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sobre Peralta de Calasanz
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En el corazón de la comarca oscense de La Litera se alza Peralta de Calasanz, una pequeña localidad de 273 habitantes que invita a descubrir la esencia más auténtica del Aragón rural. Ubicada a 523 metros de altitud, esta tranquila aldea ofrece un refugio perfecto para quienes buscan desconectar del ritmo acelerado de la ciudad y sumergirse en paisajes de suaves colinas y campos de cereales que se extienden hasta el horizonte.
Su nombre evoca la histórica relación con la figura de San José de Calasanz, y el término "Peralta" hace referencia a su posición elevada que domina el territorio circundante. Recorrer sus calles es adentrarse en una España silenciosa y contemplativa, donde el tiempo parece discurrir a otro ritmo y donde cada rincón conserva la memoria de generaciones de agricultores y pastores que han moldeado este paisaje con paciencia y dedicación.
Qué ver en Peralta de Calasanz
El patrimonio arquitectónico de Peralta de Calasanz refleja la sobriedad y funcionalidad características de los pueblos aragoneses de interior. Su iglesia parroquial, dedicada a San Miguel Arcángel, constituye el elemento más destacado del conjunto urbano. Este templo, de factura modesta pero armoniosa, conserva elementos que nos hablan de la devoción popular y la tradición constructiva local.
Pasear por el casco urbano permite descubrir la arquitectura tradicional aragonesa, con viviendas de piedra y adobe que han sabido adaptarse al clima continental de la zona. Las fachadas encaladas y los aleros de madera dibujan un paisaje urbano de gran serenidad, donde predominan las líneas horizontales y los volúmenes sencillos.
Los alrededores del municipio ofrecen amplias panorámicas sobre la comarca de La Litera, con sus campos de cultivo que cambian de color según las estaciones. Desde diversos puntos elevados del término municipal se pueden contemplar las tierras de labor que se extienden hacia el sur, salpicadas por masías aisladas y pequeñas arboledas que rompen la horizontalidad del paisaje.
Qué hacer
El senderismo encuentra en Peralta de Calasanz un punto de partida ideal para explorar los caminos rurales que conectan con localidades vecinas. Las rutas a pie permiten descubrir ermitas rurales, antiguos caminos de herradura y observar de cerca la fauna y flora típicas de la estepa aragonesa, especialmente rica en aves esteparias.
La gastronomía local se basa en los productos de la tierra, con especial protagonismo de los cereales y las legumbres cultivadas en la comarca. Los platos tradicionales incluyen guisos consistentes, migas aragonesas y repostería casera que refleja la influencia de la cocina del valle del Ebro. Las bodegas familiares conservan tradiciones vinícolas menores pero auténticas.
La zona es perfecta para la práctica de la fotografía rural y el turismo ornitológico, especialmente durante las migraciones. Los aficionados a la astronomía encontrarán en las noches despejadas de Peralta un cielo limpio de contaminación lumínica, ideal para la observación de estrellas.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Peralta de Calasanz mantiene vivas las tradiciones aragonesas más arraigadas. Las fiestas patronales en honor a San Miguel Arcángel se celebran a finales de septiembre, coincidiendo con el final de las labores de recolección. Durante estos días, el pueblo se viste de gala con procesiones, bailes tradicionales y comidas populares que reúnen a vecinos y visitantes.
La festividad de San José de Calasanz, en agosto, rinde homenaje al santo que da nombre al municipio. Esta celebración combina los actos religiosos con actividades culturales que ponen en valor la historia local y las tradiciones pedagógicas asociadas al santo.
Durante el invierno, la matanza del cerdo mantiene vivas las tradiciones gastronómicas familiares, mientras que la llegada de la primavera se celebra con pequeñas romerías a ermitas cercanas, momentos ideales para disfrutar del despertar de la naturaleza en la comarca.
Información práctica
Para llegar a Peralta de Calasanz desde Huesca, se debe tomar la carretera A-131 en dirección a Lleida y, tras recorrer unos 45 kilómetros, desviarse hacia el interior siguiendo las indicaciones locales. El trayecto dura aproximadamente 50 minutos y ofrece hermosas vistas de la campiña aragonesa.
una de las mejores época para visitar el municipio abarca desde la primavera hasta el otoño, evitando los meses más crudos del invierno. Los meses de mayo y junio resultan especialmente atractivos por la floración de los campos, mientras que septiembre ofrece la belleza de los paisajes dorados tras la cosecha.
Es recomendable informarse previamente sobre el alojamiento en la zona, ya que la oferta se concentra en localidades cercanas de mayor tamaño. Los servicios básicos están garantizados, pero conviene prever las necesidades específicas antes de la visita. El respeto por el entorno rural y las costumbres locales contribuirá a una experiencia más enriquecedora para todos.