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sobre Badolatosa
Pueblo situado en la ribera del río Genil cerca del embalse de Malpasillo y relacionado históricamente con el bandolerismo
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Badolatosa es como ese primo que solo ves en funerales o bodas lejanas: no sabes muy bien dónde vive, pero cuando coincides descubres que tiene historias curiosas. El turismo en Badolatosa funciona un poco así. Mucha gente pasa cerca camino de Estepa o Puente Genil y ni se plantea parar. Y, oye, no es un sitio que te grite desde la carretera. Pero cuando frenas el coche y das una vuelta, empiezan a salir detalles.
Está ahí, junto al Genil, mirando al río como quien ve pasar la tarde desde una silla en la puerta de casa.
El pueblo que se bebió el río
Llegas y lo primero que suele aparecer es el Museo del Río Genil. El nombre suena a plan de colegio, lo reconozco. Pero dentro te enteras rápido de algo: aquí el río manda más de lo que parece.
El Genil ha sido camino, frontera y despensa durante siglos. En el museo lo explican con calma, sala a sala, desde los tiempos en que por aquí pasaban romanos hasta la vida agrícola que todavía marca el ritmo del pueblo. Sales con la sensación de que Badolatosa está donde está porque el río decidió pasar por aquí.
La Iglesia de Nuestra Señora del Socorro queda a pocos pasos. Es del siglo XVIII y tiene ese aire barroco que en Andalucía aparece cuando menos te lo esperas. Lo curioso es la piedra del entorno con la que está levantada. Según la luz del día cambia bastante de tono. A media tarde se nota mucho.
Donde el bandido rezaba antes de robar
A unos dos kilómetros aparece Corcoya. Es una pedanía pequeña, de las que cruzas casi sin darte cuenta si vas deprisa.
Allí está la ermita de la Virgen de la Fuensanta. Blanca, sencilla y muy ligada a la historia local. La tradición cuenta que José María “El Tempranillo”, el bandolero más famoso de la zona en el siglo XIX, pasaba por aquí a rezar antes de salir a sus andanzas. Suena casi a guion de película, pero en esta parte de Andalucía las historias de bandoleros aparecen cada pocos kilómetros.
También se suele contar que por esta zona recibió el indulto real. Hay varias versiones, pero el relato sigue muy vivo entre la gente del lugar.
La noria que se resistía a jubilarse
En Jauja, muy cerca, hay una noria de origen árabe que durante mucho tiempo siguió funcionando para regar las huertas. Y cuando digo mucho tiempo, hablo de finales del siglo XX. No de hace siglos.
Es de esas cosas que te hacen pensar en lo lento que cambian algunas tradiciones agrícolas. Mientras en otros sitios llegaban motores y maquinaria, aquí la noria seguía girando con la misma lógica de siempre: sacar agua del Genil para las tierras cercanas.
Hoy está restaurada y se puede ver de cerca. No es un monumento enorme, pero ayuda a entender cómo se ha vivido alrededor del río.
Lo que se come cuando el campo manda
La cocina local tiene bastante que ver con lo que da la tierra y con platos que llenan de verdad.
La porra badolatoseña recuerda al salmorejo, aunque suele ser más densa. Pan, tomate, aceite y poco más. Comida directa, de las que arreglan una mañana de campo.
También aparecen guisos de cuchara con garbanzos, arroz y productos de la matanza. Y luego están las naranjas “picás”, una ensalada donde la naranja manda y se mezcla con pescado salado o bacalao. Dicho así suena raro, pero en cuanto la pruebas entiendes por qué sigue haciéndose.
Los dulces tiran de recetario antiguo: torrijas, arroz con leche, pestiños… lo típico que aparece cuando hay fiesta o reunión familiar.
Caminos tranquilos junto al Genil
Si te gusta caminar un rato, por los alrededores hay senderos sencillos que siguen el curso del río y las zonas húmedas cercanas.
Uno de los recorridos lleva hacia el paraje de Malpasillo, conocido entre aficionados a las aves. No es un parque lleno de pasarelas ni miradores espectaculares. Más bien lo contrario: campo abierto, agua tranquila y bastante silencio. Si vas con prismáticos y paciencia, suele haber movimiento.
Otro paseo habitual se acerca al embalse de Cordobilla, en el propio Genil. Desde algunos puntos se ven bien las láminas de agua y los cultivos alrededor.
La vida del pueblo, cuando llega la feria
Badolatosa ronda los tres mil habitantes. Eso significa que casi todo el mundo se conoce o, como mínimo, sabe quién es quién.
El calendario del pueblo gira alrededor del campo y de las fiestas tradicionales. Cuando llega la feria de verano el ambiente cambia bastante y el pueblo se llena de gente que vuelve esos días. También se celebran romerías y fiestas vinculadas a la Virgen de la Fuensanta, muy presente en la zona de Corcoya.
No esperes un destino monumental ni una lista larga de monumentos. Badolatosa funciona mejor cuando lo miras como lo que es: un pueblo agrícola del valle del Genil donde la vida sigue un ritmo bastante tranquilo.
Y a veces eso se agradece. Aparcas sin dar vueltas, das un paseo, miras el río un rato y te vas con la sensación de haber entendido un pedacito de esta parte de la Sierra Sur. No es poco.