Artículo completo
sobre Novillas
Ocultar artículo Leer artículo completo
Hay pueblos a los que llegas con la sensación de que aquí no pasa gran cosa… y luego te das cuenta de que precisamente de eso va la historia. El turismo en Novillas funciona un poco así. No hay un gran monumento que te obligue a frenar el coche ni una calle llena de tiendas. Lo que hay es un pueblo del Campo de Borja que sigue a su ritmo, con el Ebro cerca y viñas alrededor, como lleva haciendo generaciones.
Novillas ronda el medio millar de vecinos y está a un paso de Borja y de Magallón. Mucha gente llega de pasada o porque anda recorriendo la comarca. Y la verdad: encaja mejor como parada tranquila dentro de una ruta que como sitio al que venir con una lista de cosas que “tachar”. Aquí lo interesante es mirar alrededor y entender cómo se vive en esta parte de Aragón.
Pasear por Novillas: la iglesia, las casas y el ritmo del pueblo
En el centro aparece la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel. No es un edificio monumental de esos que te dejan con la boca abierta, pero cumple bien su papel: la torre se ve desde varios puntos del pueblo y sirve un poco de referencia cuando entras por las calles.
Alrededor quedan casas de las de toda la vida, con muros gruesos de piedra o adobe y ventanas más bien pequeñas. Cuando caminas por algunas calles estrechas entiendes rápido por qué se construía así: protegerse del frío en invierno y del calor cuando aprieta el verano. Son detalles que cuentan bastante de cómo ha sido la vida aquí.
Las plazas pequeñas hacen de punto de encuentro. Si pasas a última hora de la tarde, sobre todo cuando refresca un poco en verano, es fácil ver a los vecinos charlando al aire libre mientras los críos corretean cerca. Ese tipo de escena que en las ciudades ya casi no se ve.
El Ebro y los campos que rodean el pueblo
A poca distancia empiezan las riberas del Ebro. No hablamos de un paseo acondicionado con carteles cada cien metros, sino más bien de caminos y zonas con álamos y sauces donde el río marca el paisaje. Es un sitio agradable para caminar sin prisa o simplemente sentarse un rato a escuchar el agua.
Alrededor del pueblo dominan los campos de cultivo y las viñas, algo bastante común en toda la comarca del Campo de Borja. La garnacha tiene mucho peso en estas tierras y, cuando llega la vendimia, los remolques cargados de uva forman parte del paisaje durante varios días.
También salen caminos agrícolas que conectan con otros pueblos cercanos. Algunos los usan los vecinos para ir en coche o en tractor, y otros sirven para caminar o pedalear si te gusta moverte por el campo sin demasiadas complicaciones. Conviene ir con mapa o GPS porque no todo está señalizado y es fácil despistarse entre pistas.
Comer y beber en una zona muy de huerta y viña
Cerca del Ebro hay huertas que tradicionalmente han dado verduras a la zona. Esa mezcla de huerta y ganadería se nota luego en la cocina local: platos sencillos, bastante contundentes, de los que te dejan bien sentado a la mesa.
Por los pueblos de alrededor también se trabaja mucho la viña, así que el vino forma parte del día a día. No hace falta ser experto para notarlo: en muchas conversaciones acaba saliendo la vendimia, el estado de las cepas o cómo ha ido la cosecha de ese año.
Fiestas y momentos en los que el pueblo cambia de ritmo
Las fiestas patronales suelen celebrarse en torno a San Miguel, a finales de septiembre. Durante esos días el pueblo se anima bastante más de lo habitual: actos en la calle, encuentros entre vecinos y ese ambiente de pueblo donde todo el mundo acaba participando de una forma u otra.
En verano también suele haber actividades y música por la noche, algo bastante típico en pueblos pequeños cuando llegan las vacaciones y vuelve gente que vive fuera el resto del año.
No es un calendario pensado para atraer multitudes. Es más bien la forma que tiene el pueblo de reunirse y mantener tradiciones que llevan décadas repitiéndose.
¿Merece la pena acercarse a Novillas?
Novillas no es uno de esos lugares que aparecen constantemente en las guías. Y quizá ahí esté parte de la gracia.
Si estás recorriendo el Campo de Borja o moviéndote entre Borja, Magallón y la ribera del Ebro, parar un rato aquí ayuda a entender mejor la zona: campos de viña, huerta, un pueblo tranquilo y la sensación de que la vida sigue su curso sin demasiados adornos.
A veces viajar también va de eso. De parar en sitios donde, aparentemente, no pasa nada… y quedarse un rato mirando cómo pasa el tiempo.