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sobre Almodóvar del Río
Pueblo dominado por un imponente castillo medieval que vigila el valle del Guadalquivir y ofrece vistas espectaculares además de un entorno natural perfecto para actividades al aire libre
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Desde la carretera que baja de Córdoba hacia el oeste, el castillo de Almodóvar del Río se recorta contra el cielo como una proa de piedra. No es una aparición decorativa; su posición en la cima del cerro que domina un meandro del Guadalquivir fue durante siglos una cuestión de control. Los omeyas levantaron aquí una fortaleza en el siglo VIII para vigilar el paso por el valle con antelación.
La colina redonda
El nombre lo dice: Al‑Mudawwar, “lo redondo” en árabe, describe la forma del cerro sobre el que se asienta. El pueblo blanco parece haberse ido acomodando en la ladera, siempre a la sombra de la fortaleza. Esta relación es la clave. Tras la conquista cristiana del siglo XIII, el castillo mantuvo su valor estratégico, pasando por distintas manos nobiliarias y periodos de abandono.
El aspecto que vemos hoy responde en gran medida a una restauración de principios del siglo XX impulsada por el conde de Torralva. Aquella intervención, muy de su tiempo, buscaba una imagen medieval completa. Algunos elementos, como ciertos almenados o torreones, responden más a una idea romántica de fortaleza que a una reconstrucción arqueológica estricta. Aun así, subir tiene sentido. Desde las torres se lee el territorio: la campiña hacia el norte, el curso ancho del Guadalquivir al sur, y en días despejados, la lejana silueta de Córdoba. La altura explica por qué este lugar fue ocupado desde antiguo; hubo asentamientos romanos vinculados al río, aunque los restos visibles son ahora escasos.
El caserío a pie de cerro
El casco urbano es pequeño y su ritmo es tranquilo. La iglesia de Santa María, muy reformada en el siglo XVIII, ocupa el solar de la antigua mezquita. En algunas fachadas quedan escudos de piedra de los siglos XVII y XVIII, vestigios de familias que estuvieron ligadas a la administración señorial del lugar.
Lo que mejor conserva la huella del pasado es el trazado de algunas calles que trepan hacia el cerro. En sus giros estrechos y pendientes pronunciadas se adivina el diseño de un asentamiento andalusí, pensado para el paso de personas y animales, no para coches.
La vida se concentra en torno al mercado y la calle Real. Almodóvar es, ante todo, un pueblo agrícola de la vega, ligado a los cultivos de cítricos. En primavera, el aroma del azahar llena el aire y el castillo, visto desde las calles bajas, parece flotar sobre una franja verde.
Calendario local
A finales de agosto suele celebrarse la romería de San Bartolomé, en una ermita a las afueras. Es una jornada campestre, más centrada en la comida compartida y el encuentro vecinal que en un espectáculo para foráneos.
En verano, a veces se organizan actividades en el castillo: representaciones históricas o conciertos en el patio de armas. El aforo es limitado y el ambiente, por ello, suele ser recogido.
La Semana Santa tiene también peso aquí. La procesión del Silencio mantiene un tono sobrio, con el cortejo avanzando de noche por las calles del centro.
Subir y caminar
Desde el pueblo sale una carretera que sube al cerro y también un camino para hacerlo a pie. La subida andando es corta pero empinada en algún tramo; con calor, conviene llevar agua.
Una vez arriba, el paseo por el adarve es lo que mejor explica la geografía. El Guadalquivir serpentea al pie y hacia el oeste se abre la lámina del embalse. Suele haber rapaces planeando sobre los cortados rocosos.
Para alargar el paseo, se puede seguir alguno de los caminos que bordean el río y el embalse. Son recorridos llanos entre vegetación de ribera y cultivos, donde a veces asoman restos de antiguas infraestructuras fluviales.
Cómo llegar y cuándo ir
Almodóvar del Río está a poca distancia de Córdoba por la carretera que sigue el valle del Guadalquivir. Hay servicio de autobús interurbano, aunque las frecuencias no son altas.
El castillo abre casi todo el año, pero los horarios cambian según la temporada. Conviene confirmar antes de ir.
La primavera es quizá el momento más vivo, con los naranjos en flor y un tiempo que permite caminar sin el calor intenso del verano cordobés. En invierno hay más tranquilidad, aunque en la cima del cerro suele soplar un viento fresco que baja de Sierra Morena.
Almodóvar se ve sin prisa en una mañana o una tarde. La lógica es simple: subir al castillo, mirar el valle desde arriba y entender por qué esta colina redonda fue una pieza clave durante siglos.