Artículo completo
sobre Valdepeñas de Jaén
Pueblo de montaña rodeado de sierras; destaca por el paraje de Las Chorreras
Ocultar artículo Leer artículo completo
Llegué a Valdepeñas de Jaén con el depósito casi en reserva y el GPS empeñado en que girara en un cruce que, allí mismo, parecía no existir. El pueblo aparece de golpe, como esos sitios de sierra que no ves hasta que prácticamente estás dentro. Unas 3.400 personas viven aquí, más o menos. A primera vista parecen muchas menos. Silencio, olor a leña en invierno, a aceite cuando empieza la campaña. De esos lugares donde el ritmo lo marcan las cosechas y no el reloj.
Un pueblo nacido por decisión de un emperador
Valdepeñas de Jaén no creció poco a poco alrededor de un castillo o de una iglesia, como tantos otros. Se fundó en el siglo XVI por orden de Carlos V, dentro de ese plan de repoblaciones que intentaba asegurar los caminos entre Castilla y Andalucía.
Hoy las calles suben y bajan sin demasiada lógica, como si alguien hubiese ido colocando casas donde encontraba hueco entre la roca. No es el tipo de pueblo que te deslumbra a primera vista. Aquí el protagonista es el olivar. Está en todas partes: rodeando el casco urbano, bajando por las laderas y asomándose prácticamente a las puertas de algunas casas.
La economía gira alrededor de eso desde hace generaciones. Si vienes en época de cosecha lo notarás enseguida: tractores entrando y saliendo, remolques cargados, gente hablando de cómo ha venido el año.
Y luego está la cocina de toda la vida. Migas, guisos contundentes, platos pensados para quien pasa la mañana entera en el campo. No es una gastronomía delicada; es de las que te deja lleno y listo para seguir el día.
El Muro de Valdepeñas: tres kilómetros que se hacen largos
Si te gusta la bici seguramente ya has oído hablar del Muro de Valdepeñas. Son apenas tres kilómetros de subida, pero con pendientes que rondan el 12%. En papel parece asumible. En la carretera ya es otra cosa.
Por aquí ha pasado alguna etapa de La Vuelta a España, y cuando ves la pendiente entiendes por qué. Los ciclistas llegan arriba completamente vacíos.
Yo lo hice andando, que es bastante más razonable. A mitad de subida me crucé con un vecino que subía con un caballo como quien pasea por el parque. Me dijo algo que resume bastante bien el espíritu del sitio: “Despacio, que la sierra no se va a mover”.
Arriba el paisaje se abre de golpe. Un valle entero cubierto de olivos, ese verde grisáceo que cambia según cómo le dé el viento.
El santuario de Chircales y la romería
A unos kilómetros del pueblo está el Santuario del Cristo de Chircales, uno de esos lugares que llevan siglos siendo punto de encuentro para la gente de la zona.
El entorno es monte bajo, barrancos y senderos que se meten en la sierra. Cerca del santuario hay pequeñas ermitas excavadas en la roca, sencillas, casi escondidas entre los árboles. No son monumentales ni espectaculares, pero tienen algo que engancha: la sensación de que llevan ahí muchísimo tiempo.
Tradicionalmente, en mayo se celebra la romería del Cristo de Chircales. Mucha gente sube andando desde el pueblo o en coche por el camino. Hay familias enteras pasando el día allí, comida compartida y ese ambiente de fiesta tranquila que todavía se conserva en muchos pueblos de Andalucía.
Cuando cae la noche en la Sierra Sur
Una de las cosas que más sorprenden de esta zona es la oscuridad. En cuanto te alejas un poco del casco urbano, la luz artificial desaparece rápido.
Si te gusta mirar el cielo, aquí tienes noches bastante limpias. La Vía Láctea se distingue bien cuando no hay luna, algo cada vez más raro de ver si vienes de ciudad.
No hace falta organizar nada especial: basta con apartarte un poco de la carretera, apagar las luces del coche y levantar la vista.
Lo que se come aquí
La cocina de Valdepeñas de Jaén tiene mucho que ver con el trabajo del campo. Platos que llenan y que suelen llevar aceite de oliva en cantidad.
Las migas aparecen en muchas casas cuando aprieta el frío. También son habituales los guisos con cordero o choto, sopas contundentes y platos sencillos donde el tomate —cuando es de huerta— sabe realmente a tomate.
Si coincides con las fiestas de verano, alrededor de San Juan, verás al pueblo bastante volcado en la calle. Mesas largas, comida compartida, música… más ambiente de reunión vecinal que de gran feria.
Antes de irte
Valdepeñas de Jaén no es un sitio para correr de monumento en monumento. De hecho, si vienes con ese plan, seguramente te quedes un poco frío.
Funciona mejor de otra manera: un paseo por el pueblo, una comida tranquila, acercarte a Chircales o subir hasta el Muro para ver el paisaje. En unas horas entiendes bastante bien de qué va el lugar.
Es uno de esos pueblos donde la vida sigue bastante parecida a como ha sido siempre. Y a veces, cuando viajas, eso vale más que cualquier lista de cosas que tachar.