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sobre Quéntar
Pueblo serrano camino de Sierra Nevada; famoso por su embalse y la representación de Moros y Cristianos
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Quéntar aparece cuando la Vega de Granada empieza a plegarse hacia Sierra Nevada. El pueblo queda en esa zona de transición donde el llano agrícola se rompe en laderas y barrancos. A unos 880 metros de altitud y con alrededor de un millar de habitantes, mantiene una relación muy directa con el agua y con los cultivos en terrazas que rodean el casco urbano.
Durante siglos la vida aquí dependió de ese equilibrio: pequeños bancales, acequias y caminos que conectaban el pueblo con la sierra. Todavía se percibe en la forma del paisaje y en la disposición de las casas.
Un pueblo levantado en cuesta
El casco urbano se adapta a la pendiente. Las calles son cortas y a menudo empinadas, con tramos donde apenas cabe un coche. Las casas encaladas y las puertas de madera responden a un modelo muy extendido en esta parte de la provincia, pensado para proteger del calor en verano y aprovechar el sol en invierno.
En algunos portales aún se ven piezas de piedra labrada reutilizadas, señal de reformas sucesivas sobre viviendas más antiguas. Los patios interiores siguen teniendo una función práctica: sombra, agua cercana y espacio para guardar aperos o leña.
La iglesia de la Encarnación
En el centro del pueblo se levanta la iglesia de la Encarnación. El edificio actual se empezó a levantar en el siglo XVI, dentro de la tradición mudéjar que se extendió por buena parte del antiguo Reino de Granada tras la conquista castellana.
Ha tenido reformas posteriores, sobre todo en época barroca. El interior es sencillo, aunque conserva algunos retablos de ese periodo. Más que por su tamaño, la iglesia llama la atención por su posición: ocupa uno de los puntos más visibles del casco urbano y marca el eje de la plaza.
El agua en la vida cotidiana
En un territorio de secanos y laderas, las fuentes siempre han tenido un papel central. La Fuente de los Caños, cerca de la plaza, fue durante mucho tiempo lugar de paso obligado para recoger agua o abrevar animales.
También recuerda la importancia de las acequias que bajan desde la sierra. Parte del sistema de riego que alimenta huertas y pequeños cultivos procede de esa red histórica, adaptada con el tiempo pero todavía reconocible en los márgenes del pueblo.
El embalse y los caminos hacia la sierra
A pocos kilómetros se encuentra el embalse de Quéntar. Su construcción cambió el paisaje del valle y hoy forma parte de la imagen habitual de la zona. El acceso a la orilla depende de los caminos disponibles en cada momento, pero suele haber pistas y senderos usados por vecinos para pasear o acercarse al agua.
Desde el propio pueblo salen también caminos agrícolas que suben hacia Sierra Nevada. Algunos coinciden con antiguos recorridos de pastores y con tramos de senderos de largo recorrido que atraviesan la provincia. El paisaje alterna olivares en bancales, monte bajo y barrancos donde la vegetación se vuelve más densa.
Calendario y vida local
El calendario festivo mezcla celebraciones religiosas y reuniones vecinales. Las fiestas patronales dedicadas a la Virgen de la Encarnación suelen celebrarse a finales del invierno o comienzos de la primavera. En esas fechas hay procesiones y actividades organizadas por asociaciones del pueblo.
La Semana Santa tiene una presencia modesta pero muy participada. En mayo es habitual ver cruces adornadas con flores en distintos rincones. Y durante el verano se organizan varios días de fiesta que coinciden con la vuelta de muchas familias que viven fuera el resto del año.
La cocina cotidiana gira alrededor del aceite de oliva de la zona, además de platos contundentes que responden al trabajo en el campo: migas, guisos y potajes según la temporada.
Cómo llegar desde Granada
Quéntar se encuentra a menos de media hora en coche desde la ciudad de Granada. La carretera que sube hacia el embalse conecta el pueblo con la Vega y con otros núcleos del entorno.
El acceso es sencillo, aunque los últimos kilómetros ya anuncian el cambio de paisaje: la vega queda atrás y empiezan las curvas que conducen hacia la sierra. El pueblo se recorre a pie sin dificultad, siempre con la cuesta como compañera.