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sobre Peñarroya-Pueblonuevo
Importante centro de la cuenca minera con un valioso patrimonio industrial que incluye el Cerco Industrial y edificios de estilo francés de la época de esplendor
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A primera hora, cuando aún pasan pocos coches, el aire alrededor del antiguo cerco industrial tiene un olor metálico que recuerda enseguida dónde estás. El turismo en Peñarroya Pueblonuevo gira alrededor de eso: chimeneas, naves de ladrillo oscuro y barrios que nacieron al ritmo de las minas.
Desde lo alto del cerro se entiende bien la forma del municipio. Calles rectas, bloques de ladrillo rojizo, torres de fábricas que ya no trabajan. Entre todo eso aparecen las casas levantadas por ingenieros franceses, con tejados inclinados que aquí llaman la atención porque el resto del paisaje es claramente andaluz.
Cuando las máquinas dejaron de trabajar
La antigua estación todavía mantiene parte de su estructura original. En las paredes cuelgan relojes viejos y los andenes ya no ven trenes. Hoy el espacio se usa de otra manera y las antiguas vías se han retirado en varios tramos para dar paso a una vía verde que conecta con otras zonas mineras del norte de Córdoba y continúa hacia la provincia de Ciudad Real.
Si miras al suelo, entre la grava aparecen restos de los durmientes. La madera está endurecida por décadas de sol.
El llamado barrio Francés sigue teniendo un orden muy claro. Calles que se cruzan en ángulo recto, parcelas amplias y algunos jardines que recuerdan el origen de la colonia minera. El antiguo hospital destaca por sus ventanas altas. Se diseñaron para dejar pasar la luz del mediodía, algo que en los edificios sanitarios de la época se consideraba casi parte del tratamiento.
En una de las fachadas hay una placa que recuerda que aquí pasó parte de su infancia Marcel Bich, el empresario que más tarde impulsaría la fabricación masiva del bolígrafo Bic.
La cocina que quedó en las casas
A las siete de la mañana ya hay movimiento en algunos bares del centro. Gente que entra antes de ir al trabajo, jubilados que se sientan cerca de la barra y desayunos contundentes.
Las migas siguen apareciendo muchos días. Pan del día anterior, bastante ajo y torreznos. En invierno también es fácil encontrar sopa de patatas con uvas, una mezcla que sorprende al principio: caldo salado, trozos de fruta dulce y pan asentado.
El rairrán, una especie de gazpacho espeso de la zona, suele tomarse caliente cuando hace frío. Lleva pan, huevo duro y aceite de oliva. Durante años fue comida cotidiana en las casas de los mineros.
La fiesta que recuerda el pasado minero
En torno a enero, cerca de la festividad de San Antonio Abad, se encienden hogueras en distintas plazas. En ese contexto aparece la llamada Danza de las Espadas. Los participantes llevan camisas blancas y pantalón oscuro y chocan espadas de madera mientras suena la música tradicional. El origen exacto de la danza no está del todo claro, pero en el pueblo se considera parte de su identidad.
En otoño también hay procesiones ligadas a la Virgen del Rosario. Muchos de los que cargan los pasos son hijos o nietos de mineros. Al pasar cerca de antiguos pozos, más de uno se santigua casi por costumbre.
El cerco industrial y los colores de otoño
Octubre suele ser buen momento para recorrer Peñarroya Pueblonuevo. El calor fuerte del verano ya ha pasado y la sierra cercana empieza a cambiar de color. Encinas y matorral adquieren tonos ocres que combinan con el ladrillo de las fábricas antiguas.
La ruta del Cerco Industrial ronda los tres kilómetros y medio. Conviene llevar calzado cómodo porque el terreno mezcla tierra, grava y restos de infraestructura. A lo largo del recorrido aparecen hornos de fundición, naves químicas y estructuras metálicas que recuerdan la escala que tuvo la actividad minera.
Uno de los puntos más visitados es la mina Santa Rosa, donde se puede recorrer una galería acondicionada. Dentro la temperatura baja varios grados y el agua cae lentamente por las paredes. El sabor, dicen algunos guías, tiene mucho hierro.
Si vas en agosto, mejor acercarse entre semana y a primera hora de la mañana. Durante la feria las calles se llenan bastante y el centro cambia de ritmo.
En el cementerio francés, algo apartado, varias lápidas de mármol oscuro tienen códigos QR. Al escanearlos aparecen fotografías y pequeñas biografías de ingenieros y técnicos que llegaron desde Francia a finales del siglo XIX. Algunas tumbas tienen flores recientes. Las colocan trabajadores del propio cementerio. Muchos descendientes viven ya muy lejos o simplemente dejaron de volver.