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sobre Villanueva del Rey
Pueblo serrano rodeado de cotos de caza y naturaleza virgen que conserva la arquitectura tradicional y un ambiente de tranquilidad absoluta
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A las cinco de la tarde, las cigüeñas empiezan a volver a sus nidos. Se posan en chimeneas, en los aleros de la iglesia, a veces en algún poste de la luz cerca de la plaza. Desde varios puntos del pueblo se las ve llegar, pesadas y ceremoniosas, con ese ruido seco de alas que suena como un libro cerrándose. En Villanueva del Rey las cigüeñas forman parte del paisaje cotidiano; hay bastantes nidos repartidos por el casco urbano y los tejados más altos, algo que se nota enseguida cuando uno levanta la vista.
El pueblo se asoma a un pequeño altozano de Sierra Morena, rodeado de dehesa y manchas de olivar. Desde el cerro del Calvario se abre la vista hacia la campiña ondulada y los pinares oscuros que marcan el límite de la sierra. En días claros el horizonte se vuelve azul pálido y parece diluirse con el cielo. La luz aquí es dura y seca: a mediodía rebota en las fachadas encaladas y en la tierra clara de los caminos.
El olor a encina y la historia
Caminar por la dehesa es andar sobre un mosaico de sombras. Los chaparros de encina crecen retorcidos, buscando agua en un suelo arcilloso que en verano se abre en grietas. Bajo los pies cruje la hoja seca acumulada durante años. Huele a humus, a resina, a monte bajo calentado por el sol. Cuando hay ganado cerca, el olor del campo cambia y se mezcla con el del pasto y la tierra removida.
Por esta zona debieron pasar antiguas vías romanas que comunicaban el valle del Guadalquivir con el norte de Sierra Morena. En el término apareció hace tiempo un miliario —una de esas columnas de piedra que marcaban distancias en las calzadas— que hoy conserva el ayuntamiento. La inscripción está muy gastada, pero suele relacionarse con época del emperador Constantino. Es una pista pequeña, casi discreta, de que estas sierras ya eran territorio transitado hace muchos siglos.
Mucho antes aún hubo asentamientos prehistóricos. En el Cerro del Ermitaño, a unos dos kilómetros del pueblo, se han localizado restos de un poblado del Calcolítico. Entre la maleza aparecieron fragmentos de cerámica, herramientas de cobre y cuentas de collar. La sierra del Guadiato está llena de indicios parecidos: lugares donde alguien encontró agua, mineral y refugio suficiente como para quedarse.
Seis nombres para un pueblo
Villanueva del Rey no siempre se llamó así. En documentos antiguos aparece como Lugar de Casillas, un nombre que suena a primeras casas levantadas con prisa y barro. A comienzos del siglo XIV obtuvo rango de villa y un término amplio alrededor. Durante un tiempo también se la conoció como Villanueva de las Viñas, aunque hoy cuesta imaginar grandes viñedos en estas lomas.
En el siglo XVI parte del territorio se segregó para formar el municipio de Espiel. Más tarde el lugar pasó a manos señoriales y durante años fue Villanueva de Cárdenas, nombre que todavía se escucha alguna vez entre la gente mayor cuando hablan del pueblo como lo hacían sus abuelos.
El nombre actual, Villanueva del Rey, quedó fijado a comienzos del siglo XIX, en plena época de reformas administrativas. Desde entonces apenas ha cambiado otra cosa: la población se ha mantenido pequeña y bastante estable, en torno al millar de vecinos.
La iglesia que antes tuvo otro uso
La iglesia de la Inmaculada Concepción tiene algo de edificio defensivo. Los muros son gruesos, la torre es cuadrada y sobria, y la portada renacentista parece más pensada para durar que para adornar. Dentro huele a cera y a madera vieja. Las paredes, encaladas, dejan que la luz entre limpia por las ventanas altas.
Hay quien cuenta que el edificio tuvo antes funciones civiles, vinculadas al concejo del pueblo, aunque los detalles no siempre están claros y la documentación es escasa. Lo que sí se aprecia es la mezcla de etapas: reformas, añadidos y pequeñas marcas en la piedra que hablan de siglos de uso continuo.
Cuándo ir y qué conviene tener en cuenta
A finales de invierno y comienzos de primavera el campo alrededor de Villanueva del Rey cambia bastante. Las encinas brotan, el suelo mantiene algo de humedad y las cigüeñas ya están instaladas en los nidos del pueblo. Son días de cielo limpio y noches todavía frías.
El verano aquí puede ser duro. En julio y agosto el calor aprieta con facilidad y a mediodía las calles se quedan casi vacías. Si vienes en esa época, compensa madrugar o salir a caminar cuando el sol empieza a caer.
Entre semana el ritmo del pueblo es tranquilo. Por la tarde, cuando baja la luz, se oye el repique de las campanas y algún coche pasando despacio por la calle principal. Es un momento sencillo, sin demasiada gente, en el que Villanueva del Rey se deja ver tal como es.