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sobre Guillena
Parada clave en la Vía de la Plata con el embalse del Gergal y una rica gastronomía de caza
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A unos 20 kilómetros al norte de Sevilla, el turismo en Guillena empieza por entender su relación con el agua. El municipio se extiende entre tierras de labor, olivares y las primeras estribaciones de la Sierra Norte, en un territorio atravesado por varios embalses que abastecen a la capital. Desde la A‑66 el primer contacto no es especialmente revelador —naves, campos abiertos—, pero al acercarse aparecen las presas, los pinares y una red de caminos que explica bien cómo ha cambiado este paisaje en el último siglo.
Del megalito al embalse
La ocupación humana aquí es muy antigua. En el paraje conocido como Puerto de los Entierros, al norte del término municipal, se conservan sepulturas megalíticas que suelen situarse en el III milenio a.C. La elección del lugar no fue casual: la Rivera de Huelva actuaba como corredor natural entre la campiña y la sierra.
Con Roma esa misma lógica continuó. Por esta zona discurría una vía que conectaba Itálica con el interior peninsular, y en la zona de Vega del Moral aparecieron restos de una villa romana con mosaicos y estructuras termales. No fue un enclave aislado, sino parte de una red agrícola vinculada a la gran ciudad romana del valle del Guadalquivir.
La etapa medieval dejó menos restos visibles pero sí referencias documentales. Guillena pasó a manos cristianas en el siglo XIII, en el contexto de la conquista de Sevilla por Fernando III. El lugar tenía valor estratégico en la frontera del antiguo reino taifa, y se sabe que contó con una fortificación musulmana cuyo recinto ocupaba aproximadamente el espacio donde hoy está la plaza de toros.
La iglesia de Nuestra Señora de la Granada
La iglesia de Nuestra Señora de la Granada ocupa el punto más alto del casco urbano. El edificio actual arranca en el siglo XV, aunque ha pasado por reformas posteriores, sobre todo en época barroca.
En el interior se conserva una imagen de la Virgen con el Niño que suele situarse entre el final del gótico y los comienzos del Renacimiento. La advocación de la Granada no es extraña en Andalucía tras la conquista del reino nazarí: el fruto terminó convirtiéndose en un símbolo político y religioso muy presente en la iconografía de finales del siglo XV.
Cada septiembre la imagen sale en procesión durante las fiestas locales. En esos días el centro del pueblo cambia bastante de ritmo y se llenan las calles próximas al recinto ferial.
Embalses y caminos junto al agua
Una parte importante del término municipal está marcada por infraestructuras hidráulicas. En los alrededores se encuentran los embalses de La Minilla, El Gergal, Cala o El Esparragal, además del contraembalse de Guillena, piezas de un sistema que regula el suministro de agua hacia Sevilla.
Cerca de la presa se ha acondicionado un parque periurbano desde el que parte un sendero conocido como Ruta del Agua. Es un recorrido sencillo que sigue durante varios kilómetros la conducción hidráulica. El camino es llano y suele utilizarse tanto para pasear como para ir en bicicleta.
Más al norte, hacia la zona serrana del término, el paisaje cambia. Pinares, encinas y monte bajo acompañan la pista que lleva hasta los megalitos del Puerto de los Entierros. No es un conjunto monumental preparado para visitas masivas: apenas hay señalización y los dólmenes aparecen entre la vegetación, abiertos directamente al campo.
Cocina de caza y huerta
La cocina local mezcla productos de la campiña con recetas de monte. En muchas casas se prepara un salmorejo algo distinto al cordobés: además del tomate suele llevar pepino, pimiento verde y cebolla, con huevo duro picado por encima.
Durante la temporada de caza aparecen guisos de perdiz, conejo o carne de ciervo, cocinados lentamente. Son platos de domingo más que de diario, ligados a reuniones familiares y a la costumbre de cocinar con tiempo.
Cómo acercarse y cuándo ir
Guillena se alcanza fácilmente desde Sevilla por la autovía A‑66 o por la antigua N‑630. También existe estación de tren en el municipio, situada a varios kilómetros del casco urbano, dentro de la línea que conecta Sevilla con la Sierra Norte. Desde la capital también suele haber autobuses interurbanos.
El pueblo puede recorrerse en poco tiempo: la iglesia, la plaza de toros y algunas calles del centro con casas de finales del XIX y comienzos del XX. Lo más interesante está alrededor, en los caminos que llevan hacia los embalses o hacia la parte más serrana del término.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables. En verano el calor aprieta, como en buena parte del interior sevillano, y la vida se desplaza a las horas de la tarde.