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sobre Taberno
Municipio rural con muchas pedanías; destaca por su museo etnológico y entorno de almendros
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A primera hora, cuando el sol todavía tarda en saltar las lomas, Taberno suena a cosas pequeñas: una puerta que se abre, un coche que arranca despacio, algún gallo desde las afueras. El turismo en Taberno no empieza con monumentos ni carteles. Empieza así, con el aire seco del Valle del Almanzora y las casas blancas todavía en sombra.
El pueblo se apoya en las primeras rampas de la sierra. Bancales de piedra, almendros dispersos y caminos de tierra que suben y bajan entre lomas. Desde lejos parece compacto; cuando entras, las calles se enredan un poco más de lo que esperabas.
El centro del pueblo y la iglesia
La plaza concentra casi todo. A media mañana suele haber movimiento alrededor de la fuente, ese punto donde la gente se detiene un momento antes de seguir su camino.
La iglesia de San Antonio Abad domina el conjunto. Su origen suele situarse varios siglos atrás, probablemente en época moderna, aunque el edificio ha cambiado con el tiempo. Muros gruesos, cal algo desgastada por el sol y una sensación de sobriedad muy propia de esta parte de Almería. Dentro la luz entra con cautela, filtrada por ventanas pequeñas.
Si pasas temprano, el silencio es casi total. Solo se oye algún paso sobre el suelo y, a ratos, el viento rozando las puertas.
Calles con pendiente y patios interiores
Taberno no es un pueblo de calles rectas. Suben, bajan y se estrechan sin avisar. En algunas fachadas quedan balcones de hierro oscuro y portones de madera ya gastados.
Detrás de muchas casas hay patios que apenas se ven desde la calle. A veces se escapa el olor de la leña o de alguna hierba secándose al sol. No es raro ver macetas alineadas contra la pared o una parra buscando sombra sobre la entrada.
Conviene recorrer el centro sin prisa. En coche cuesta maniobrar en algunos tramos y muchas calles se disfrutan más caminando.
El agua y las pequeñas huertas
Varias fuentes siguen activas en el casco urbano. El agua sale fría incluso en verano. En los días más calurosos siempre hay alguien que se acerca con una garrafa o simplemente a mojarse las manos.
Alrededor del pueblo aparecen pequeñas parcelas con olivos, almendros y huertas familiares. El terreno es seco, pero trabajado desde hace generaciones. Los muros de piedra seca que sostienen los bancales cuentan bastante de esa historia.
En febrero y marzo, si el invierno ha traído algo de lluvia, los almendros empiezan a florecer y el paisaje cambia de golpe. Blanco y rosa sobre un suelo que normalmente es pardo.
Caminos hacia las pedanías
Desde Taberno salen caminos rurales que conectan con núcleos cercanos como La Concepción o Los Cerrillos. Muchos siguen antiguos trazados agrícolas. Pasan junto a barrancos poco profundos, olivares viejos y parcelas cercadas con piedra.
No son rutas señalizadas de forma sistemática, así que conviene llevar un mapa o preguntar antes de salir. Aun así, el terreno es bastante abierto y resulta fácil orientarse si el día está claro.
En verano el calor aprieta pronto. Si vas a caminar, mejor empezar temprano y llevar agua.
Fiestas y momentos del año
El calendario local gira alrededor de San Antonio Abad, en enero. Durante esos días el pueblo se reúne alrededor de la iglesia y las calles vuelven a llenarse de gente que muchas veces ya vive fuera pero regresa para la ocasión.
En agosto el ambiente cambia. Las noches son largas y la plaza se anima más de lo habitual. Vuelve gente que pasó la infancia aquí o que mantiene familia en el pueblo.
Si buscas tranquilidad real, los meses de primavera y otoño suelen ser los más agradecidos. La luz es más suave y el campo tiene algo más de color.
Llegar a Taberno
Taberno queda al norte de la provincia de Almería, dentro del Valle del Almanzora. Lo habitual es acercarse primero a alguno de los pueblos mayores de la comarca y desde allí continuar por carreteras locales.
Los últimos kilómetros serpentean entre olivares y lomas abiertas. No es un trayecto complicado, pero conviene tomárselo con calma: hay curvas y tramos estrechos.
Al llegar, lo mejor es aparcar cerca del centro y seguir a pie. Taberno se entiende mejor caminando despacio, escuchando lo que pasa entre una calle y la siguiente. Aquí casi todo ocurre a esa escala.