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sobre Benasque
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A las siete de la mañana, el río Ésera baja cargado de agua de deshielo y su ruido entra por las ventanas de muchas casas del casco antiguo. Esa presencia constante del río importa más de lo que parece: el pueblo vive pendiente de la montaña y del agua que baja de ella. A esa hora ya se ven montañeros cruzando la plaza Mayor con bastones y mochilas. Muchos van hacia el macizo de la Maladeta y el Aneto. Antes de subir, todos pasan por aquí; Benasque funciona como la última localidad grande del valle antes de los tresmiles.
Un valle que no se vació
Benasque debe su forma actual a la geografía. El valle es largo y encajado entre montañas altas, con poco terreno llano para cultivar. Durante siglos la economía se apoyó en la ganadería y en una agricultura de subsistencia que nunca fue abundante.
Como ocurrió en buena parte del Pirineo aragonés, en el siglo XX muchos habitantes se marcharon a ciudades como Huesca, Zaragoza o Barcelona. La diferencia es que aquí el proceso no vació del todo el pueblo. A partir de la segunda mitad del siglo pasado la actividad de montaña empezó a atraer trabajo: primero con el desarrollo del esquí en Cerler y después con el montañismo, los refugios y los servicios asociados al valle.
Hoy el municipio ronda los dos mil y pico habitantes y mantiene vida durante todo el año, algo cada vez menos frecuente en pueblos pirenaicos de tamaño similar.
Piedra gruesa y casas pensadas para el invierno
La iglesia de Santa María la Mayor ayuda a entender cómo se construía en un valle donde la nieve pesa. El edificio tiene origen románico —probablemente del siglo XI— aunque ha sufrido reformas posteriores, especialmente después de un incendio ocurrido en el siglo XX. La nave es sencilla y los muros son gruesos, pensados más para resistir que para lucirse.
En la misma plaza está la torre de Casa Juste, una construcción defensiva del siglo XVI. Su aspecto macizo responde a una época en la que las casas fuertes servían tanto de vivienda como de refugio. Las pequeñas aberturas en el muro recuerdan ese uso. Sigue siendo propiedad privada, así que normalmente solo se observa desde fuera, pero basta con rodearla para entender su función dentro del antiguo núcleo del pueblo.
Pasear por las calles cercanas permite ver otros detalles de arquitectura ribagorzana: portadas de piedra tallada, balcones de madera y tejados muy inclinados para que la nieve no se acumule.
El Aneto y el macizo de la Maladeta
Desde distintos puntos del valle se intuye la masa del Aneto, que con 3.404 metros es la cima más alta de los Pirineos. Bajo su cara norte resiste todavía un glaciar que, como el resto de glaciares pirenaicos, se reduce año tras año.
El acceso habitual a la montaña parte de La Besurta, en la cabecera del valle. Desde allí se camina hasta el refugio de La Renclusa en menos de una hora. La ascensión completa al Aneto es una jornada larga de alta montaña y termina con el conocido paso de Mahoma, una cresta estrecha de bloques de granito donde hay que avanzar usando las manos.
Quien no busca cumbre suele moverse por otros valles laterales como Estós o Vallibierna, donde los senderos atraviesan bosques de pino y zonas de pasto antes de entrar en terreno de granito y lagos de origen glaciar.
Cocina de valle
La cocina tradicional responde al clima. Los platos son contundentes y pensados para jornadas largas de frío o de trabajo en el campo.
El cordero aparece con frecuencia en guisos lentos con patata y verduras. También es habitual la trucha del Ésera, preparada de forma sencilla, normalmente a la plancha. En invierno la matanza del cerdo sigue siendo una práctica doméstica en muchas casas del valle, de la que salen longanizas, chorizos y otras conservas.
Entre los dulces más conocidos está la llamada tarta de Benasque, un pastel de bizcocho, crema y merengue que recuerda a ciertas elaboraciones del otro lado de los Pirineos.
Cómo llegar y moverse por el valle
Benasque se encuentra en el extremo norte de la Ribagorza. No tiene ferrocarril, así que el acceso habitual es por carretera desde Barbastro siguiendo el valle del Ésera.
El casco antiguo se recorre a pie sin dificultad. En temporada alta el tráfico se regula en algunas zonas del centro y muchos visitantes dejan el coche en aparcamientos situados en la entrada del pueblo.
Para subir a la cabecera del valle, hacia La Besurta, en verano suele haber limitaciones al tráfico privado en las horas de mayor afluencia. En esos casos se habilita transporte lanzadera desde distintos puntos del valle. Si se piensa caminar por la montaña conviene llevar mapa detallado: el relieve es complejo y el tiempo cambia rápido incluso en días aparentemente estables.