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sobre Tarazona
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En el corazón de la comarca de Tarazona y el Moncayo, a los pies de la imponente mole del monte que da nombre a la región, se alza una de las ciudades más fascinantes de Aragón. Tarazona, con sus 10.565 habitantes, es un auténtico museo al aire libre donde cada piedra cuenta una historia de más de dos mil años. Desde su fundación como Turiaso en época romana hasta convertirse en sede episcopal en el siglo XII, esta villa ha sabido preservar un patrimonio arquitectónico excepcional que la ha merecido el reconocimiento como Conjunto Histórico-Artístico.
La ciudad del Queiles, como también se la conoce por el río que la atraviesa, ofrece al viajero una experiencia única donde conviven armoniosamente el arte mudéjar, el gótico y el renacimiento. Sus calles empedradas y sus miradores naturales invitan a perderse entre siglos de historia, mientras que su privilegiada ubicación a 480 metros de altitud la convierte en el punto de partida perfecto para explorar los tesoros naturales del Moncayo.
Qué ver en Tarazona
La Catedral de Tarazona constituye sin duda el gran tesoro de la ciudad. Esta joya del arte aragonés, construida entre los siglos XII y XVI, combina de forma magistral el estilo mudéjar con elementos góticos y renacentistas. Su claustro mudéjar, considerado uno de los más bellos de España, y su impresionante cimborrio son visitas imprescindibles. La torre campanario, de origen mudéjar, se alza como un faro sobre el casco histórico.
El Palacio Episcopal, anexo a la catedral, alberga un importante conjunto de tapices flamencos del siglo XVI que narran la vida de Alejandro Magno. La Iglesia de la Magdalena, con su característica torre mudéjar octogonal, es otro exponente destacado del arte mudéjar turiasonense.
No podemos olvidar la Plaza de Toros Vieja, una de las más singulares de España por estar integrada en el entramado urbano. Sus casas forman un octógono irregular donde los balcondes de madera hacen las veces de tendidos, creando un espectáculo arquitectónico destacado en el mundo taurino.
El Ayuntamiento, situado en la Plaza de España, destaca por su fachada renacentista decorada con medallones de los Reyes Católicos. Desde aquí parte la Calle Mayor, arteria principal del casco histórico que conserva bellos ejemplos de arquitectura civil aragonesa.
Para disfrutar de vistas panorámicas, nada como subir al Castillo de Tarazona, cuyos restos coronan el cerro de Santa Cruz, o visitar el Mirador de la Atalaya, desde donde se contempla toda la vega del Queiles con el Moncayo como telón de fondo.
Qué hacer
Tarazona es el punto de partida ideal para explorar el Parque Natural del Moncayo. Las rutas de senderismo que parten desde la localidad de Ágreda o desde el santuario del Moncayo ofrecen experiencias para todos los niveles, desde paseos familiares hasta ascensiones al pico del Moncayo (2.314 metros), el techo del Sistema Ibérico.
El río Queiles proporciona agradables paseos ribereños, especialmente recomendables en primavera y verano. Los amantes de la fotografía encontrarán en sus meandros y en la vegetación de ribera motivos excepcionales.
La gastronomía local merece una mención especial. Los productos de la huerta del Queiles, las carnes de cordero y ternasco, y los vinos de la Denominación de Origen Campo de Borja conforman una oferta culinaria que refleja la riqueza de esta tierra de transición entre la meseta castellana y el valle del Ebro. Los dulces tradicionales, como las trenzas de Tarazona, son el colofón perfecto para cualquier comida.
Los mercados semanales mantienen viva la tradición comercial de la ciudad, ofreciendo productos locales y artesanía de la comarca. Las bodegas de los alrededores organizan visitas y catas que permiten conocer los secretos de los vinos del Moncayo.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo tarazonense está marcado por celebraciones que hunden sus raíces en siglos de tradición. Las Fiestas de San Atilano, patrón de la ciudad, se celebran a mediados de septiembre con procesiones, eventos culturales y actividades para toda la familia.
En agosto, las Fiestas del Cipotegato convierten la ciudad en un hervidero de alegría y color. Esta singular tradición, donde un personaje ataviado con traje multicolor es perseguido por las calles mientras esquiva los tomates que le lanzan los vecinos, ha sido declarada Fiesta de Interés Turístico de Aragón.
La Semana Santa tarazonense destaca por sus procesiones, que recorren el casco histórico creando un ambiente de especial recogimiento. Las cofradías locales mantienen vivas tradiciones centenarias que se remontan al siglo XVI.
Información práctica
Tarazona se encuentra a 87 kilómetros de Zaragoza, siguiendo la A-68 hasta la salida de Tudela y después la N-121. Desde la capital aragonesa, el trayecto en coche no supera la hora y cuarto. También existe conexión regular de autobús.
una de las mejores época para visitar Tarazona es la primavera y el otoño, cuando las temperaturas son más suaves y la naturaleza circundante luce en todo su esplendor. Los veranos pueden ser calurosos, aunque las tardes son perfectas para pasear por el casco histórico.
Se recomienda dedicar al menos un día completo para conocer el patrimonio de la ciudad, y otro para explorar los alrededores del Moncayo. La oficina de turismo, situada en la Plaza de San Francisco, proporciona información detallada sobre rutas, horarios de monumentos y actividades programadas.