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sobre Espiel
Paraíso para los escaladores por sus paredes de roca caliza situado en plena Sierra Morena con un entorno natural que invita a la aventura y el deporte
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Espiel huele a hornazo recién hecho y a sierra recalentada por el sol. Es ese tipo de sitio que aparece de repente cuando vienes por la carretera desde Córdoba: kilómetros de olivos, curvas suaves… y de pronto cambian los colores del paisaje y asoma la torre de la iglesia. Piensas algo así como: «Vale, aquí el terreno ya juega a otra cosa».
Turismo en Espiel no va de grandes monumentos ni de un casco histórico interminable. Va más bien de entender el Valle del Guadiato: minería, monte bajo y pueblos que crecieron alrededor de lo que daba trabajo en cada época. Aquí eso fue el carbón, y todavía se nota.
La mina que aún marca el paisaje
Hay sitios donde el pasado industrial desaparece sin dejar rastro. En Espiel no ha ocurrido. Las instalaciones del antiguo Pozo Espiel siguen ahí, a las afueras, y se ven bien incluso desde la carretera.
No hace falta saber mucho de minería para darse cuenta de que aquello fue grande en su momento. Quedan estructuras de ladrillo, restos de vías y montones de escoria oscura que rompen el verde del campo. Más que museo, parece un decorado detenido a mitad de desmontaje.
La zona está muy deteriorada y conviene moverse con cuidado si te acercas caminando. Aun así, muchos vecinos se pasan por allí a pasear o a curiosear. Los críos corretean entre los restos y, si vas temprano, es fácil ver conejos moviéndose por donde antes pasaban vagonetas cargadas de carbón.
El Vacar y las ruinas del castillo
A pocos kilómetros del núcleo principal está El Vacar, una pedanía pegada a la ladera de la sierra. El caserío se agarra a la pendiente como puede, con calles que suben y bajan sin demasiadas rectas.
Arriba quedan los restos del castillo. No esperes una fortaleza restaurada ni paneles explicativos en cada esquina: es más bien un recinto de piedra bastante castigado por el tiempo, con una torre que todavía se mantiene en pie. La subida final se hace por un camino estrecho donde a veces toca apartarse si aparece otro coche.
Desde arriba se entiende bien la posición del lugar. Este paso entre sierras siempre fue zona de tránsito hacia el norte de la provincia, y tener un punto de vigilancia aquí tenía todo el sentido del mundo. Hoy lo que se ve es la autovía cruzando el valle y, alrededor, monte bajo y dehesa.
Hornazo y ranas: cosas que aquí siguen en la mesa
La cocina local tiene ese punto de interior andaluz donde manda la sartén y los guisos con fundamento.
El hornazo aparece mucho en las panaderías del pueblo. Es una masa de pan rellena de chorizo, lomo, jamón y huevo cocido. Se hornea todo junto y luego se come frío o templado, casi como si fuera un bocadillo ya montado. Si has pasado alguna vez por una fiesta de pueblo con mesas llenas de comida casera, te puedes hacer una idea.
Otra cosa que todavía se escucha mencionar son las ranas. Tradicionalmente se cocinaban en la zona del Guadiato, aunque hoy lo normal es que no se capturen allí. En la sartén, con ajo y perejil, quedan más suaves de lo que mucha gente imagina.
Y luego están los guisos de caza menor, que suelen aparecer cuando llega el frío: conejo estofado, salsas con vino blanco y especias, platos pensados para mojar pan sin demasiada ceremonia.
La romería de la Virgen de la Estrella
En primavera se celebra la romería de la Virgen de la Estrella, que es una de las citas más queridas por la gente del pueblo. Suele hacerse hacia finales de abril, cuando el campo ya está verde pero el calor fuerte aún no ha llegado.
No es una romería gigantesca ni especialmente vistosa desde fuera. Se parece más a una jornada de campo grande: familias que suben andando o en coche, mesas plegables, mantas en el suelo y comida compartida.
El camino hasta la ermita atraviesa zonas de tierra rojiza y monte bajo. A mitad de trayecto hay una fuente donde la gente suele parar a llenar botellas o a descansar un rato antes de seguir.
La ermita es pequeña y el ambiente bastante cercano. Si pasas por Espiel esos días, lo notarás enseguida porque el movimiento se concentra en esa subida.
Cómo encajar Espiel en una ruta por el Guadiato
Desde Córdoba se tarda alrededor de una hora en coche. El trayecto final ya entra de lleno en el paisaje del Guadiato: menos olivo, más monte y carreteras que serpentean un poco.
Espiel no es un lugar para dedicarle un día entero salvo que vengas con calma a caminar por la zona. El pueblo se recorre rápido: plaza, iglesia, alguna calle tranquila y poco más.
Yo lo suelo ver como una parada corta en una ruta por la comarca. Pasas un rato, te llevas un hornazo bajo el brazo, te acercas a ver la zona minera o subes hasta El Vacar para mirar el valle desde arriba. Después puedes seguir hacia otros pueblos del Guadiato o volver a Córdoba antes de que caiga la noche.
Es uno de esos sitios pequeños que ayudan a entender cómo ha vivido esta parte de la provincia. Y a veces eso cuenta más que tener diez monumentos seguidos.