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sobre La Malahá
Conocida históricamente por sus salinas y aguas termales; pueblo con rica historia romana y árabe cerca de la capital
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Hablar de turismo en La Malahá obliga primero a mirar la Vega de Granada. Este pueblo se asienta en uno de los llanos agrícolas más fértiles de la provincia, a poca distancia de la capital, en un territorio marcado por acequias históricas y parcelas de cultivo que llevan siglos organizando el paisaje. Las casas encaladas y las calles sencillas responden a esa lógica agrícola: un núcleo compacto rodeado de tierra trabajada. En días claros, hacia el este, la línea de Sierra Nevada aparece al fondo.
El nombre del lugar suele relacionarse con las antiguas salinas que hubo en la zona, activas ya en época andalusí. La sal tuvo peso en la economía local durante siglos, aunque hoy el entorno inmediato está dominado por cultivos de la vega: olivares dispersos, cereales y huertas que cambian bastante de aspecto según la estación.
Patrimonio y estructura urbana
La iglesia de San Blas ocupa el centro del pueblo. El edificio se levanta sobre una construcción del siglo XVI, muy transformada con el paso del tiempo, especialmente en época moderna. No es un templo monumental, pero su torre funciona como referencia visual cuando uno se acerca por los caminos de la vega.
Alrededor se organiza el casco urbano más antiguo. Las calles son cortas y en algunos tramos todavía mantienen trazados estrechos, con viviendas de una o dos plantas y patios interiores, una solución habitual en los pueblos de esta parte de Granada para sobrellevar los veranos largos.
La plaza del Ayuntamiento concentra buena parte de la vida diaria. No tiene grandes pretensiones urbanísticas, pero actúa como punto de reunión: bancos, movimiento de vecinos y ese ritmo tranquilo de los pueblos de la vega donde casi todo queda a pocos minutos andando.
En los alrededores el paisaje se abre enseguida. La Malahá está rodeada por una llanura agrícola que permite leer bien cómo funciona la vega: acequias que distribuyen el agua, caminos entre parcelas y cultivos que van alternando según la temporada. En primavera predominan los verdes intensos; a finales de verano y en otoño aparecen tonos más secos y dorados.
Caminos y paseos por la vega
Los alrededores del pueblo se prestan a caminar sin demasiada planificación. Hay caminos agrícolas que conectan con otras localidades cercanas de la Vega de Granada y que atraviesan zonas de cultivo y pequeñas elevaciones. No son rutas señalizadas como tal, pero se usan desde siempre para moverse entre fincas.
Estos recorridos permiten observar detalles que a menudo pasan desapercibidos desde la carretera: el sistema de acequias, los márgenes de las parcelas o las pequeñas construcciones agrícolas dispersas. Cuando el día está despejado, Sierra Nevada aparece como fondo constante hacia el sureste.
Las acequias y las zonas de cultivo también atraen bastante vida de aves, sobre todo en los cambios de estación. Con algo de paciencia se pueden ver especies asociadas a ambientes agrícolas y de ribera.
Moverse en bicicleta por estos caminos también es habitual entre los vecinos. El terreno es bastante llano, lo que facilita recorridos tranquilos por la vega.
Fiestas y vida local
Las celebraciones más arraigadas del pueblo están vinculadas a su patrón, San Blas. Las fiestas suelen celebrarse a comienzos de febrero y combinan actos religiosos con actividades organizadas por el propio municipio y asociaciones locales. No son fiestas grandes, pero sí momentos importantes en el calendario del pueblo.
La Semana Santa también tiene presencia en las calles de La Malahá, con procesiones de carácter muy local, sostenidas sobre todo por la participación de los propios vecinos.
En verano el ambiente cambia bastante. Agosto suele traer verbenas, música y el regreso de muchas familias que viven fuera durante el resto del año. Durante esos días el pueblo gana movimiento, algo que contrasta con la calma habitual del resto del año.
Cómo llegar y cuándo acercarse
La Malahá se encuentra a unos 25 kilómetros de Granada capital, en el sector occidental de la Vega de Granada. El acceso más habitual es por la A‑92 en dirección a Sevilla, tomando después el desvío hacia la zona de Alhendín y continuando por carretera local.
La primavera y el otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por los caminos de la vega. En verano el calor aprieta a mediodía, algo normal en esta parte de la provincia, así que conviene moverse temprano por la mañana o cuando empieza a caer la tarde. En invierno el paisaje es más sobrio, pero permite ver con claridad la estructura agrícola que define todo el entorno.