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sobre Alcalá del Río
Importante núcleo histórico junto al Guadalquivir con una presa destacada y restos arqueológicos de la antigua Ilipa Magna
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Alcalá del Río está a poca distancia de Sevilla, en plena Vega del Guadalquivir. El pueblo se levanta sobre un cerro que domina un gran meandro del río, una posición que explica casi todo lo que ha ocurrido aquí desde la Antigüedad. Bajo las calles actuales estuvo Ilipa Magna, un asentamiento romano vinculado al control del tráfico fluvial y a las tierras fértiles de la vega. El río sigue marcando el paisaje: huertas, cultivos de regadío y, aguas abajo, la presa levantada a comienzos del siglo XX, cuya fábrica de ladrillo rojo se reconoce desde lejos.
El cerro donde estuvo Ilipa Magna
Subir hasta el entorno del Peñón del Alcázar ayuda a entender por qué este lugar ha estado habitado durante tantos siglos. Desde la loma se domina el valle del Guadalquivir y las tierras de cultivo que se extienden hacia el norte. Los romanos levantaron aquí Ilipa Magna, una ciudad ligada al comercio agrícola y al paso de mercancías por el río.
En varias calles del casco antiguo —sobre todo en la zona de Mesones y Sol— han aparecido restos que apuntan al trazado urbano romano. No es un yacimiento monumental en el sentido clásico; lo que queda está integrado en el propio pueblo. Algunos tramos de muralla se conservan visibles y permiten hacerse una idea del perímetro defensivo que protegía el asentamiento.
La iglesia de Santa María de la Asunción ocupa uno de los puntos más altos. El edificio actual es principalmente del siglo XVIII, levantado sobre estructuras anteriores que, según suele señalarse, sustituyeron a la mezquita medieval. En su interior se conserva la imagen del Cristo del Buen Fin, una talla que la tradición local relaciona con el escultor flamenco Roque Balduque, activo en Sevilla en el siglo XVI, aunque la atribución no siempre aparece documentada con la misma claridad.
Junto al presbiterio está la Real Capilla de San Gregorio de Osset, vinculada al obispo visigodo que dio nombre al antiguo topónimo del lugar. La tradición sitúa aquí su sepultura. Cada septiembre el pueblo celebra sus fiestas en torno a esta advocación, con varios días de feria en las plazas del casco urbano.
El río y la presa
El Guadalquivir explica la economía histórica de Alcalá del Río. Durante siglos fue vía de comunicación y fuente de pesca, además de asegurar el riego de la vega. A comienzos del siglo XX se construyó la presa de Alcalá del Río, parte del sistema hidráulico del bajo Guadalquivir. Su silueta, con torres y muros de ladrillo, se ha convertido en uno de los perfiles más reconocibles del municipio.
El embalse suaviza el curso del río en este tramo. En las orillas todavía es frecuente ver pescadores y pequeños embarcaderos improvisados. Entre la vegetación de ribera sobreviven especies habituales del Guadalquivir —barbos, bogas o albures— que forman parte de la cocina local desde hace generaciones.
En la ribera quedan también caminos que siguen antiguos trazados de servicio del río. Algunos se usan hoy para caminar o ir en bicicleta. Desde ahí se observan bien los distintos puentes que cruzan el Guadalquivir en este punto y el contraste entre el casco antiguo, elevado sobre el cerro, y la vega cultivada que lo rodea.
Una cocina marcada por el río y la huerta
La cocina de Alcalá del Río tiene dos pilares claros: el pescado de agua dulce y los productos de la vega. El albur frito es quizá el plato más conocido en el entorno del bajo Guadalquivir, preparado de forma sencilla, con harina y aceite. También aparecen guisos tradicionales donde entran verduras de temporada, como los potajes con calabaza.
En las casas siguen siendo habituales los dulces ligados al calendario religioso: torrijas en Semana Santa, pestiños o elaboraciones similares que se guardan durante semanas en latas o recipientes grandes, una costumbre muy extendida en los pueblos de la vega.
Fiestas y tradiciones
La Semana Santa tiene una larga tradición en Alcalá del Río. Las hermandades parten del cerro y recorren calles estrechas que descienden hacia el río. Una de las imágenes más conocidas es la del Cristo del Buen Fin, que procesiona en Martes Santo.
El calendario festivo continúa en verano y principios de otoño con celebraciones dedicadas a San Gregorio de Osset, patrón del municipio. Durante esos días el centro se llena de casetas y música, y muchas familias regresan al pueblo aunque vivan fuera.
El término municipal incluye además Esquivel y San Ignacio del Viar, poblados de colonización levantados a mediados del siglo XX dentro de los planes de transformación agraria del valle. Sus trazados rectilíneos y las casas bajas responden a ese urbanismo agrícola planificado que todavía define buena parte de la vega sevillana.
Cómo recorrer el pueblo
Alcalá del Río se visita sin prisa en una mañana. Lo más lógico es empezar por el casco antiguo, subir hacia la zona del cerro y después bajar hacia el río y la presa.
Conviene fijarse en algunos detalles de la arquitectura popular: casas encaladas con patios interiores, corrales de vecinos y calles que se adaptan a la pendiente del cerro. Desde los miradores naturales junto a la iglesia se entiende bien la relación entre el pueblo, el Guadalquivir y la vega que lo rodea. Es, al final, la misma relación que ya aprovecharon romanos, visigodos y agricultores durante siglos.