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sobre Morés
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En el corazón de la Comunidad de Calatayud, donde las tierras aragonesas se extienden en suaves ondulaciones entre viñedos y campos de cereal, se encuentra Morés, una pequeña localidad que conserva intacto el espíritu de la España interior. Con apenas 332 habitantes y situada a 443 metros de altitud, esta aldea representa la esencia más auténtica del turismo rural aragonés, donde el tiempo parece transcurrir a un ritmo diferente.
Morés invita a descubrir los paisajes silenciosos de la comarca bilbilitana, esos territorios que fueron testigo del paso de romanos y musulmanes, y que hoy ofrecen al viajero la oportunidad de desconectar en un entorno donde la tradición rural sigue viva. Sus calles empedradas y sus casas de piedra y ladrillo mudéjar narran historias centenarias, mientras que los campos circundantes dibujan un mosaico de colores que cambia con las estaciones.
Qué ver en Morés
El patrimonio arquitectónico de Morés refleja siglos de historia aragonesa. La iglesia parroquial, dedicada a San Juan Bautista, constituye el principal monumento del pueblo. Este templo, con elementos que se remontan al siglo XVI, presenta características del gótico tardío y ha sido testigo de la vida religiosa y social de la comunidad durante generaciones. Su torre campanario, visible desde varios kilómetros de distancia, se ha convertido en un símbolo del municipio.
Paseando por el casco urbano, llama la atención la arquitectura popular aragonesa, con casas que conservan elementos tradicionales como portadas de piedra, balcones de forja y aleros de madera. Algunas construcciones mantienen la estructura típica de las viviendas rurales de la zona, con corrales y bodegas excavadas que recuerdan la importancia histórica de la agricultura y la ganadería.
Los alrededores de Morés ofrecen paisajes característicos de la meseta aragonesa. Los viñedos que rodean el pueblo forman parte de la Denominación de Origen Calatayud, y durante el otoño regalan una paleta de colores ocres y rojizos que convierten cualquier paseo en una experiencia visual memorable. Las antiguas eras, donde antaño se trillaba el cereal, permanecen como testigos silenciosos de la vida agrícola tradicional.
Qué hacer
Morés es un punto de partida ideal para descubrir la riqueza natural y cultural de la Comunidad de Calatayud. Los amantes del senderismo encuentran en sus alrededores numerosas rutas que serpentean entre viñedos, campos de almendros y pequeñas elevaciones desde las que se obtienen panorámicas espectaculares del territorio bilbilitano.
La observación de aves es otra actividad destacada en la zona. Los campos cerealistas y los pequeños sotos que acompañan a los arroyos estacionales albergan especies típicas de los ecosistemas esteparios aragoneses. Durante la primavera y el otoño, es posible avistar aves migratorias que utilizan estos territorios como zona de descanso.
La gastronomía local merece una atención especial. Los productos de la tierra, desde las verduras de las huertas familiares hasta los vinos de la denominación de origen, permiten degustar sabores auténticos. Los guisos tradicionales aragoneses, elaborados con legumbres y carnes de la zona, representan una cocina de raíces profundas que habla del carácter de estas tierras.
Las rutas en bicicleta por los caminos rurales ofrecen otra perspectiva del paisaje, permitiendo llegar hasta pequeñas ermitas y miradores naturales desde los que contemplar la inmensidad de la meseta aragonesa.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Morés mantiene vivas las tradiciones rurales aragonesas. Las fiestas patronales en honor a San Juan Bautista se celebran a finales de junio, convirtiendo el pueblo en un escenario de actividades populares donde los vecinos y visitantes comparten jornadas de convivencia. Durante estos días, las calles se engalanan y se organizan actividades tradicionales que incluyen música, bailes regionales y degustaciones de productos locales.
En agosto, coincidiendo con las fiestas de verano, el pueblo revive con la celebración de eventos que combinan tradición y diversión. Los más jóvenes organizan actividades deportivas, mientras que los mayores mantienen vivas las costumbres transmitidas de generación en generación.
Las tradiciones vinícolas cobran especial relevancia durante el otoño, cuando la vendimia marca el ritmo de vida del pueblo. Aunque las formas de trabajo han evolucionado, aún se conservan rituales y celebraciones relacionadas con la recolección de la uva.
Información práctica
Para llegar a Morés desde Zaragoza, se debe tomar la A-2 en dirección Madrid hasta la salida de Calatayud, y desde allí seguir por carreteras locales durante aproximadamente 15 kilómetros. El trayecto total desde la capital aragonesa es de unos 90 kilómetros y se completa en poco más de una hora.
una de las mejores época para visitar Morés es durante la primavera y el otoño, cuando las temperaturas son más suaves y los colores del paisaje ofrecen su máximo esplendor. Los meses de abril, mayo, septiembre y octubre resultan especialmente recomendables para disfrutar de actividades al aire libre.
Es aconsejable llevar calzado cómodo para caminar por las calles empedradas y por los senderos rurales. También conviene informarse previamente sobre los horarios de visita de la iglesia parroquial y otros monumentos, especialmente fuera de las fechas festivas.