Artículo completo
sobre Bisimbre
Ocultar artículo Leer artículo completo
A primera hora, cuando el sol todavía está bajo, la torre de la iglesia de Bisimbre sobresale entre los campos como una referencia mínima en mitad de la llanura. El aire suele oler a tierra húmeda si ha llovido la noche anterior. A esa hora apenas pasa nadie por las calles. Solo alguna persiana que se abre y el ruido lejano de un tractor arrancando.
Bisimbre, en la comarca del Campo de Borja, es uno de esos pueblos pequeños que aparecen casi sin aviso entre viñas y parcelas de cereal. Viven menos de cien personas. El caserío se agrupa en torno a la iglesia y unas pocas calles que se curvan suavemente. No hay monumentos llamativos ni movimiento constante. Lo que hay es silencio, paredes de piedra y ladrillo, y la sensación de que el ritmo lo marcan las estaciones del campo.
Se llega desde Zaragoza por la A‑68 hasta Mallén y después por carreteras comarcales. Son unos 70 kilómetros. Conviene llegar con lo básico resuelto: combustible, agua y algo de comida si se piensa caminar por los alrededores. En verano el sol cae directo sobre los campos y apenas hay sombra fuera del pueblo.
El trazado de una aldea que sigue su propio ritmo
Las calles de Bisimbre son cortas y algo irregulares. Algunas conservan tramos de piedra y otras alternan cemento con parches de asfalto. Las fachadas mezclan ladrillo rojizo y muros más antiguos, con puertas de madera que han oscurecido con los años.
La iglesia de San Juan Bautista ocupa el centro. No es grande. El campanario se ve desde los caminos que rodean el pueblo y todavía marca algunas horas del día. A media tarde, cuando el sol cae por el oeste, la luz se queda pegada a la pared lateral y resalta las juntas del ladrillo.
Cerca hay pequeños espacios abiertos con bancos de hormigón o piedra. A veces alguien se sienta un rato al caer la tarde. Otras veces no hay nadie y solo se oye el viento pasando entre los cables y las antenas de los tejados.
Campos abiertos alrededor del pueblo
El término de Bisimbre es agrícola. Trigo, cebada y viñedo ocupan casi todo el paisaje. En primavera los campos cambian rápido de color y el verde llega hasta el borde mismo del pueblo. En agosto el terreno se vuelve pardo y el aire arrastra polvo cuando pasa maquinaria.
Las viñas forman parte de la zona vitivinícola de Campo de Borja. No todas las parcelas están cerca del casco urbano, pero en los caminos de alrededor se ven hileras de cepas bien alineadas. En otoño las hojas se vuelven rojizas y el suelo queda cubierto de sarmientos cortados.
Si el día está claro, desde algunos caminos se distingue el perfil del Moncayo hacia el noroeste, algo difuminado por la distancia.
Caminar por los caminos agrícolas
No hay rutas señalizadas en Bisimbre. Lo habitual es seguir los caminos de tierra que usan los agricultores. Salen desde varios puntos del pueblo y se internan entre parcelas largas y bastante abiertas.
El terreno es llano, aunque el suelo puede tener grava suelta o barro después de lluvias. Un calzado cerrado ayuda. En verano conviene salir temprano o esperar al final de la tarde: a mediodía el calor aprieta y no hay árboles donde resguardarse.
Las distancias engañan un poco porque el paisaje es muy abierto. Lo que parece cerca a veces requiere más tiempo del que uno calcula.
Comida de casa y productos del entorno
En el pueblo no hay locales funcionando de manera continua. La cocina que se mantiene aquí es la de las casas: embutidos de matanza cuando llega el invierno, guisos con patata, verduras de huerta y cordero que suele prepararse en ocasiones señaladas.
Las viñas de alrededor recuerdan que esta zona vive en parte del vino. Las bodegas más activas están en pueblos cercanos, pero basta acercarse a un campo de cepas para ver cómo se trabaja la viña baja, recortada casi a ras del suelo para resistir el viento y el calor del verano.
Fiestas y momentos del año
Las fiestas patronales suelen celebrarse en verano, cuando regresan vecinos que viven fuera. Durante esos días la plaza se llena más de lo habitual y por la noche hay música o reuniones que se alargan.
A finales de septiembre empieza el movimiento de la vendimia en los campos cercanos. Tractores con remolques cargados de uva cruzan los caminos y el olor dulce de la fruta aparece en algunos puntos del término.
Cómo llegar y cuándo acercarse
Desde Zaragoza el acceso más directo es por la A‑68 hasta Mallén y luego por carretera local. El trayecto ronda la hora en coche.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para pasear por los caminos. El campo cambia de color y la temperatura permite caminar sin esfuerzo. En julio y agosto el calor puede ser fuerte a partir del mediodía, así que lo más sensato es madrugar o salir cuando el sol empieza a bajar.