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sobre Monachil
Municipio que alberga la estación de esquí de Sierra Nevada; famoso por la ruta de los Cahorros y su entorno natural
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Hay un momento en la ruta de Los Cahorros cuando te agachas para pasar por un túnel de roca y piensas: “vale, ya entiendo por qué la gente habla tanto del turismo en Monachil”. Llevas un buen rato caminando por el fondo del desfiladero, el río Monachil sonando al lado, y de repente te das cuenta de que llevas toda la tarde sin mirar el móvil. Ni lo echas de menos. Ese es el truco de este sitio: te desconecta sin ponerse solemne ni hablarte de mindfulness.
El pueblo que se fue de excursión y nunca volvió
Monachil es como ese amigo que siempre está en varios sitios a la vez. El casco antiguo está aquí, a pocos kilómetros de Granada, con su iglesia antigua y calles empinadas donde el coche entra con cuidado y a veces casi mejor aparcar abajo y subir andando.
Luego está Barrio de la Vega, más llano, pegado a la huerta granadina. Si llegas sin mirar mucho el mapa, te da la sensación de estar ya en el área urbana de Granada.
Y más arriba aparece otro mundo: Pradollano, en Sierra Nevada. En invierno aquello se llena de gente con esquís al hombro y ambiente de estación de montaña. En verano cambia bastante: edificios grandes, menos movimiento y ese aire de lugar que vive sobre todo cuando hay nieve.
La gracia de Monachil es justo esa mezcla. En pocos kilómetros pasas de huertas a montaña seria.
Los Cahorros o cómo perderse sin GPS
La ruta de Los Cahorros es lo que pone a Monachil en el mapa. Y cuando la haces entiendes por qué.
El recorrido se mete en un desfiladero estrecho donde el sendero va saltando de un lado a otro del río. Hay pasarelas de madera, puentes colgantes que se mueven bastante más de lo que te gustaría la primera vez, y tramos donde te ayudas con cadenas clavadas en la roca.
No hace falta ser montañero experto, pero tampoco es un paseo de parque urbano. Calzado decente, agua y algo de paciencia si vas en fin de semana. A ratos el sendero se estrecha y cuando hay mucha gente se forman pequeñas colas, sobre todo en los puentes.
Si vas con críos o simplemente te apetece algo más corto, mucha gente llega hasta la zona de las Chorreras y vuelve. Así te llevas buena parte del paisaje sin meterte en la circular completa.
Y un consejo que parece obvio pero no siempre se cumple: deja las chanclas en el coche. El terreno tiene piedras, humedad y algún tramo resbaladizo.
Cuando baja la nieve y sube el guiso
Cuando llega el invierno todo este municipio gira bastante alrededor de la nieve. Mucha gente duerme en Granada o en los pueblos de alrededor y sube a esquiar por el día, así que Monachil se mueve entre ese ir y venir de coches que van hacia Sierra Nevada.
En esos meses también aparece mucho plato contundente en las mesas. En la zona es tradicional la olla de San Antón, que suele llevar garbanzos, arroz, espinacas y partes del cerdo. Comida de cuchara seria, de las que te dejan listo para una siesta.
También es fácil encontrar platos muy de Granada, como el remojón de naranja con bacalao. La mezcla al principio desconcierta, pero funciona.
Si haces senderismo por la mañana y luego comes algo de este estilo, el plan queda bastante redondo.
Un municipio partido en tres paisajes
Lo que me gusta de Monachil es que cambia rápido de escenario.
Puedes empezar el día en el pueblo, con la montaña bastante cerca y ese ambiente tranquilo de calles en cuesta. Bajar después hacia la vega, donde el paisaje se abre entre huertas y acequias. Y terminar arriba, en la zona de Sierra Nevada, donde el terreno ya es claramente de alta montaña.
La iglesia de la Encarnación ocupa uno de los puntos visibles del pueblo y suele aparecer en cualquier paseo por el centro. Y cerca está también el llamado Puente de los Siete Ojos, una construcción antigua sobre el río que muchos vecinos mencionan cuando hablan de la historia del lugar.
En verano las fiestas de agosto suelen concentrar a medio pueblo y a bastante gente que vuelve esos días. Música, casetas, procesión… el ambiente típico de fiesta grande en un municipio cercano a la capital.
Cómo llegar y cuándo venir
Desde Granada capital el trayecto es corto. Coges la carretera que sube hacia Sierra Nevada y en unos minutos empiezan a aparecer los desvíos hacia Monachil.
Para hacer Los Cahorros conviene madrugar un poco, sobre todo en fines de semana y festivos. No tanto por el calor —el desfiladero tiene bastante sombra— sino porque el sendero se llena y pierde parte de la gracia.
Si en invierno piensas seguir carretera arriba hacia Sierra Nevada, revisa antes el estado del tráfico y del tiempo. Cuando hay nevadas fuertes, el acceso puede complicarse y a veces piden cadenas o neumáticos adecuados.
Monachil no es el pueblo más espectacular de Andalucía si lo miras solo por las casas o las plazas. Pero tiene algo que engancha: en media hora pasas de la ciudad a un desfiladero estrecho, y un poco más arriba ya estás en plena montaña.
Es ese tipo de sitio al que vuelves porque siempre te queda una ruta pendiente un poco más arriba. Y eso, al final, pesa más que cualquier foto bonita.