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sobre Mallén
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Mallén está en el extremo occidental de la provincia de Zaragoza, casi en la frontera con Navarra y muy cerca del curso del Huecha. Pertenece a la comarca del Campo de Borja, un territorio agrícola marcado por el cereal, la vid y los olivares. En un paisaje bastante llano, donde los pueblos suelen crecer sin demasiados alardes arquitectónicos, sorprende encontrar un palacio de proporciones notables levantado por una familia que, en origen, no pertenecía a la nobleza.
En el siglo XVIII los Zapata decidieron construir aquí su residencia. No era una casa grande más, sino un edificio pensado para mostrar posición social. Los Zapata eran juristas y funcionarios vinculados a la administración borbónica, una familia de letrados que prosperó en la maquinaria del Estado. El palacio resume bien ese momento histórico en el que ciertas élites locales empezaron a consolidar su poder a través del servicio a la Corona.
El palacio que no esperas
El Palacio de los Zapata domina la plaza Mayor. Es un edificio del siglo XVIII levantado en piedra y ladrillo, con fachada simétrica y escudo heráldico en la parte superior. Lo primero que sorprende es la escala: resulta grande para un pueblo de este tamaño, como si quisiera afirmar su presencia en el centro del casco urbano.
En el interior se conserva una escalera de gran desarrollo —tradicionalmente descrita como imperial— realizada en mármol rojizo, y también una capilla privada decorada con pinturas que parecen posteriores a la construcción original. Más allá de los detalles ornamentales, el edificio interesa por lo que representa: el ascenso social de una familia que consolidó su posición en el siglo XVIII.
El palacio fue protegido como monumento a mediados del siglo XX y hoy pertenece al municipio. Suele utilizarse para actividades culturales y exposiciones temporales.
Una iglesia hecha de varias épocas
La iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Ángeles es un edificio construido por capas. El núcleo más antiguo corresponde al siglo XII: durante unas obras en el siglo XX apareció el ábside románico original, que había quedado oculto tras reformas posteriores.
A finales del siglo XVI se amplió el templo con nuevas naves laterales, adaptándolo a las necesidades de una población mayor. En el siglo XVIII llegaron las intervenciones barrocas que terminaron de definir el aspecto actual del interior.
El resultado es un conjunto difícil de encasillar en un solo estilo. El románico permanece en el corazón del edificio, mientras que la organización espacial responde más bien a una ampliación renacentista y la decoración pertenece en gran parte al barroco.
El santuario del Puig de Francia
A cierta distancia del casco urbano, en un cerro que domina los campos de alrededor, se levanta el santuario de la Virgen del Puig de Francia. La advocación se vincula a una tradición local que habla de una imagen llegada desde tierras francesas, aunque el edificio que se ve hoy parece corresponder sobre todo a obras de época moderna.
El camino hasta el santuario atraviesa campos de cultivo y es parte importante de la relación del pueblo con el lugar. Cada septiembre, coincidiendo con la festividad de la Virgen, los vecinos suben hasta el cerro en procesión. Más que un acto pensado hacia fuera, funciona como una celebración interna del calendario local.
Un antiguo convento a las afueras
En las afueras de Mallén se conservan los restos de un antiguo convento franciscano fundado a comienzos del siglo XVII. Como ocurría con muchas fundaciones de la orden, se situó algo apartado del núcleo habitado.
El conjunto mantiene la iglesia y dependencias conventuales organizadas alrededor de un claustro sencillo. La arquitectura es sobria, acorde con la tradición franciscana, aunque en el interior hubo elementos barrocos añadidos con el tiempo.
Tras las desamortizaciones del siglo XIX el convento perdió su función original. Aun así, el edificio ha llegado hasta hoy y permite entender cómo estos espacios religiosos articulaban el territorio alrededor de los pueblos.
Un paseo breve por el pueblo
Mallén se recorre sin dificultad a pie. El eje natural es la plaza Mayor y las calles que salen de ella, donde todavía se reconoce la estructura tradicional del casco antiguo.
El paseo junto al Huecha marca el límite del núcleo urbano. El río tiene un caudal irregular y en muchos momentos del año apenas lleva agua, algo habitual en esta cuenca.
Quien pase por Mallén suele dedicar una hora larga a recorrer el centro histórico y acercarse, si apetece caminar un poco más, al cerro del Puig. El resto del paisaje lo ponen los campos que rodean el pueblo, que cambian bastante según la estación.