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sobre San Nicolás del Puerto
Alberga el nacimiento del río Huéznar y las cascadas del Martinete además de una playa fluvial única
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A primera hora, cuando la luz todavía es gris y el aire baja fresco desde la sierra, el río Huéznar corre junto a San Nicolás del Puerto con un sonido constante, como de agua rozando vidrio. Desde la carretera se ve aparecer entre árboles: casas blancas apretadas en la ladera y tejados rojizos que suben y bajan siguiendo la pendiente. El río, tan cerca, marca el pulso del lugar.
San Nicolás del Puerto ronda los seiscientos habitantes y mantiene ese tamaño manejable donde casi todo queda a pocos minutos andando. Las calles son irregulares, con cuestas cortas que obligan a ir despacio. A ratos huele a leña —sobre todo en invierno— y a humedad de ribera cuando el viento viene del valle. En muchas fachadas aún se ven puertas de madera oscurecida por el tiempo y rejas de hierro que proyectan sombras largas por la tarde.
El pueblo y la iglesia en lo alto
La iglesia parroquial de San Nicolás de Bari queda en una de las zonas más elevadas del casco urbano. El edificio ha pasado por varias reformas a lo largo de los siglos, algo que se percibe en los muros: partes más sobrias conviven con añadidos posteriores.
Desde los alrededores de la iglesia se entiende bien cómo se abre el paisaje. Hacia el norte aparecen las dehesas, con encinas bastante separadas entre sí y ese suelo pardo claro que en verano cruje bajo los pasos. En días despejados se ven aves grandes aprovechando las corrientes de aire. Si subes al atardecer, la luz se queda un rato suspendida sobre las copas de los árboles antes de caer del todo.
El río Huéznar, siempre cerca
El Huéznar pasa muy cerca del núcleo urbano, algo que se nota en el ambiente. Incluso dentro del pueblo hay momentos en que se oye el agua, sobre todo de noche cuando todo se queda en silencio.
Siguiendo sus orillas aparecen tramos tranquilos donde el río se remansa entre piedras claras. En primavera los márgenes se llenan de hierbas altas y flores pequeñas; en verano el paisaje se vuelve más seco, con tonos más apagados y sombra concentrada bajo los alisos y fresnos de la ribera.
Conviene acercarse temprano en los meses cálidos. A mediodía el calor cae con fuerza en esta parte de la Sierra Norte y algunos caminos junto al río tienen tramos con poca sombra.
Caminos por la Sierra Norte
Desde el pueblo salen varios senderos que se internan en el parque natural. Algunos siguen el curso del río y otros se adentran en lomas cubiertas de pinos y encinas.
Hay recorridos suaves que se pueden hacer sin mucha preparación, caminando casi siempre en llano, y otros que suben hacia zonas más abiertas desde donde se ve la vega del Huéznar extendiéndose como una franja verde entre colinas. El olor cambia según el terreno: resina de pino en las zonas altas, tierra húmeda cerca del agua.
Si vienes en verano, conviene empezar pronto. A partir del mediodía el calor aprieta y el contraste entre sol y sombra se vuelve bastante duro para caminar.
Animales, silencio y primeras horas del día
Las primeras horas de la mañana son las más tranquilas en el entorno de San Nicolás del Puerto. En otoño es frecuente que aparezcan nieblas bajas sobre el río; en invierno el cielo suele estar muy limpio después de los frentes de lluvia.
Con algo de paciencia se ven rapaces planeando sobre las lomas o pequeños movimientos entre las encinas. No hace falta alejarse demasiado del pueblo: a veces basta con quedarse quieto en un camino secundario y esperar unos minutos.
Comer como se come en la sierra
La cocina de la zona sigue muy ligada al campo. Los productos del cerdo ibérico tienen mucho peso, igual que los guisos de caza cuando llega la temporada. También aparecen mieles de la sierra y panes densos, de miga compacta.
Después de comer, lo habitual aquí no es hacer grandes planes: se camina un rato por los alrededores o se busca un banco a la sombra mientras el pueblo va bajando el ritmo de la tarde.
Un calendario sencillo
Las fiestas patronales dedicadas a San Nicolás de Bari se celebran en diciembre. Durante esos días el pueblo cambia de tono: hay más gente en la calle, procesiones y reuniones que mezclan a vecinos de siempre con quienes vuelven esos días.
Fuera de esas fechas, San Nicolás del Puerto mantiene un ambiente bastante tranquilo durante buena parte del año. Si prefieres recorrerlo con calma, primavera y otoño suelen ser los momentos más agradecidos: temperaturas suaves, menos coches y el río con más agua después de las lluvias.