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sobre Jatiel
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A primera hora la calle está vacía y el aire todavía guarda algo de humedad de la noche. El silencio es tan limpio que se oye un tractor arrancando en algún campo cercano. Así empieza muchas veces el turismo en Jatiel, un pueblo pequeño del Bajo Martín donde el paisaje entra en el casco urbano sin pedir permiso.
Con menos de medio centenar de vecinos, Jatiel mantiene un ritmo muy sencillo. Casas bajas, algunas con adobe antiguo, otras rehechas con ladrillo y cemento. Nada parece nuevo del todo, pero casi todo sigue en uso. Aquí la vida gira alrededor de las parcelas de cereal, de los olivos dispersos y de los huertos que aparecen detrás de las tapias.
La luz sobre los campos del Bajo Martín
El terreno alrededor del pueblo es abierto. Desde cualquier borde del casco urbano se ven los campos estirándose hacia el horizonte. En primavera el color cambia cada semana: primero los verdes suaves del cereal joven, luego las manchas rojas de las amapolas que aparecen entre los surcos.
Al amanecer la luz llega horizontal y levanta un polvo fino en los caminos agrícolas. En verano, en cambio, todo se vuelve más seco y dorado. Conviene caminar temprano o al final de la tarde; al mediodía el calor cae sin mucha sombra donde refugiarse.
La iglesia y la pequeña plaza
La iglesia parroquial dedicada a San Miguel ocupa el centro del pueblo. No es grande. La fachada es sobria y el campanario, más bien discreto, sobresale lo justo sobre los tejados.
La plaza que la rodea funciona como punto de encuentro. Algunas puertas se abren directamente a este espacio, y no es raro ver sillas sacadas a la calle cuando baja el sol. Dentro de la iglesia se conservan elementos antiguos, aunque el conjunto es sencillo y muy ligado a la vida cotidiana del pueblo.
Casas hechas para el clima
Pasear por Jatiel es recorrer dos o tres calles principales y algunos callejones cortos. Los balcones de hierro oscuro aparecen aquí y allá, con barrotes gruesos. Los aleros de madera sobresalen bastante, pensados para proteger del sol fuerte del verano.
En muchas viviendas todavía se distinguen corrales o antiguos espacios para animales. Esa mezcla de casa y trabajo agrícola sigue formando parte del paisaje del pueblo.
Caminos que salen del pueblo
No hay rutas señalizadas ni paneles. Lo que hay son caminos agrícolas que salen entre las últimas casas. Algunos bajan hacia pequeños barrancos secos; otros avanzan rectos entre parcelas de cultivo.
Al caminar se oyen sobre todo pájaros de campo abierto. Terreras, cogujadas y alguna rapaz que planea muy alto cuando el aire empieza a calentarse. Es un territorio amplio, sin demasiados árboles, donde el cielo ocupa casi todo.
Por la noche la sensación cambia. La iluminación es escasa y el cielo se llena de estrellas con bastante claridad, sobre todo en los meses fríos cuando el aire suele estar más limpio.
Cuándo acercarse y cómo llegar
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para recorrer el entorno. La temperatura es más suave y el paisaje tiene más contraste. En verano el calor aprieta a partir del mediodía, así que conviene madrugar si se quiere caminar por los caminos.
Jatiel se encuentra en la comarca del Bajo Martín, a cierta distancia de Teruel capital. Lo habitual es llegar por carreteras comarcales pasando por localidades más grandes de la zona antes de tomar los últimos kilómetros por vías secundarias. En los tramos finales el paisaje se abre mucho y las casas del pueblo aparecen de golpe, bajas y compactas sobre la llanura.
Las fiestas dedicadas a San Miguel suelen celebrarse hacia finales de septiembre. Son días tranquilos, con actos sencillos organizados por los propios vecinos. En un lugar tan pequeño, cualquier celebración se nota enseguida en la plaza.