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sobre Lora del Río
Importante centro agrícola del Valle del Guadalquivir con un santuario en la sierra y patrimonio barroco
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Llegas por la A-431 y el olor a azahar se nota antes de entrar al pueblo cuando los naranjos están en flor. Lora del Río queda pegada al Guadalquivir. Aparcar en el centro no es fácil. Calles estrechas y pocas plazas. El aparcamiento del mercado suele llenarse pronto, así que conviene dejar el coche algo más lejos y entrar andando.
El castillo y lo que queda de él
Se sube por la Cuesta del Castillo. Diez minutos de subida tranquila. Arriba no hay mucho: dos torres y varios tramos de muralla. Nada más. Aun así la vista sobre la vega ayuda a entender dónde estás. Todo alrededor son parcelas de naranjos y algo de olivar hasta el río.
El ayuntamiento a veces abre la torre del homenaje los fines de semana, pero no siempre. Si está cerrada, te quedas fuera y listo.
Al bajar aparece la Iglesia de la Asunción. Es el edificio más serio del pueblo. Portada renacentista, torre barroca y dentro varias imágenes conocidas en la zona. La iglesia suele abrir por la mañana y a última hora de la tarde, aunque depende bastante del día. Si coincide con misa, entras sin problema.
Setefilla y el rastro antiguo
A unos 12 kilómetros está el cerro de Setefilla, donde hubo asentamientos tartésicos. La carretera llega bien hasta casi el final. Los últimos kilómetros son pista. Si ha llovido se pone pesada.
Arriba queda un yacimiento discreto. Bases de casas, algo de muralla y poco más. Sin paneles claros cuesta entender lo que estás viendo. Eso sí, la posición sobre el Guadalquivir es buena. Lleva agua. Allí no hay sombra ni servicios.
De vuelta en Lora puedes recorrer varias iglesias en un paseo corto. San Pedro, San Sebastián y el antiguo convento de la Concepción quedan cerca unas de otras. La mayoría del tiempo están cerradas. El convento hoy funciona como residencia y a veces dejan pasar un momento al claustro si preguntas.
Comer como se come aquí
En el centro salen gazpachos de Lora, algo distintos a los de Córdoba. Llevan más especia. Se nota el comino y la mejorana del campo. Te lo sirven con pan y aceitunas, sin más ceremonia.
En fechas de Semana Santa aparecen los pestiños. Masa frita con miel, bastante contundente. El resto del año todavía se ven torrijas hechas con vino de naranja.
Ese vino tiene historia local. Un cura del siglo XIX probó a macerar piel de naranja en vino blanco y la idea quedó. Hoy lo siguen haciendo algunas casas del pueblo. No suele salir de aquí.
Cuándo ir y cuándo evitarlo
En mayo suele celebrarse la romería de Setefilla. Mucha gente se mueve hacia el santuario y los caminos se llenan de carretas y coches. Aparcar se complica.
Agosto trae la feria de San Roque. Calor fuerte y música hasta tarde en el recinto ferial. Si buscas silencio, no es el momento.
En septiembre llegan las fiestas de los Remedios. Menos ruido que en agosto, pero el pueblo está en la calle con procesiones y fuegos.
La primavera funciona mejor. Temperatura llevadera y la vega todavía verde. En pleno verano el calor aprieta de verdad.
Consejo antes de venir
Lora del Río no tiene grandes monumentos ni un casco histórico largo. Se ve rápido. Aparca arriba, baja andando, sube al castillo y da una vuelta por las iglesias.
Si después te acercas a Setefilla ya tienes el día hecho. Luego vuelves a la autovía y en menos de una hora estás en Sevilla. Aquí la vida sigue más o menos igual: naranjos, campo y un pueblo que nunca ha necesitado llamar demasiado la atención.