Artículo completo
sobre Somontín
Conocido como el balcón del Almanzora; pueblo blanco con vistas espectaculares del valle
Ocultar artículo Leer artículo completo
A primera hora, cuando el sol todavía tarda en asomar por las laderas, el turismo en Somontín empieza con una imagen muy concreta: el valle del Almanzora todavía en sombra y, al fondo, si el día está limpio, la línea blanca de Sierra Nevada flotando sobre un cielo muy azul. El aire suele oler a tierra seca y a pino, y durante unos minutos lo único que se oye es algún coche lejano en la carretera del valle y el golpe de una persiana que se abre.
En una mañana cualquiera, la luz entra a tiras entre las casas encaladas. Las calles son estrechas y a veces empinadas, con escalones que aparecen de repente entre una fachada y otra. Caminar aquí obliga a ir despacio. Las paredes gruesas conservan el fresco incluso cuando el sol ya cae fuerte, y en algunos rincones todavía se oye correr el agua de pequeñas fuentes cuando llega el calor.
Somontín está en el norte de la provincia de Almería, en una esquina donde la Sierra de los Filabres empieza a levantarse sobre el valle. No es un pueblo de monumentos grandes ni de plazas monumentales. Lo que se encuentra es otra cosa: un entramado de calles que se adapta a la pendiente y casas que parecen apoyarse unas en otras para aguantar la cuesta.
Calles en pendiente y la plaza del pueblo
El casco urbano mantiene un trazado antiguo, irregular, muy pegado a la forma del terreno. Hay tramos donde el suelo cambia de nivel en pocos metros y otros donde la calle gira sin avisar. En algunos portales quedan puertas de madera gastada y aldabas pesadas que hablan de otra época del pueblo.
La plaza principal es pequeña y abierta al sol gran parte del día. Allí se levanta la iglesia parroquial de San Roque, un edificio levantado hace siglos —la construcción actual suele situarse hacia finales del XVIII, aunque el lugar de culto es anterior—. La fachada es sobria. Dentro, cuando está abierta, el ambiente es fresco y silencioso, con retablos y tallas que muestran el paso del tiempo más que restauraciones recientes.
Si vienes en verano conviene recorrer el pueblo temprano o ya al atardecer. A mediodía el calor del valle se nota, y las cuestas se hacen más largas de lo que parecen.
Caminos hacia los antiguos molinos
Desde las últimas casas salen caminos de tierra que bajan hacia barrancos y bancales antiguos. Algunos llevan hasta restos de molinos hidráulicos que durante generaciones molieron cereal aprovechando el agua que bajaba por las ramblas. En varios todavía se distinguen canales, muros de piedra y partes de la maquinaria.
No es un recorrido museizado. Muchas veces lo que aparece son ruinas discretas entre pinos y matorral mediterráneo. Precisamente ahí se entiende bien cómo se organizaba la vida rural: cada gota de agua se aprovechaba y cada bancal tenía su función.
En primavera el campo cambia bastante. Aparecen flores bajas entre las piedras y el aire huele más a tomillo y a romero. En otoño el paisaje vuelve a tonos más secos, muy propios de esta parte de Almería.
Senderos entre bancales y cortijos
Algunos senderos conectan Somontín con otros pueblos cercanos del valle. Son rutas cortas, aunque las cuestas obligan a tomarlas con calma. A pie se tarda en ganar altura, pero a cambio aparecen buenas vistas del Almanzora y de las sierras que lo rodean.
También hay caminos rurales que muchos recorren en bicicleta. Conviene tener algo de fondo o usar bicicleta eléctrica: los desniveles no son enormes, pero se encadenan uno detrás de otro. En el camino aparecen cortijos antiguos, bancales abandonados y acequias que todavía marcan el paisaje.
Mirando al cielo no es raro ver rapaces planeando sobre las corrientes de aire. En determinadas épocas del año pasan bandadas pequeñas de aves migratorias, aunque aquí no hay observatorios ni infraestructuras específicas: simplemente ocurre mientras caminas.
Comida del valle del Almanzora
La cocina que se prepara en la zona responde a lo que siempre ha habido a mano. Las migas con aceite de la comarca siguen apareciendo en muchas mesas cuando aprieta el frío. Los gurullos con conejo son otro plato muy ligado a la zona, espesos y contundentes.
En invierno también se guisa choto o carnes de caza menor. En verano la mesa cambia hacia platos más sencillos: tomates, aceitunas, ensaladas frescas y pan para acompañar. No es una cocina de adornos; es comida pensada para aguantar jornadas largas de trabajo en el campo.
Fiestas que reúnen a los vecinos
El calendario del pueblo gira en torno a celebraciones muy ligadas a la comunidad. En agosto suelen celebrarse las fiestas de San Roque, con procesión, música y mucha gente que vuelve al pueblo esos días aunque viva fuera el resto del año.
En primavera es tradicional una romería dedicada a la Virgen de los Desamparados. Familias enteras se acercan caminando o en coche hasta el entorno del santuario cercano y pasan el día al aire libre, compartiendo comida y conversación bajo la sombra.
También llegan carnavales en invierno y algunas actividades navideñas organizadas por los propios vecinos. Son celebraciones sencillas, más pensadas para reunirse que para atraer gente de fuera.
Cómo llegar y cuándo ir
Desde Almería capital el trayecto ronda la hora y media por carretera. El camino atraviesa buena parte del valle del Almanzora, con tramos de campos abiertos y pequeños pueblos escalonados en las laderas.
Somontín se recorre bien en una mañana tranquila. Si el plan es caminar por los senderos de alrededor, lo más cómodo suele ser venir entre otoño y primavera, cuando la temperatura permite andar sin el calor fuerte del verano.
No es un lugar de grandes atracciones ni de agenda apretada. Somontín funciona mejor cuando uno acepta el ritmo del sitio: caminar sin prisa, escuchar el viento entre los pinos y dejar que el valle se vaya abriendo poco a poco alrededor.