Artículo completo
sobre Villaharta
Pueblo balneario conocido por sus fuentes de aguas ferruginosas y medicinales situado en plena Sierra Morena con un paisaje de pinar y olivar
Ocultar artículo Leer artículo completo
A primera hora, cuando el sol empieza a colarse entre las encinas, la dehesa alrededor de Villaharta se llena de líneas doradas y de un silencio bastante limpio. Apenas pasa algún coche. El pueblo, con algo más de seiscientos vecinos en el Valle del Guadiato, despierta despacio mientras el aire todavía guarda algo de frescor de la sierra.
Aquí el turismo en Villaharta se entiende mejor caminando sin rumbo claro por el casco urbano o saliendo unos metros hacia el campo. No hay grandes reclamos ni calles pensadas para la foto rápida. Lo que hay es paisaje, casas bajas encaladas y un ritmo que sigue siendo más de pueblo que de destino turístico.
Calles que suben hacia la sierra
Las calles principales —la calle Mayor, la Cuesta y algunas travesías estrechas— suben con pendiente suave. En ciertos tramos el suelo sigue siendo de piedra, irregular, de esos que obligan a mirar un poco dónde pisas. A media mañana se oye alguna persiana levantarse y el sonido de las tazas en los bares donde se alarga el desayuno.
Las casas mantienen bastante uniformidad: paredes blancas que reflejan la luz fuerte del mediodía, rejas oscuras en las ventanas y puertas de madera ya algo gastadas. En algunas esquinas hay bancos donde los vecinos se sientan a charlar cuando cae la tarde, sobre todo en los meses templados.
La iglesia en el centro del pueblo
La iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Remedios aparece pronto cuando uno recorre el centro. La torre sobresale por encima de los tejados y sirve de referencia para orientarse. El edificio actual se levantó en el siglo XVI, aunque ha tenido reformas posteriores.
Dentro, el espacio es sobrio. La luz entra por ventanas pequeñas y cae sobre paredes gruesas de piedra, creando zonas de sombra bastante marcadas. No suele requerir mucho tiempo de visita, pero es uno de esos lugares donde conviene parar un momento y dejar que los ojos se acostumbren a la penumbra.
Un poco más alejada del centro está la ermita de Nuestra Señora de Buenavista, documentada desde al menos el siglo XVII. Se encuentra hacia las afueras del casco urbano y suele aparecer al final de un paseo corto entre casas más dispersas.
La dehesa alrededor de Villaharta
El paisaje que rodea el pueblo es el de la dehesa clásica de Sierra Morena: encinas abiertas, algunos alcornoques y pastos donde se ven vacas u ovejas moviéndose despacio entre los árboles. En verano el suelo se vuelve más pajizo; en otoño aparecen tonos ocres y el olor a tierra húmeda cuando llegan las primeras lluvias.
A la salida del pueblo en dirección a Fuente Obejuna hay un punto alto junto a la carretera desde donde se alcanza a ver parte del Valle del Guadiato. No es un mirador acondicionado como tal, más bien un ensanche donde mucha gente se detiene un momento a estirar las piernas y mirar el paisaje.
Caminos y senderos cercanos
Desde el propio pueblo salen varios caminos rurales que se internan en el monte mediterráneo. Algunos siguen arroyos estacionales que, tras las lluvias, dejan pequeñas corrientes de agua entre rocas redondeadas por la erosión. Otros suben hacia cerros bajos desde los que se abre la vista del valle.
Hay rutas señalizadas en la zona, aunque conviene consultar la información local antes de salir, porque el estado de los senderos cambia según el año y las lluvias. Tras varios días húmedos, algunos tramos pueden volverse bastante embarrados.
Quien camine con calma puede ver aves grandes aprovechando las corrientes de aire. En ciertos momentos del año no es raro observar buitres planeando muy alto o, con algo de suerte, alguna rapaz cruzando el cielo sobre las encinas. En primavera también se escuchan abejarucos, cuyo canto metálico se distingue bien en los días tranquilos.
Lo que se come por aquí
La cocina local sigue muy ligada al campo. La caza menor ha tenido siempre presencia en los guisos de las casas: conejo, perdiz o jabalí preparados con recetas que pasan de una generación a otra. También son habituales los embutidos curados en la zona, que aparecen en muchas mesas cuando hay reuniones familiares o fiestas.
En otoño, si las lluvias acompañan, aparecen setas en los montes cercanos. Los vecinos suelen salir temprano a buscarlas entre las hojas caídas de la dehesa. No es raro ver a gente caminando con cesta por los caminos más sombríos.
Fiestas y calendario local
La fiesta principal suele celebrarse a mediados de agosto en honor a Nuestra Señora de los Remedios. Durante esos días el pueblo se anima más de lo habitual y llegan vecinos que viven fuera pero vuelven para las celebraciones.
El Carnaval también tiene presencia en Villaharta, con grupos que recorren las calles cantando coplillas. Y en mayo se celebran actos relacionados con San Isidro Labrador, una tradición muy ligada al mundo agrícola de la zona.
Cuándo venir
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por los alrededores. Las temperaturas permiten recorrer senderos sin demasiado calor y la dehesa cambia bastante de color.
En verano el calor aprieta durante el mediodía, como en buena parte de Andalucía, así que conviene moverse temprano o esperar al final de la tarde. Por la noche, al estar el pueblo algo más alto que el valle, el aire suele refrescar.
Villaharta no es un lugar de grandes planes ni de agenda llena. Funciona mejor cuando se llega sin prisa: un paseo por las calles en silencio, el olor de la tierra después de una tormenta corta y la sensación de que, más allá del pueblo, la sierra sigue ocupando casi todo el horizonte.