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sobre Purchena
Cabeza histórica del valle con legado morisco; famosa por sus Juegos Moriscos de Aben Humeya
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A primera hora, cuando el sol empieza a caer sobre las fachadas blancas, la plaza Mayor de Purchena todavía está medio vacía. Se oye el golpe seco de una persiana que se abre, el ruido de una escoba contra el suelo y el agua de la fuente de piedra cayendo con constancia. La iglesia de San Ginés ocupa uno de los lados de la plaza, seria, con el campanario de ladrillo recortándose contra el cielo claro del Valle del Almanzora.
El turismo en Purchena no gira alrededor de grandes monumentos ni de calles llenas de gente. Es un pueblo pequeño —algo más de 1.500 habitantes— que sigue funcionando como lugar vivido: vecinos que se cruzan en la plaza, coches que pasan despacio buscando sombra, conversaciones cortas a la puerta de casa cuando cae la tarde.
Calles que siguen la forma del cerro
Purchena se extiende por una ladera suave. Eso se nota enseguida al caminar: las calles suben, giran y vuelven a bajar sin demasiada lógica aparente, adaptándose al terreno. Hay tramos estrechos donde las paredes encaladas casi se tocan y otros que se abren de repente hacia pequeñas placetas.
En zonas como la calle Pozo Nuevo todavía quedan casas con rejas de hierro grueso y portones de madera oscura. A ciertas horas del día la luz rebota en las paredes blancas y el calor se queda atrapado entre las fachadas, algo bastante habitual en los pueblos del interior almeriense.
La plaza Mayor funciona como punto de referencia. Desde ahí salen varias calles que conectan con el resto del casco antiguo y con los barrios que suben hacia la parte más alta.
La iglesia y los restos del antiguo castillo
La iglesia parroquial de San Ginés se levantó a partir del siglo XVI y ha tenido reformas con el paso del tiempo. Desde fuera llama la atención el contraste entre la fachada clara y el campanario de ladrillo visto. Dentro, el espacio es sobrio, con bóvedas amplias y esa penumbra fresca que siempre se agradece en verano.
Si se continúa cuesta arriba aparece el barrio del Castillo. Quedan algunos restos de lo que fue una fortificación vinculada a época musulmana, hoy muy transformados. Más que un conjunto monumental, es un lugar desde el que mirar el valle: el río, los cultivos y las lomas secas que rodean el pueblo.
El paisaje del Valle del Almanzora
El paisaje alrededor de Purchena tiene ese tono áspero del interior de Almería. Cerros claros, tierra seca gran parte del año y cultivos que aparecen en los fondos de valle o en bancales.
A finales de invierno los almendros cambian bastante la escena. Entre febrero y marzo muchas parcelas se llenan de flores blancas y rosadas que resaltan sobre la tierra parda. Dura poco, pero durante esas semanas el valle se ve distinto.
El río Almanzora pasa cerca del pueblo, aunque suele llevar poca agua salvo después de episodios de lluvia. Aun así, en algunos tramos aparecen cañaverales, arbustos y algo de sombra que rompe con el paisaje más abierto de alrededor.
Caminos por los alrededores
Desde Purchena salen caminos agrícolas y senderos sencillos que se adentran en el valle. No son rutas de montaña ni grandes travesías, más bien recorridos tranquilos entre huertos, acequias y parcelas de olivo o almendro.
Conviene llevar agua casi todo el año. Aquí el sol aprieta incluso en primavera, y las sombras escasean cuando uno se aleja del casco urbano.
Si se camina al atardecer, el valle cambia bastante: el aire se enfría un poco y las laderas toman ese color dorado que aparece cuando el sol cae detrás de los cerros.
Cocina de casa y tradiciones que siguen
La cocina local sigue muy ligada a lo que se ha preparado siempre en la zona. Aceite de oliva, verduras de temporada, platos de cuchara cuando llega el frío y recetas como las gachas o los andrajos que todavía se hacen en muchas casas.
Durante el invierno es habitual que en el pueblo se hable de matanzas familiares y de embutidos preparados en casa. Son costumbres que no suelen verse desde fuera, pero siguen formando parte del calendario doméstico.
También quedan pequeños oficios relacionados con materiales tradicionales como el esparto o la cerámica, a veces presentes en ferias o celebraciones locales.
Cuándo venir a Purchena
Los meses más agradables suelen ser marzo, abril y también septiembre, cuando el calor afloja y se puede caminar por el pueblo sin buscar sombra a cada paso.
Julio y agosto pueden resultar duros si la idea es recorrer calles o salir a andar por el valle a mediodía. En esas semanas la vida se desplaza a primeras horas de la mañana y, sobre todo, a la noche, cuando la temperatura baja y la plaza vuelve a llenarse de gente hablando despacio bajo las farolas.