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sobre Frailes
Pueblo de montaña conocido por sus aguas medicinales y el balneario; entorno de gran belleza paisajística
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A mediodía, cuando el sol cae recto sobre las fachadas blancas, Frailes huele a cal caliente y a olivo. En la plaza se oye alguna puerta que se abre, el golpe seco de una persiana, las campanas marcando la hora con una calma que parece antigua. Las calles suben y bajan sin mucha lógica por la ladera. Desde algunas ventanas llega olor a comida hecha despacio.
Frailes está en la Sierra Sur de Jaén y conserva ese ritmo de pueblo agrícola donde el día se organiza alrededor del campo. No hay grandes monumentos ni plazas monumentales. Lo que hay es otra cosa: silencio entre semana, tractores que pasan despacio y un horizonte lleno de olivos.
El pueblo en la ladera
El casco urbano trepa por una pequeña elevación conocida como Cerro de la Villa. Caminar por el centro obliga a subir cuestas cortas pero constantes. Conviene llevar calzado cómodo y tomárselo con calma, sobre todo en los meses de calor.
En lo alto aparece la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios. El edificio es sobrio, de líneas claras, con una torre que se ve desde varios puntos del pueblo. Dentro domina la madera oscura y una luz tenue que entra por ventanas altas. A ciertas horas el silencio es total.
Desde las calles cercanas se abre una vista amplia de los olivares que rodean el término municipal.
Calles del centro
El trazado del casco antiguo es irregular. Calles estrechas, algunas en ligera curva, donde las fachadas se suceden en blanco casi continuo. Aquí y allá aparecen zócalos de azulejo o balcones de hierro que sobresalen poco sobre la calle.
La calle Real funciona como eje. A lo largo de ella se mezclan viviendas más antiguas con otras reformadas. Algunas casas conservan patios interiores donde todavía crecen naranjos o parras que en verano dan una sombra agradecida.
A primera hora de la mañana es cuando mejor se aprecia el ambiente del pueblo. Hay movimiento, pero todavía no aprieta el calor.
Olivares y caminos alrededor
En cuanto se sale del casco urbano, el paisaje cambia rápido. Empiezan los olivares y ya casi no se interrumpen. Las hileras de árboles siguen el relieve suave de las colinas y forman un dibujo muy regular sobre la tierra clara.
Entre los campos aparecen cortijos dispersos y restos de antiguas construcciones ligadas al aceite. Algunos mantienen muros gruesos y tejados de teja curva.
Hay caminos rurales que permiten caminar varias horas entre olivos y monte bajo. No suelen ser rutas complicadas, pero en verano el sol cae con fuerza. Si vas a salir a andar, mejor hacerlo temprano o cuando empieza a bajar la luz de la tarde.
Con algo de suerte se ven rapaces planeando sobre los cerros o cabras montesas en las zonas más abruptas.
Cocina de casa y productos del campo
La cocina de Frailes está muy ligada al aceite de oliva y a lo que se cultiva alrededor. En muchas casas todavía se preparan migas con pan, ajo y trozos de embutido, un plato que suele aparecer cuando el tiempo enfría.
También es habitual una versión más espesa del gazpacho serrano, con menos agua y un sabor más concentrado. El aceite de oliva virgen extra es el ingrediente que marca el carácter de muchos platos.
En otoño, cuando empieza la recogida de la aceituna, el pueblo cambia de ritmo. Se nota en el movimiento de remolques, en el olor del campo y en las conversaciones que giran alrededor de la cosecha.
Fiestas y momentos del año
El calendario festivo mantiene celebraciones vinculadas a la patrona del pueblo y a la tradición religiosa. Durante esos días las calles se llenan de música, puestos temporales y procesiones que recorren el centro.
La Semana Santa también se vive con pasos llevados por vecinos del propio pueblo. No es una celebración multitudinaria, pero tiene un tono muy cercano.
En los meses de recolección agrícola, sobre todo en otoño e invierno, Frailes muestra otra cara: más actividad en el campo y menos movimiento en las calles.
Cuándo acercarse a Frailes
El verano en la Sierra Sur puede ser duro a partir del mediodía. Si visitas Frailes en esa época, lo más sensato es salir temprano y dejar las caminatas largas para última hora de la tarde.
La primavera y el inicio del otoño suelen ser momentos más amables para recorrer el pueblo y los caminos de alrededor. La luz es más suave y el campo tiene otro color.
Frailes no intenta impresionar. Es un pueblo pequeño, rodeado de olivos, donde todavía se escucha el viento en las sierras cercanas y donde la vida diaria sigue marcada por el trabajo en el campo. Aquí lo importante ocurre despacio. Y casi siempre al aire libre.