calendario local.
La iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Remedios se levantó en el siglo XVI y suele relacionarse con el mudéjar tardío que aún pervivía en la provincia. El edificio ha tenido reformas posteriores, algo habitual en templos de pueblos pequeños. En el interior se conservan retablos barrocos y algunas imágenes antiguas vinculadas a la devoción local. Más que la arquitectura en sí, interesa entender su papel en la vida del municipio, que durante siglos se organizó alrededor de la parroquia.
Del antiguo castillo que da nombre al pueblo quedan restos muy fragmentarios. Algunos lienzos de muralla y estructuras dispersas en un cerro cercano. Probablemente formaba parte del sistema defensivo que vigilaba los caminos entre la campiña sevillana y las sierras del norte. La posición sigue siendo clara cuando uno se acerca al lugar: desde allí se domina una buena extensión de dehesa.
El paisaje que rodea El Castillo de las Guardas pertenece a la franja occidental de Sierra Morena. Encinas y alcornoques marcan el ritmo del terreno, con vaguadas donde corre el Guadiamar y pequeños arroyos estacionales. Es territorio de ganadería extensiva y también de fauna salvaje. No es raro ver ciervos o jabalíes al amanecer en caminos poco transitados. Sobre las laderas vuelan con frecuencia buitres y otras rapaces.
El río Guadiamar organiza buena parte de los recorridos a pie por la zona. Hay caminos que siguen su curso y pasan junto a restos de antiguos molinos hidráulicos, hoy muy transformados por el tiempo y la vegetación. Conviene informarse antes de salir porque la señalización de algunos tramos cambia o se deteriora con los años. Tras periodos de lluvia el terreno puede estar embarrado.
La dehesa también se presta a paseos tranquilos por pistas agrícolas. En otoño y en invierno el paisaje cambia bastante, con pastos verdes y mayor presencia de aves. Con unos prismáticos es posible observar rapaces y cigüeñas negras en ciertos momentos del año, sobre todo en áreas poco transitadas.
La cocina local responde a lo que da la dehesa. Son habituales los productos del cerdo ibérico y los guisos de carne en los meses fríos. También circulan por la zona mieles oscuras procedentes de encinar y quesos elaborados en pequeñas explotaciones cercanas. La repostería suele ser sencilla, muchas veces ligada a frituras tradicionales y a la miel.
Cuando llegan las lluvias de otoño, algunos pinares y encinares cercanos empiezan a dar níscalos y otras setas. La recogida forma parte de las costumbres de la sierra, aunque siempre conviene ir con alguien que conozca bien el terreno y las especies.
El calendario festivo mantiene celebraciones que siguen teniendo un sentido local. La romería de Nuestra Señora de los Remedios suele celebrarse en mayo y lleva a los vecinos hasta una ermita situada en el campo. En agosto llegan las fiestas patronales, días de más movimiento en las calles y de regreso de muchos vecinos que viven fuera.
El Castillo de las Guardas se entiende mejor mirando su entorno que buscando grandes monumentos. Es un pueblo pequeño dentro de una comarca amplia, marcada por la dehesa y por los caminos que cruzan Sierra Morena hacia el norte. Aquí el interés está en ese paisaje y en cómo el pueblo ha vivido siempre en relación directa con él.