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sobre Borja
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El Ecce Homo de Cecilia Giménez sigue ahí, custodiado por un cartel que advierte: “No tocar la pared”. La pintura original de 1930 apenas asoma bajo la capa que la octogenaria aplicó en 2012, convencida de que restauraba un fresco desvaído. El resultado recuerda más a un oso de peluche que a un Cristo y, sin pretenderlo, colocó a Borja en el mapa mundial. El pueblo recibió decenas de miles de visitantes aquel año. Muchos llegaban por el meme; bastantes menos sabían que estaban entrando en una de las ciudades históricas del Campo de Borja.
De Bursao a Borja: una ciudad que se reinventa
La posición del lugar explica su historia. El cerro del Castillo domina un llano amplio y fértil. Allí se asentaron comunidades celtíberas varios siglos antes de nuestra era y llamaron al lugar Bursao. Desde esa altura se vigilaba el paso natural entre el valle del Ebro y las tierras del interior.
Roma aprovechó esa misma lógica. En las cercanías, en el paraje de El Rácano, se han documentado restos de una villa. Después llegaron los musulmanes, que levantaron una fortificación conocida como La Zuda. De aquel conjunto queda algún tramo de muro integrado hoy en la Colegiata.
Alfonso I el Batallador tomó la plaza en 1121. El fuero permitió la convivencia de comunidades distintas durante un tiempo: cristianos, musulmanes y judíos dentro del mismo recinto amurallado. La guerra de los Pedros, ya en el siglo XIV, dejó la ciudad muy dañada. En el XV hubo una reorganización urbana promovida por la Corona. El trazado actual mezcla calles estrechas heredadas del periodo andalusí con casas renacentistas y portales de acceso abiertos en los siglos posteriores.
La Colegiata y el poder de los Borja
La Colegiata de Santa María ocupa uno de los puntos más altos del casco urbano. El edificio actual es sobre todo barroco, consecuencia de una gran reforma tras el incendio de 1775. El interés está también en lo que simboliza dentro de la historia local.
La familia Borja —los mismos que en Italia se conocerían como Borgia— no procedía de Aragón. Su origen está en Xàtiva. Llegaron a estas tierras en la Edad Media y fueron acumulando poder y propiedades. En Borja nació en 1503 Francisco de Borja, duque de Gandía y más tarde jesuita, hoy canonizado.
En el interior de la colegiata se conserva un retablo mayor de alabastro policromado dedicado a la Virgen. Su lenguaje escultórico mira todavía al siglo anterior, algo que en torno a 1600 ya resultaba algo anticuado. Desde el atrio se abre la vista sobre el Campo de Borja. Los viñedos ocupan buena parte del paisaje. La garnacha es la variedad dominante y forma parte de la economía local desde hace generaciones.
Entre viñedos y murallas
El territorio que rodea Borja está marcado por el viñedo. Varias bodegas de la comarca elaboran vinos con denominación de origen y algunas permiten visitas concertadas. El ambiente es más agrícola que turístico; la actividad gira en torno al trabajo del campo.
Dentro del casco antiguo aún se reconocen tramos de muralla. Durante siglos rodearon la ciudad y controlaron los accesos. Se conservan varios portones. El Arco de la Carrera, abierto en el siglo XVI, sigue funcionando como una de las entradas naturales al centro.
Desde el paseo que discurre junto a la muralla la vista se abre hacia el Moncayo. La montaña marca el horizonte norte y condiciona el clima de toda la comarca. En invierno suele verse nevada mientras abajo la tierra rojiza de los viñedos permanece seca.
El meme que salvó una parroquia
La historia del Ecce Homo ya forma parte del relato local. En 2012 Cecilia Giménez decidió retocar un fresco pintado en 1930 por Elías García Martínez. No pidió autorización y el resultado se difundió por internet a una velocidad inesperada.
Lo que comenzó como motivo de burla terminó generando una curiosidad difícil de prever. Las visitas ayudaron a financiar trabajos en la capilla del Santuario de la Misericordia donde se encuentra la pintura. El fresco original permanece bajo la intervención posterior. Retirarla implicaría tocar un episodio que ya forma parte de la memoria reciente del pueblo.
El cartel pide respeto. Aun así, la mayoría llega con el móvil preparado.
Cómo llegar y moverse por el pueblo
Borja está a algo menos de noventa kilómetros de Zaragoza, hacia el oeste, en dirección al Moncayo. El acceso más habitual se hace por carretera. El coche se puede dejar junto al perímetro del casco histórico y continuar a pie.
El centro se recorre en poco tiempo. La colegiata, algunos palacios urbanos, el antiguo torreón asociado a los Borja y el teatro construido en el siglo XX marcan las paradas más claras.
Quien tenga ganas de caminar puede subir hasta el Santuario de la Misericordia, a las afueras. La subida es constante pero corta. Desde arriba se entiende bien la geografía del Campo de Borja: una llanura cultivada, abierta hacia el Ebro y vigilada por el Moncayo. Esa relación entre monte, viña y ciudad explica buena parte de la historia del lugar.