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sobre Calicasas
Pequeño municipio en transición entre la Vega y los Montes; ambiente rural muy próximo a la capital ideal para vivir tranquilo
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En la Vega de Granada, entre huertas y campos que cambian de color con las estaciones, Calicasas mantiene ese aire de pueblo tranquilo donde el tiempo va a otro paso. Con unos 670 habitantes y a unos 750 metros de altitud, es una parada serena para pasear sin prisa y asomarse a la vida agrícola de la comarca.
Sus calles estrechas y el blanco de las fachadas dibujan un casco urbano sencillo, de los que se recorren en poco tiempo. Al caer la tarde, la plaza vuelve a ser punto de encuentro y el ambiente se vuelve especialmente agradable.
Qué ver en Calicasas
El centro gira en torno a la iglesia parroquial, referencia visual del pueblo gracias a su torre. A partir de ahí, lo mejor es callejear: el trazado conserva la estructura típica de los pueblos de la Vega, con rincones humildes y fotogénicos.
Por su posición, Calicasas regala vistas abiertas sobre la vega; merece la pena buscarlas a primera hora o al atardecer, cuando la luz suaviza el paisaje. En las afueras aparecen cortijos y construcciones rurales que recuerdan el peso de la agricultura en la zona (mejor verlos desde los caminos, sin entrar en fincas privadas).
Qué hacer
El plan aquí es sencillo: paseo urbano, caminata por caminos agrícolas y observación del paisaje. Si te gusta la cocina de interior, la huerta marca el recetario: verduras de temporada, guisos y aceite de oliva. Y si te apetece ampliar, la cercanía de otros municipios permite enlazar visitas sin grandes desplazamientos.
Fiestas y tradiciones
Las celebraciones locales son las habituales de un pueblo andaluz: fiestas patronales, Semana Santa y Navidad vividas en pequeño formato, con un punto íntimo y vecinal.
Si solo tienes 2 horas
- Vuelta a la iglesia y la plaza, parando en las calles que salen del centro.
- Paseo corto hacia algún punto alto del casco urbano para ver la Vega.
- Tramo por un camino rural a las afueras y regreso.
Mejor época
Primavera y otoño son las estaciones más agradecidas para caminar, con temperaturas más suaves y la Vega más vistosa. En verano, conviene evitar las horas centrales del día; en invierno, el atardecer llega pronto y refresca.