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sobre Sierro
Pueblo serrano de calles estrechas y empinadas; conserva un castillo medieval restaurado
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Hay pueblos en los que bajas del coche y todo parece colocado para la foto. Sierro no funciona así. Llegas, aparcas donde buenamente puedes y lo primero que notas es la cuesta. Luego el silencio. Y después, poco a poco, empiezas a fijarte en los detalles. Sierro, en pleno Valle del Almanzora, es uno de esos sitios donde no pasa gran cosa… y precisamente por eso tiene sentido parar un rato.
Hablamos de un municipio pequeño, de los que apenas superan los trescientos vecinos. Está a algo más de 700 metros de altitud, en una ladera que obliga a que casi todas las calles suban o bajen. Aquí el terreno manda. Las casas blancas, muchas con puertas de madera ya curtidas por el sol, se adaptan a la pendiente como pueden.
Cuando te asomas a las partes más altas del pueblo aparece el valle del Almanzora abierto delante: campos secos, manchas verdes de olivos o almendros y ese color ocre que domina buena parte del interior de Almería. No es un paisaje exuberante; es más bien el tipo de campo que te recuerda que aquí el agua siempre ha sido un asunto serio.
Qué ver si te quedas unas horas
El punto más reconocible del pueblo es la iglesia de la Inmaculada Concepción. No es un edificio monumental, pero tiene esa presencia tranquila que suelen tener las iglesias de los pueblos pequeños. Forma parte del ritmo diario: campanas, misa, gente que entra y sale con naturalidad.
El casco urbano se recorre rápido. En media hora ya te has hecho una idea clara del sitio. Calles estrechas, fachadas encaladas, balcones con rejas de hierro y algún portal que recuerda, muy de lejos, a la arquitectura más antigua de la zona.
La plaza del Ayuntamiento funciona como punto de referencia. No es una plaza grande ni muy arreglada, pero suele haber movimiento: vecinos charlando, alguien sentado al sol, coches que pasan despacio porque aquí todo es cuesta.
A poco que salgas del centro empiezan a aparecer huertos familiares. Todavía se ven pequeños bancales donde se cultivan verduras de temporada. Y si vienes a finales de invierno o comienzos de primavera, los almendros de alrededor se llenan de flores durante unos días. Es algo breve, pero cambia bastante el paisaje.
Caminar por los alrededores
Si te gusta andar sin complicarte demasiado, alrededor de Sierro hay caminos agrícolas antiguos que todavía usan algunos agricultores. No son rutas señalizadas al estilo de parque natural, más bien caminos de tierra que conectan bancales y ramblas.
El terreno es el típico del interior almeriense: lomas suaves, barrancos secos la mayor parte del año y vegetación que sobrevive como puede al sol. Romero, matorral bajo, algún olivo que parece haber crecido por su cuenta.
Uno de los caminos que suelen mencionar los vecinos se dirige hacia el Barranco Grande. La caminata pasa por antiguos muros de piedra que sujetaban bancales hoy abandonados. Si te gusta fijarte en el terreno, aquí se ven bien las capas de roca y las cárcavas que ha ido abriendo el agua durante siglos.
No esperes ver mucha fauna. Con suerte alguna cabra montesa en las laderas o rapaces aprovechando las corrientes de aire sobre el valle.
Comer como se ha comido siempre aquí
La cocina de esta zona es directa, sin rodeos. Platos pensados para gente que trabajaba en el campo. Las migas siguen siendo una referencia cuando aprieta el frío, normalmente acompañadas de embutido o trozos de carne. También son habituales las gachas hechas con harina y caldo potente.
En temporada de caza aparecen guisos de conejo o perdiz, de esos que se cocinan despacio y llenan la mesa sin demasiada ceremonia.
No es un lugar al que venir buscando gastronomía moderna. Aquí lo normal es encontrar bares sencillos donde se cocina como en casa, o comidas populares cuando llegan las fiestas del pueblo.
Las fiestas y el ritmo del año
Como en muchos pueblos del Almanzora, el calendario gira alrededor de la Inmaculada Concepción, que es la patrona. Suele haber procesiones y actos que reúnen a los vecinos, aunque el ambiente es bastante cercano, más de pueblo que de gran celebración.
En verano también se organizan verbenas y encuentros en la calle, sobre todo cuando vuelve gente que vive fuera y pasa aquí las vacaciones. Son esas noches largas de agosto en las que el pueblo se llena un poco más de lo habitual.
Si te interesa coincidir con alguna actividad concreta, lo mejor es mirar el programa municipal cuando se acerquen las fechas, porque cada año pueden cambiar detalles.
Cómo llegar a Sierro
Sierro queda dentro del Valle del Almanzora, en el interior de la provincia de Almería. Desde la capital hay alrededor de hora y media de coche, combinando autovía con carreteras comarcales que atraviesan zonas de olivos y pequeñas sierras.
El último tramo ya te mete de lleno en el paisaje del valle: pueblos blancos dispersos, campos secos y carreteras que serpentean entre montes bajos.
Si puedes elegir, primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para acercarse. En verano el calor aprieta bastante y en invierno las mañanas pueden ser frías, sobre todo cuando sopla aire desde la sierra. Pero incluso así, Sierro mantiene ese ritmo tranquilo que tienen los pueblos que nunca han tenido prisa por cambiar.