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sobre Alfacar
Famoso por su pan tradicional y sus manantiales; puerta de entrada a la Sierra de Huétor y lugar ligado a la memoria de Lorca
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El agua brota de la montaña con tal presión que llenar un cántaro en la Fuente Grande apenas requiere esfuerzo. Esa misma agua alimenta desde hace siglos parte del sistema que abastece Granada y es también la base del pan de Alfacar. El pueblo está a unos mil metros de altitud, en el borde de la Vega y a las puertas de la Sierra de Huétor, un lugar donde la presencia del agua explica muchas cosas: el asentamiento, los cultivos y hasta algunos episodios de su historia.
Cuando Boabdil entregó Granada en enero de 1492, la zona ya estaba bajo control castellano desde días antes. Las fuentes históricas mencionan la rendición de Alfacar poco antes de la capitulación de la ciudad, en el contexto de las últimas semanas de la guerra. El dato suele aparecer en las crónicas locales y ayuda a entender la posición estratégica del lugar, en el camino natural entre la sierra y la capital.
La piedra que construyó Granada
Antes de que el pueblo fuera conocido por su pan, aquí se trabajaba la piedra. En las laderas cercanas hubo canteras de travertino cuya explotación se remonta al menos al siglo XVI. De ellas salió material que se utilizó en varios edificios importantes de Granada levantados tras la conquista cristiana.
La piedra, clara y porosa, también está presente en el propio pueblo. Se reconoce en muros antiguos y en algunos elementos de la iglesia de la Asunción, construida en el siglo XVI sobre el solar de la antigua mezquita. Como en tantos lugares del antiguo reino nazarí, el edificio ha pasado por reformas posteriores que han ido modificando su aspecto.
La actividad en las canteras tuvo altibajos a lo largo del tiempo. La tradición local vincula su abandono a los conflictos de la rebelión morisca de finales del siglo XVI y a la posterior expulsión de esta población. Hoy la extracción es muy limitada y suele destinarse a trabajos de restauración en edificios históricos.
El agua que da forma al pan
Si algo identifica hoy a Alfacar es el pan. No se trata de una moda reciente: la elaboración está documentada desde hace siglos y forma parte de la economía del pueblo. El agua de la sierra, filtrada por terrenos calizos, siempre se ha señalado como uno de los factores que influyen en la masa.
Al amanecer todavía se percibe el ritmo de los hornos. Durante buena parte del siglo XX el número de panaderías fue creciendo hasta convertir el pueblo en uno de los centros panaderos de la provincia. Muchas familias han vivido de este oficio durante generaciones.
A comienzos de julio suele celebrarse una feria dedicada al pan, donde se muestran distintos tipos de piezas tradicionales. Más allá de ese momento concreto, el pan forma parte de la vida diaria del pueblo y sigue siendo un tema de conversación habitual entre vecinos.
La acequia de Aynadamar y la memoria de Lorca
Desde la Fuente Grande arranca la acequia de Aynadamar, una conducción de agua construida en época andalusí que llevaba el caudal hasta Granada. El nombre suele traducirse como “fuente de las lágrimas”. Durante siglos fue una infraestructura esencial para el riego y el abastecimiento de la ciudad.
En agosto de 1936, en los primeros días de la Guerra Civil, Federico García Lorca fue trasladado por esta zona antes de ser fusilado en los alrededores. El lugar exacto de la fosa nunca se ha podido determinar con certeza, aunque el entorno de Alfacar y Víznar quedó ligado para siempre a ese episodio.
Hoy existe un parque dedicado al poeta en la zona de la Barranca. No es un espacio monumental: pinares, caminos y vistas abiertas hacia la Vega. El paisaje, más que cualquier escultura, explica el silencio que suele acompañar a la visita.
La acequia aún se puede seguir a pie en varios tramos. El recorrido hacia Granada discurre bastante llano, entre cultivos y arboledas, y es uno de los paseos habituales para la gente del pueblo.
Un pueblo entre la Vega y la sierra
Alfacar aparece casi de golpe cuando se llega desde Granada. La carretera asciende entre pinares y, al superar una curva, se abre el caserío en la ladera. Las calles tienen pendiente y el trazado conserva en parte la estructura del antiguo núcleo andalusí.
Quedan pocos restos visibles de las defensas medievales, aunque en algunos puntos se integran fragmentos de muralla en viviendas posteriores. El Arco de Somera suele mencionarse como uno de esos lugares donde aún se reconoce ese pasado.
En la parte alta se encuentra la ermita de San Sebastián, construida a finales del siglo XIX junto al cementerio. Desde allí se domina buena parte de la Vega de Granada.
El pueblo se recorre sin grandes distancias, pero conviene hacerlo despacio. Subir hasta la Fuente Grande, caminar un rato junto a la acequia y luego volver al centro da una idea bastante clara de cómo se organiza este lugar entre el agua, la sierra y la Vega.
Cómo llegar y cuándo: Alfacar está a unos quince minutos en coche de Granada por carretera. También hay conexión en autobús metropolitano con la capital. Primavera y otoño suelen ser las estaciones más agradables para caminar por los alrededores; en verano el calor aprieta durante el día, aunque las noches suelen refrescar por la altitud. Conviene llevar calzado cómodo: las cuestas del casco urbano se notan.