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sobre Olula del Río
Centro cultural y comercial del valle; alberga uno de los museos de arte más importantes de Andalucía
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El mármol de Macael sale de estas sierras desde hace siglos, y en Olula del Río se nota antes incluso de entrar al casco urbano. Los bloques blancos se apilan en los patios de los talleres, los camiones van y vienen a primera hora y ese polvo fino acaba posándose en coches y cornisas. En este pueblo del Valle del Almanzora el mármol no es un detalle ornamental: explica por qué hay industria, por qué creció la población en el siglo XX y por qué tantas familias han vivido directa o indirectamente de la piedra.
El núcleo se extiende a lo largo del río Almanzora, que aquí abre un pequeño corredor fértil dentro de un paisaje bastante más seco.
Un asentamiento ligado a la piedra
La Peña Verde, ese cerro de mármol que sobresale entre las casas, ayuda a entender el lugar. La presencia de mineral ha atraído actividad desde muy antiguo. En la zona hay indicios de ocupación prehistórica vinculada a la minería, y durante la etapa andalusí el valle ya estaba organizado en pequeñas alquerías agrícolas.
Tras la conquista castellana el territorio se reorganizó y, con el tiempo, la explotación de canteras fue ganando peso económico. La industria del mármol en el entorno de Macael y el Almanzora acabaría dando forma a la comarca tal y como se conoce hoy.
La iglesia de San Sebastián ocupa uno de los puntos más visibles del pueblo. El edificio actual se levantó en el siglo XVIII y suele atribuirse al círculo de Ventura Rodríguez, aunque no siempre está claro el grado exacto de su intervención. Tiene planta de cruz griega y una cúpula sobre pechinas bastante proporcionada. El exterior es sobrio, casi severo, pero el blanco del conjunto dialoga inevitablemente con el mármol que se trabaja a pocos kilómetros.
Dos espacios de arte contemporáneo poco habituales en un pueblo de interior
En la calle Mayor se encuentra el Museo Casa Ibáñez. El pintor Andrés García Ibáñez, nacido en Olula, impulsó este proyecto para reunir parte de su obra y una colección amplia de arte contemporáneo español. El edificio se organizó alrededor de un patio central y combina salas dedicadas al propio artista con otras donde aparecen autores de distintas generaciones.
A poca distancia está el Centro de Fotografía Pérez Siquier. Conserva el archivo del fotógrafo almeriense Carlos Pérez Siquier, una figura clave de la fotografía española de la segunda mitad del siglo XX. Sus series sobre Almería —desde los barrios populares hasta el turismo incipiente de los años sesenta— ayudan a entender cómo cambió la provincia en pocas décadas.
Que dos espacios así estén en un municipio relativamente pequeño tiene mucho que ver con la implicación personal de quienes los promovieron.
La gran escultura de la entrada
En una de las rotondas de acceso al pueblo se levanta “La Mujer del Almanzora”, una escultura monumental tallada en mármol blanco. El bloque es enorme y se ve desde lejos cuando se entra por la carretera.
La obra se instaló a finales de la década de 2010 y generó bastante conversación en el pueblo durante un tiempo. La intención era rendir homenaje al trabajo de las mujeres de la comarca, muchas de ellas vinculadas de una u otra forma a la industria del mármol o a las economías familiares que crecieron alrededor de ella. Hoy funciona sobre todo como punto de referencia para orientarse al llegar.
Panes que vuelan en enero
Las fiestas de San Sebastián y San Ildefonso, en enero, son las celebraciones más conocidas del calendario local. Durante la procesión es tradición lanzar panes y roscos desde los balcones al paso de las imágenes. Abajo, los miembros de las hermandades los recogen y después se reparten.
La escena puede parecer caótica para quien llega de fuera, pero en el pueblo se vive con bastante naturalidad. Por la noche suelen encenderse hogueras con leña de olivo y las cuadrillas se reúnen alrededor del fuego.
Cómo orientarse al llegar
Olula del Río está en el eje del valle del Almanzora, entre Macael y Albox. Se llega por carretera desde la autovía del Mediterráneo y desde el interior de la provincia siguiendo el valle.
El casco urbano se recorre andando sin dificultad. Lo habitual es acercarse a la iglesia, pasar por los dos espacios de arte y luego subir hacia la zona de la Peña Verde para ver el valle desde arriba.
El antiguo trazado ferroviario que cruzaba la comarca se ha acondicionado en parte como vía verde. Algunos tramos se usan para caminar o ir en bicicleta entre pueblos cercanos, atravesando zonas de canteras, almendros y laderas de yeso muy claras.
En cuanto a comida, en muchas casas del valle sigue apareciendo el choto al ajillo en celebraciones y fines de semana. En invierno también es común el gazpacho caliente del Almanzora, más espeso que el veraniego. En Semana Santa se preparan roscos de vino y otros dulces fritos que aún se hacen en muchas cocinas particulares.