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sobre Cijuela
Pequeño municipio en el corazón de la Vega; tierra fértil dedicada al cultivo y con un castillo-palacio de propiedad privada
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El avión baja sobre la Vega de Granada y, antes de tocar tierra, ya se ve el trazado recto de la A‑92 cortando el mosaico de cultivos que rodea Cijuela. Desde arriba se distingue bien: casas blancas agrupadas, huertos rectangulares y alguna nave agrícola aislada. El aeropuerto queda muy cerca y, aun así, la mayoría de los viajeros sigue hacia Granada. Cijuela vive más pendiente de la vega que del tráfico aéreo: los martes hay mercado y, en temporada, el olor de los guisantes o de los melones recién recogidos llega hasta la carretera.
La vega que todavía se mide en marjales
En Cijuela la tierra rara vez se explica en hectáreas. Mucha gente sigue hablando de marjales, una medida tradicional de la Vega de Granada que aquí continúa en uso cuando se habla de parcelas o arrendamientos. La cifra exacta cambia según la zona, pero todos entienden de qué extensión se está hablando.
El paisaje ayuda a entender esa forma de medir. La vega aparece muy parcelada, dividida por acequias y caminos agrícolas que ordenan los cultivos en rectángulos regulares. El origen de ese sistema de riego suele remontarse a época andalusí, cuando se ampliaron y organizaron muchas de las acequias que todavía hoy riegan esta llanura cercana al Genil. El propio nombre antiguo del lugar, documentado en distintas variantes, alude precisamente a una pequeña llanura fértil.
Una torre aislada en mitad de la vega
A algo más de un kilómetro del núcleo urbano, entre cultivos y algunos olivares recientes, se levanta la llamada Torre de la Hoya o Torre de Cijuela. Es una construcción de tapial, de planta circular, vinculada al sistema defensivo que vigilaba la Vega de Granada en los últimos siglos de al‑Ándalus.
La torre aparece hoy parcialmente arruinada, abierta por uno de sus lados. No está asociada a un poblado visible alrededor, algo bastante habitual en este tipo de torres de vigilancia, que funcionaban como puntos de control del territorio y de las rutas que cruzaban la vega.
En el pueblo, el edificio más antiguo en uso es la iglesia de San Sebastián. El templo actual se levantó en el siglo XVI y ha pasado por varias reformas posteriores. En el interior se conservan algunas piezas reaprovechadas de construcciones anteriores, entre ellas una pila bautismal de piedra cuya datación no está del todo clara pero que suele considerarse anterior al edificio actual.
Cada 20 de enero la imagen de San Sebastián sale en procesión por las calles del centro, acompañada por pequeñas tracas y cohetes que forman parte de la costumbre local.
Fuego en febrero y hornazo en primavera
Una de las citas más reconocibles del calendario local es la Candelaria, a comienzos de febrero. Esa noche se encienden hogueras en distintos puntos del pueblo. Tradicionalmente se utilizan haces de esparto o restos de poda que arden despacio mientras los vecinos se reúnen alrededor.
Cuando avanza la primavera, muchas familias se desplazan hacia las riberas del Genil o a zonas de choperas cercanas para pasar el día al aire libre. En esas comidas aparece a menudo el hornazo, un pan horneado con embutido y huevo duro en su interior, que se comparte entre grupos grandes sentados alrededor de mesas improvisadas o sillas plegables.
No suele haber un programa formal: cada familia llega cuando puede y el lugar se va llenando poco a poco.
Huerta de la Vega de Granada
La cocina cotidiana depende mucho de lo que da la vega. En temporada aparecen guisantes, habas o judías blancas cultivadas en las parcelas cercanas. También son habituales los melones y sandías cuando llega el verano.
En las casas siguen preparándose platos sencillos ligados a ese producto cercano: sopas con arroz y tomate, potajes de garbanzos aromatizados con hinojo silvestre o guisos de choto al ajillo. Son recetas que pertenecen más al ámbito doméstico que al restaurante y que todavía se transmiten dentro de las familias.
Caminar por una vega completamente llana
El término municipal es prácticamente plano, algo que se nota en cualquier paseo fuera del casco urbano. Varias vías pecuarias y caminos agrícolas atraviesan los cultivos siguiendo el trazado de acequias y pequeños regueros.
Uno de esos caminos sale desde el propio pueblo y avanza entre parcelas de cultivo y alineaciones de chopos hasta acercarse a la ribera del Genil. No hay apenas desnivel, así que se camina sin dificultad. En los tramos más tranquilos es fácil ver aves ligadas a los regadíos y a las zonas húmedas de la vega, aunque el ruido del cercano aeropuerto y de la autovía forma parte del paisaje sonoro del lugar.
Cómo situarse
Cijuela está en la Vega de Granada, a pocos kilómetros al oeste de la capital. Se llega fácilmente por carretera desde la autovía que atraviesa la comarca.
El pueblo se recorre en poco tiempo. Si te interesa entender la vega, merece la pena salir a pie por alguno de los caminos agrícolas: allí se ve mejor cómo funciona el sistema de acequias y cómo la vida del municipio sigue muy ligada al ritmo de los cultivos.