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sobre Pinos Genil
Pintoresco pueblo atravesado por el río Genil camino a la Sierra; parada clásica para comer y disfrutar del río
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A primera hora, cuando el tráfico hacia Sierra Nevada todavía es escaso, el río Genil se oye antes de verlo. Baja rápido, entre piedras redondeadas y choperas, y ese sonido constante acompaña el paseo por Pinos Genil casi en todo momento. Este pequeño municipio de la Vega de Granada queda justo en ese punto donde la vega empieza a cerrarse y la carretera se adentra en la montaña.
El pueblo ronda los mil seiscientos habitantes y mantiene una escala fácil de recorrer a pie. Desde Granada se llega en unos veinte minutos por la carretera que sube hacia Sierra Nevada; al entrar, el olor cambia ligeramente: más pino, más humedad en invierno, más polvo seco cuando aprieta el verano.
Las calles no siguen un trazado demasiado ordenado. Se adaptan a la pendiente del valle, con tramos estrechos donde el asfalto se ondula y las fachadas encaladas reflejan una luz muy dura al mediodía.
El contorno del pueblo: iglesia, cuestas y la vega al fondo
En el centro está la iglesia parroquial dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, que suele situarse en torno al siglo XVI. Es un edificio sencillo, de muros blancos y tejado de teja, integrado en la plaza sin grandes gestos arquitectónicos. A determinadas horas del día la sombra del campanario cae sobre la fachada y refresca un poco el espacio.
El casco urbano se recorre en poco tiempo, pero conviene hacerlo despacio. Hay calles cortas que suben con pendiente y pequeñas placetas donde aparecen macetas, parras o bancos pegados a la pared. En algunos giros del camino, entre una casa y otra, se abre de pronto la vista hacia la Vega de Granada: una llanura amplia, con cultivos y caminos rectos, que contrasta con las lomas cubiertas de pinos que rodean el pueblo.
No hay miradores formales. Las mejores vistas aparecen casi por accidente, al asomarse desde una esquina alta o desde un tramo de calle donde el terreno cae de golpe hacia el valle.
Caminos entre pinos y el curso del Genil
El entorno inmediato de Pinos Genil es muy caminable. Pinares, olivares dispersos y senderos de tierra conectan con otros pueblos cercanos como Dúdar o Quéntar. Muchos de estos caminos se han usado durante décadas para moverse entre fincas o entre municipios.
Son rutas que suelen poder hacerse en media jornada. El terreno alterna sombra de pinar con tramos abiertos donde el sol cae fuerte, especialmente desde finales de primavera. En días claros, al levantar la vista aparecen las cumbres de Sierra Nevada al fondo, a veces todavía con nieve mientras aquí abajo ya huele a tierra seca.
A lo largo del camino es fácil encontrar detalles pequeños: resina en los troncos de los pinos, romero y tomillo en los márgenes, piedras cubiertas de líquenes en las zonas más húmedas.
Paseos tranquilos y fotografía de paisaje
Más que un lugar de actividades intensas, Pinos Genil funciona bien para caminar sin prisa. Los caminos que salen del pueblo permiten enlazar varios tramos y regresar sin necesidad de grandes desniveles.
Quien venga con cámara suele fijarse en la luz de la tarde. Cuando el sol baja, las lomas empiezan a marcar sombras largas y Sierra Nevada se dibuja con más claridad en el horizonte. En invierno el aire suele ser más limpio y las montañas aparecen más nítidas; en verano la calima a veces suaviza el perfil.
En el pueblo, la cocina doméstica sigue girando en torno a platos contundentes de la zona: habas con jamón cuando es temporada, guisos de verduras o aceitunas aliñadas que muchas familias preparan en casa.
Fiestas y costumbres que siguen el calendario local
Las celebraciones religiosas siguen marcando momentos concretos del año. En agosto se celebran las fiestas en honor a Nuestra Señora de la Asunción, cuando las calles se llenan más de lo habitual y el ambiente se vuelve claramente vecinal.
En octubre suele celebrarse la Virgen del Rosario, también con actos ligados al calendario religioso. Y en Semana Santa, las procesiones recorren las calles con cuestas del pueblo, un trazado que obliga a avanzar despacio entre giros cerrados y pendientes.
En invierno todavía es común que algunas familias mantengan la matanza del cerdo en el ámbito doméstico, una costumbre ligada más a la tradición familiar que a cualquier tipo de celebración pública.
Cómo llegar y cuándo conviene pasar
Desde Granada capital se llega por la carretera A‑395 en dirección a Sierra Nevada. El trayecto es corto y sigue el valle del Genil, con tramos donde el río aparece muy cerca de la carretera.
Dentro del pueblo hay calles estrechas y con bastante pendiente. Si vienes en coche, suele ser más cómodo aparcar en las zonas de entrada y terminar el recorrido caminando.
Los fines de semana de invierno, cuando mucha gente sube a la estación de esquí, el tráfico en la carretera puede ser intenso a ciertas horas. Si prefieres un paseo tranquilo por el pueblo o los caminos cercanos, la mañana entre semana o el final de la tarde suelen ser momentos más calmados.
Aquí no hace falta correr. Basta con caminar un rato junto al río, subir alguna de las cuestas del casco y dejar que el sonido del agua y el olor de los pinos marquen el ritmo del paseo.