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sobre Albuñuelas
Pintoresco pueblo blanco situado en el Valle de Lecrín; rodeado de olivares y cítricos con vistas espectaculares a la sierra
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En el Valle de Lecrín, donde Sierra Nevada se va domesticando en lomas de olivos y almendros, aparece Albuñuelas: un pueblo pequeño, blanco y tranquilo, a 730 metros de altitud. Con 787 habitantes, aquí el paisaje manda. Hay acequias, huertas y bancales; y el día se entiende mejor si se recorre a pie, sin prisa, escuchando el agua y mirando cómo se escalonan las casas en la ladera.
Qué ver en Albuñuelas
La referencia patrimonial es la iglesia parroquial de San Sebastián (siglo XVI), levantada tras la Reconquista, con rasgos mudéjares propios de la zona. El resto se descubre callejeando: arquitectura popular de muros encalados, teja árabe y patios que refrescan en verano. En algunos rincones asoman soluciones tradicionales para el agua —aljibes, tinajas— que cuentan más del lugar que cualquier cartel.
Fuera del casco, el municipio conserva huellas de su pasado agrícola en antiguos molinos de agua (varios en distinto estado de conservación). El entorno, con cultivos en terrazas, cambia mucho según la estación; la floración del almendro, cuando toca, transforma las laderas.
Qué hacer
Desde el pueblo salen rutas de senderismo por el Valle de Lecrín. La más conocida es la que conduce a los Tajos de Albuñuelas, con tramos entre pinar y matorral mediterráneo. Conviene llevar agua y algo de abrigo fuera del verano: aquí el tiempo puede girar rápido.
La gastronomía mira al campo: aceite de oliva virgen extra, almendra y elaboraciones tradicionales de matanza. Si coincide con labores agrícolas, a veces se puede ver el trabajo en el campo de cerca, sin necesidad de “plan”.
Si solo tienes 2 horas
- Paseo por el casco histórico y miradores naturales entre calles.
- Visita exterior (y si está abierta, interior) de la iglesia de San Sebastián.
- Bajada por caminos junto a huertas y acequias para entender el paisaje agrícola.
Errores típicos
- Llegar a mediodía en verano y pretender caminar largo: mejor primera hora o tarde.
- Meter el coche por calles estrechas del centro: aparca fuera y entra andando.
- Ir sin calzado: entre cuestas y empedrados, se nota.
Mejor época
Primavera y otoño suelen dar los días más agradecidos para caminar. Verano puede apretar en las horas centrales; en invierno refresca, pero hay jornadas claras muy aprovechables.