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sobre Cadrete
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Cadrete se reconoce desde lejos por el cerro que domina el valle del Huerva. Sobre esa elevación se levanta el castillo. La imagen no es casual. Durante siglos, quien controlaba este punto vigilaba el paso natural entre Zaragoza y las tierras del interior. La fortificación ya existía en época andalusí, probablemente en el siglo X, y pasó a manos cristianas tras la toma de Zaragoza por Alfonso I en 1118.
El castillo y el cerro
Lo que hoy se conoce como Castillo de Cadrete es, en realidad, una gran torre del siglo XV levantada sobre restos anteriores. La fortaleza islámica ocupaba una superficie mayor en la parte alta del cerro. Las excavaciones han señalado estructuras que apuntan a un recinto más complejo, con dependencias militares y espacios de uso religioso.
La torre conservada, de planta cuadrada y fábrica de mampostería, funciona casi como una casa fuerte. No responde al modelo de castillo fronterizo con grandes murallas concéntricas. Desde arriba se entiende bien el motivo de su ubicación: el valle del Huerva queda abierto hacia Zaragoza y el paso es fácil de vigilar.
El acceso no siempre tiene paneles o explicaciones detalladas. Conviene fijarse en los muros. En algunos puntos aparecen sillares reutilizados y arranques de estructuras más antiguas.
Al pie del cerro, el barrio de San Blas conserva el trazado irregular que suele aparecer en los asentamientos medievales adaptados a la pendiente. Las calles bajan buscando el fondo del valle. Muchas casas mezclan ladrillo y piedra, materiales habituales en esta zona del valle del Ebro.
El monasterio de Santa Fe
A unos tres kilómetros del núcleo urbano está el Monasterio de Santa Fe. Su origen se sitúa en el siglo XIV, vinculado a la familia de los Urrea. Con el tiempo pasó a manos cistercienses.
El edificio que se ve hoy responde sobre todo a reformas de época moderna. La iglesia es sobria, con nave única y cabecera recta. No es un conjunto monumental en el sentido más espectacular del término, pero ayuda a entender cómo funcionaban estos establecimientos monásticos ligados al territorio.
El pinar que rodea el monasterio forma parte de esa historia. Tradicionalmente se ha relacionado con plantaciones impulsadas por la propia comunidad monástica para obtener madera y fijar el terreno.
Cada primavera suele celebrarse una romería hasta el lugar. La gente sube andando desde el pueblo o desde los caminos cercanos y pasa allí buena parte del día. Más que un acto ceremonial rígido, funciona como reunión colectiva.
Un municipio pegado a Zaragoza
Cadrete pertenece a la Comarca Central y hoy supera los cuatro mil seiscientos habitantes. Esa cifra explica bastante bien su situación actual. El crecimiento llegó sobre todo en las últimas décadas, cuando muchas familias comenzaron a instalarse aquí y a desplazarse a diario a Zaragoza.
La capital queda muy cerca por carretera. Eso ha convertido al municipio en un lugar residencial para quienes trabajan en la ciudad pero prefieren vivir fuera de ella. Aun así, siguen presentes elementos muy propios de un pueblo: las peñas durante las fiestas, el uso habitual del frontón o la vida diaria alrededor de la plaza.
En la plaza de Aragón hubo durante años un busto dedicado a Abderramán III que generó bastante discusión local. La escultura se retiró hace poco tiempo, aunque se mantuvo la referencia histórica al paso del califa por la fortaleza en el siglo X. El episodio refleja bien un debate habitual en lugares con pasado andalusí: cómo explicar esa herencia sin convertirla en decorado.
Lo que se cocina en casa
La cocina local sigue muy ligada a los productos del entorno. El ternasco asado aparece con frecuencia en celebraciones y comidas familiares. También son habituales platos de huerta como las borrajas guisadas con patata y huevo.
En invierno se preparan dulces de tradición doméstica, entre ellos tortas elaboradas con manteca y chicharrones. Son recetas antiguas, asociadas al tiempo de matanza.
Cuando llegan las fiestas o algunas celebraciones ligadas al calendario agrícola, la plaza se llena de mesas largas y comida sencilla. Migas, vino de la zona y platos preparados en cuadrilla. El ambiente recuerda que Cadrete sigue teniendo vínculos fuertes con el campo que lo rodea.
Recorrer el entorno
El cerro del castillo se sube en pocos minutos desde el centro. Merece la pena hacerlo andando para entender cómo se organiza el pueblo alrededor de la ladera.
Desde Cadrete salen también varios caminos que recorren el valle del Huerva. Algunos siguen antiguas pistas agrícolas entre olivares y secanos; otros avanzan junto al río. Son recorridos sencillos y bastante utilizados por la gente de la zona para caminar o ir en bicicleta.
El acceso más directo desde Zaragoza se hace por la autovía que sigue el valle del Huerva. Una vez en el pueblo, lo más práctico es dejar el coche cerca del centro y moverse a pie. Las distancias son cortas y la relación entre el castillo, el casco urbano y el paisaje se entiende mejor así.