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sobre Nigüelas
Pueblo con encanto a los pies del pico del Caballo; alberga la almazara más antigua de España y la falla natural
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El turismo en Nigüelas suele empezar por entender dónde está. El pueblo se sitúa en el Valle de Lecrín, entre la vega de Granada y las primeras rampas de Sierra Nevada. Desde aquí la montaña ya se hace notar, pero el paisaje sigue siendo de huertas y pequeños bancales. Con algo más de mil habitantes y una altitud en torno a los 900 metros, Nigüelas conserva un casco urbano compacto, con casas encaladas y calles estrechas que siguen, en buena parte, el trazado heredado de época andalusí.
La posición del valle, abierto hacia la costa y protegido por la sierra, genera un clima relativamente suave que desde hace siglos favorece los cultivos de cítricos. Naranjos y limoneros aparecen tanto en las huertas cercanas al pueblo como en las laderas más bajas. La relación entre agua, agricultura y montaña sigue siendo la clave para entender cómo se organizó el territorio.
Patrimonio y arquitectura tradicional
El edificio principal del casco histórico es la iglesia parroquial de San Juan Bautista, levantada en el siglo XVI sobre estructuras anteriores. En su arquitectura conviven rasgos mudéjares con reformas posteriores de gusto renacentista. La torre se reconoce desde distintos puntos del valle y durante mucho tiempo funcionó como referencia visual en un paisaje dominado por las huertas.
Dentro se conservan retablos barrocos de carácter popular. No son grandes obras monumentales, pero ayudan a entender la religiosidad de las comunidades rurales del antiguo Reino de Granada, donde las parroquias actuaban también como centro social.
Alrededor de la iglesia se extiende el entramado de calles más antiguo. Las casas tradicionales mantienen muros encalados, cubiertas de teja y patios interiores donde todavía aparecen parras, macetas o pequeños árboles frutales. El trazado irregular no responde a una planificación moderna: es el resultado de siglos de adaptación al terreno y a la red de acequias.
Precisamente el agua explica buena parte del paisaje local. Las acequias que cruzan Nigüelas forman parte de un sistema de riego muy antiguo, heredado de la organización agrícola andalusí y todavía utilizado por las huertas del valle. En los caminos que salen del pueblo es fácil encontrarlas acompañando el recorrido, a menudo bajo la sombra de nogales o álamos.
Desde los bordes del casco urbano —sobre todo en las zonas más altas— se abre la vista hacia el Valle de Lecrín. Al fondo, cuando el cielo está despejado, aparecen las cumbres de Sierra Nevada. No hace falta buscar un mirador concreto: basta con asomarse a alguna de las calles que miran al valle o acercarse a las antiguas eras.
Caminos y paseos por el entorno
Nigüelas suele utilizarse como punto de partida para recorrer esta parte del Valle de Lecrín. Desde el propio pueblo salen caminos agrícolas que discurren entre acequias y huertas, adecuados para paseos tranquilos, y otros que empiezan a ganar altura hacia la sierra.
A medida que se sube cambian los cultivos y el paisaje se vuelve más áspero, con pinar y matorral de montaña. Son rutas sencillas de seguir en su primer tramo, aunque en cotas más altas conviene informarse antes sobre el estado de los senderos.
La agricultura continúa marcando el ritmo del lugar. Los cítricos ocupan muchas de las fincas cercanas y su presencia se nota especialmente en primavera, cuando el azahar perfuma el valle durante unas semanas. Es un momento breve y variable según el año, pero bastante característico de esta comarca.
Quien camine sin prisa por el pueblo encontrará detalles pequeños: portones antiguos, lavaderos, acequias que cruzan las calles o huertos pegados a las últimas casas. Son elementos cotidianos que explican cómo ha funcionado históricamente el pueblo.
Tradiciones y celebraciones
El calendario festivo sigue ligado en buena medida a las celebraciones religiosas. La festividad de San Juan Bautista, patrón del municipio, suele celebrarse en torno a finales de junio con actos religiosos y actividades populares organizadas por los vecinos.
En verano se concentran también las fiestas patronales, cuando el pueblo recibe a muchos de los que viven fuera durante el resto del año. Durante esos días las calles cambian de ritmo y aparecen verbenas, encuentros vecinales y actividades organizadas por asociaciones locales.
La Semana Santa se vive de manera sobria, con procesiones que recorren el casco antiguo. Las calles estrechas y el silencio del entorno dan a estos recorridos un carácter bastante distinto al de las celebraciones de las ciudades cercanas.
Cuándo acercarse
La primavera y el otoño suelen ser las estaciones más agradables para recorrer Nigüelas y su entorno. En primavera el valle está especialmente verde y coincide, algunos años, con la floración de los cítricos. En otoño el calor ya ha bajado y los caminos resultan más cómodos para caminar.
En verano las temperaturas pueden ser altas en las horas centrales del día, aunque la altitud del pueblo suaviza algo el calor respecto a otras zonas de la provincia. El invierno es tranquilo y a menudo despejado, con la silueta nevada de Sierra Nevada visible desde el valle.