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sobre Laroya
Pueblo escondido entre montañas de mármol; famoso por su turismo rural de calidad y tranquilidad
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Encaramada a 860 metros de altitud en las estribaciones de Sierra de los Filabres, Laroya es una pequeña joya del Valle del Almanzora que conserva intacta la esencia de la Andalucía rural más auténtica. Con apenas 198 habitantes, esta aldea almeriense se alza como un mirador natural sobre paisajes de olivos centenarios y montañas que se pierden en el horizonte, ofreciendo a sus visitantes la tranquilidad de un mundo que parece haberse detenido en el tiempo.
Su caserío blanco se desparrama por las laderas siguiendo la topografía natural del terreno, creando un conjunto urbanístico de singular belleza donde cada rincón invita a la contemplación. Las calles empedradas serpentean entre casas encaladas de arquitectura tradicional alpujarreña, con sus características chimeneas cilíndricas y pequeños huertos que salpican el núcleo urbano de verde intenso.
Qué ver en Laroya
El corazón patrimonial de Laroya late en su iglesia parroquial, un templo de construcción sencilla que refleja la sobriedad característica de la arquitectura religiosa rural andaluza. Su campanario se eleva como punto de referencia visual, marcando el centro neurálgico de la vida comunitaria del pueblo.
Paseando por sus calles, descubrirás la arquitectura popular perfectamente conservada, con viviendas que mantienen elementos constructivos tradicionales como las cubiertas de teja árabe, los muros encalados y las pequeñas ventanas enmarcadas que protegen del sol intenso almeriense. Los antiguos lavaderos públicos y algunas fuentes constituyen testimonio de la vida rural de antaño.
El entorno natural que rodea Laroya es, sin duda, su mayor tesoro. Los olivares que descienden por las laderas crean un paisaje ondulante de tonos plateados que cambian con la luz del día. Desde el pueblo se obtienen magníficas panorámicas del valle, especialmente espectaculares al atardecer cuando el sol tiñe de ocre las montañas circundantes.
Qué hacer
Laroya es un destino ideal para quienes buscan desconectar a través del senderismo. Varios senderos tradicionales parten del pueblo, siguiendo antiguos caminos de herradura que conectaban las aldeas del valle. Estas rutas te llevan a través de olivares centenarios, barrancos ocultos y pequeñas cortijadas abandonadas que hablan de un pasado agrícola próspero.
La ruta hacia los miradores naturales del entorno ofrece vistas espectaculares del Valle del Almanzora y las sierras vecinas. Es especialmente recomendable el ascenso hacia las zonas altas, donde el paisaje se vuelve más agreste y aparecen formaciones rocosas de gran belleza geológica.
Para los amantes de la gastronomía, Laroya ofrece la oportunidad de degustar productos locales auténticos. El aceite de oliva virgen extra producido en la zona es de calidad excepcional, fruto de olivares familiares cultivados según métodos tradicionales. Los embutidos caseros, el pan de pueblo y los dulces artesanales forman parte de una tradición culinaria que se mantiene viva en las casas del pueblo.
La observación de aves encuentra aquí un escenario privilegiado, especialmente durante los meses de migración, cuando especies como el abejaruco, la abubilla y diversas rapaces utilizan estos valles como corredor natural.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Laroya gira en torno a las celebraciones religiosas tradicionales. Las fiestas patronales se celebran durante el verano, típicamente en agosto, cuando el pueblo se viste de gala y los emigrantes retornan para revivir las tradiciones familiares.
La Semana Santa, aunque modesta en dimensiones, mantiene el sabor auténtico de las celebraciones rurales andaluzas, con procesiones íntimas que recorren las estrechas calles del pueblo creando una atmósfera de profunda religiosidad popular.
Las fiestas navideñas cobran especial significado en este entorno rural, donde se conservan tradiciones como los villancicos populares y las representaciones navideñas que involucran a toda la comunidad.
Información práctica
Para llegar a Laroya desde Almería capital, toma la A-92 en dirección Granada y después la A-334 hacia Baza hasta llegar a Serón. Desde allí, sigue las indicaciones locales por carreteras comarcales que ascienden serpenteando hasta el pueblo. El recorrido total son aproximadamente 80 kilómetros que se cubren en algo más de una hora.
una de las mejores época para visitar Laroya es durante los meses de primavera y otoño, cuando las temperaturas son más suaves y el paisaje muestra su máximo esplendor. Los meses de abril a junio y septiembre a noviembre ofrecen condiciones ideales para el senderismo y la exploración del entorno natural.
Ten en cuenta que Laroya es una aldea pequeña sin servicios turísticos comerciales, por lo que es recomendable planificar la visita llevando agua y provisiones. Su encanto reside precisamente en esta autenticidad rural que invita a disfrutar del silencio, la contemplación y la conexión con un modo de vida tradicional que aún perdura en estos rincones privilegiados de Almería.