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sobre Pulianas
Municipio comercial y residencial del área metropolitana; alberga grandes superficies comerciales y zonas verdes
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Hablar de turismo en Pulianas obliga a empezar por el agua. El canal del río Fardes llega hasta aquí después de recorrer varios kilómetros de acequias desde su desvío en Deifontes. La obra empezó a finales del siglo XVII y no se completó hasta bien entrado el XIX. No fue una construcción rápida: cada comunidad de labradores abría su tramo a mano, con la expectativa de que, algún día, el agua alcanzaría también sus tierras.
El canal sigue en uso. Riega buena parte de la vega que rodea el pueblo y todavía se puede caminar por algunos de los caminos que lo acompañan. A ratos aparecen muros de piedra seca y lindes antiguas que recuerdan cómo se parceló este terreno tras la expulsión morisca de 1570.
La alquería que se convirtió en pueblo
Pulianas aparece en textos árabes como Bulyāna, una pequeña alquería agrícola dedicada sobre todo a cereales y olivos. Tras la conquista castellana de 1492, las familias moriscas continuaron trabajando la tierra durante décadas, hasta la rebelión de las Alpujarras y las expulsiones que siguieron. Los nuevos colonos encontraron un paisaje ya organizado: acequias derivadas del Fardes, bancales en las laderas y un sistema de riego que todavía marca la forma de muchas parcelas.
El municipio actual se completó con la unión de Pulianas y Pulianillas a mediados del siglo XX. Aun así, el pueblo mantiene cierta división interna: el núcleo más antiguo se agrupa alrededor de la iglesia de San José, mientras que las zonas residenciales más recientes se han ido extendiendo hacia la carretera que conecta con Granada. Entre ambos espacios sobreviven parcelas agrícolas e invernaderos que recuerdan que la vega sigue siendo parte de la vida cotidiana.
Una torre que no es lo que parece
En el cerro de San Cristóbal se levanta una torre con la fecha de 1706 grabada en uno de sus lados. La cronología es tardía, pero su lenguaje arquitectónico remite a una tradición mudéjar muy arraigada en la Vega de Granada. El ladrillo y las arquerías ciegas recuerdan el trabajo de alarifes que siguieron utilizando técnicas heredadas del periodo islámico.
Desde el cerro se entiende bien la posición del pueblo: una loma suave entre la vega cultivada y las sierras bajas que rodean Granada. La torre parece haber tenido funciones de control visual del territorio, algo habitual en este entorno de caminos agrícolas y rutas hacia la capital. Hoy se llega por un sendero de tierra que sale cerca del cementerio. No hay señalización ni infraestructura; es más bien un mirador informal.
El Cristo de la Era y otras historias
En el antiguo camino hacia Granada se encuentra el llamado Cristo de la Era. El conjunto, probablemente del siglo XVIII, marca un cruce de caminos que durante mucho tiempo articuló los accesos a las heredades cercanas. La imagen de Cristo, de factura popular, conserva ese tipo de expresividad directa que suele aparecer en esculturas devocionales rurales.
Durante años circuló la historia de que en este lugar habían aparecido lápidas romanas con inscripciones latinas. Algunos autores locales ya cuestionaron esa idea hace siglos y no parece que exista documentación clara que la confirme. Lo que sí se conserva es un capitel de mármol procedente de la sierra cercana, relacionado con un convento desaparecido que estuvo en las inmediaciones.
La huella del agua
El canal del Fardes explica buena parte del paisaje de Pulianas. Sin esa derivación de agua, esta franja de la vega sería mucho más seca. Con ella, en cambio, se consolidó una agricultura intensiva que todavía se reconoce en los cultivos de hortaliza y en los invernaderos que rodean el municipio.
La gestión del agua sigue un sistema tradicional de turnos entre regantes. Las acequias secundarias, compuertas y desagües distribuyen el caudal por parcelas que rara vez son rectangulares: muchas lindes siguen la lógica del agua más que la de un plano geométrico.
Quien tenga curiosidad por este tipo de paisaje agrícola puede acercarse al llamado camino del azud. A lo largo de unos kilómetros se ve cómo el canal se abre en ramales y cómo se reparte el riego por la vega.
Cómo llegar y qué saber
Pulianas está a pocos kilómetros de Granada y se llega en coche en unos minutos por la autovía que atraviesa la vega. También hay conexión de autobús con la capital, aunque los horarios suelen ser más escasos los fines de semana.
El recorrido por el pueblo es breve. Se puede empezar en la iglesia de San José, subir después hacia el cerro de San Cristóbal y terminar caminando por alguno de los caminos de la vega en dirección al Cristo de la Era.
En primavera el entorno agrícola está especialmente activo. En verano conviene moverse temprano: el calor en la Vega de Granada suele apretar a partir del mediodía. Si se va a caminar por los caminos de riego, mejor llevar agua y tener en cuenta que muchos de ellos siguen siendo vías de trabajo para los agricultores.