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sobre El Saucejo
Municipio de la Sierra Sur con varias aldeas y un entorno de olivar y monte bajo
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El Saucejo rara vez aparece en las guías generales de Andalucía. Tiene lógica: aquí no hay desfiladeros famosos ni casas colgadas sobre un río. El interés del lugar está más en cómo se formó el territorio. Este municipio de la Sierra Sur ocupa unas lomas de campiña a algo más de 500 metros de altitud, en una zona que se repobló a finales del siglo XVI bajo el señorío de la Casa de Osuna, cuando la llamada Banda Morisca todavía era una frontera reciente. Los nuevos pobladores se asentaron en torno a tierras de cultivo —olivar sobre todo— y levantaron una iglesia que acabaría marcando el centro del caserío.
La plaza que organiza el pueblo
La iglesia de San Marcos domina la plaza Mayor. El edificio actual se levantó en el siglo XVII, cuando el lugar ya aparece citado como “Puebla del Saucejo”. Es un templo sencillo: nave única, torre de planta cuadrada y cubierta a dos aguas. No compite con las grandes parroquias renacentistas de la campiña sevillana, pero tampoco lo pretende. En pueblos de repoblación como este la iglesia cumplía una función muy concreta: fijar el centro administrativo y religioso alrededor del cual crecían las casas.
La plaza sigue siendo el punto donde se cruzan las rutinas del pueblo. A media mañana es habitual ver furgonetas de trabajo aparcadas junto al ayuntamiento —un edificio del siglo XIX, reformado varias veces— mientras dentro de los bares se alarga el café. Es una escena cotidiana que dice bastante sobre el ritmo agrícola que todavía marca la vida local.
Cocina de temporada
La cocina saucereña es la de la sierra baja sevillana: platos ligados a lo que se recoge en cada época del año. En invierno suele prepararse la berza de troncos, con legumbres, verduras y carne de cerdo cocinadas lentamente. Cuando llega la primavera aparecen las tagarninas, un cardo silvestre muy común en los alrededores; con ellas se guisa el cocido de tagarninas, uno de los platos más reconocibles de la zona.
En verano es habitual la porra saucereña, emparentada con el salmorejo pero más densa, que se sirve con pimiento y huevo duro. Entre los dulces tradicionales se menciona la llamada pata de cabra, elaborada con almendra. En algunas casas de las aldeas todavía se hornea en hornos antiguos cuando llegan las fiestas.
Las aldeas del término
El municipio se organiza en tres núcleos. El principal es El Saucejo, donde vive la mayor parte de la población. A unos kilómetros está Navarredonda, una pedanía pequeña que conserva un trazado bastante regular, típico de los asentamientos de repoblación, con casas bajas y calles rectas. También se mantiene un antiguo lavadero público que durante décadas fue punto de encuentro del vecindario.
La tercera aldea es La Mezquitilla, situada junto a la carretera que atraviesa el término. El nombre suele relacionarse con la existencia de algún asentamiento musulmán anterior, aunque hoy no quedan restos visibles que lo confirmen con claridad.
Entre estos núcleos aparecen varias fuentes tradicionales documentadas desde el siglo XIX. Algunas siguen manando durante todo el año. De ahí surge la llamada Ruta de las Fuentes, un recorrido corto por caminos rurales que conecta varias de ellas y permite caminar entre olivares y pequeñas huertas.
Fiestas que siguen siendo del pueblo
La Semana Santa se vive de forma muy local, con pocos pasos y la participación directa de vecinos de distintas edades. No hay grandes montajes, pero sí bastante implicación de las hermandades y de las bandas de música de la zona.
La romería de la Inmaculada, que suele celebrarse en diciembre, reúne a vecinos de El Saucejo y de La Mezquitilla. La imagen se traslada hasta un cerro cercano donde se pasa el día entre comida, música y carros adornados. En Navarredonda, las fiestas del final de agosto incluyen verbenas en la plaza y una tradicional carrera de cintas a caballo, una práctica muy extendida en pueblos ganaderos de Andalucía.
Cómo orientarse en la visita
El Saucejo está en el extremo suroriental de la provincia de Sevilla, en la comarca de la Sierra Sur, a unos 25 o 30 kilómetros de Osuna y algo más lejos de Antequera. El acceso se hace por carreteras comarcales que atraviesan campos de olivar.
El casco urbano se recorre andando sin dificultad, aunque hay algunas cuestas cortas. Para alargar la visita se puede caminar por los caminos agrícolas que salen del pueblo hacia las fuentes y pequeñas lomas cercanas. En los alrededores se han localizado restos de ocupación romana, asociados a antiguas explotaciones rurales, aunque no forman un conjunto arqueológico visitable como tal.
Quien pase por aquí suele terminar llevándose algo relacionado con el olivar. El aceite producido en la zona sigue siendo uno de los productos más reconocibles del municipio. No hay tiendas pensadas para el turismo; lo habitual es comprarlo donde lo hace la gente del pueblo.