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sobre Aguilón
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A las afueras del pueblo, un olivo viejo se abre paso en un rincón de la plaza. El tronco está retorcido, ancho como una mesa baja, y bajo su sombra el suelo siempre tiene hojas secas que crujen al pisarlas. A ciertas horas solo se oye eso y, de fondo, algún coche que pasa despacio por la carretera. Aguilón vive todavía en ese ritmo tranquilo, donde el calendario lo marcan las labores del campo y las fiestas que reúnen a quienes siguen aquí todo el año y a los que vuelven de vez en cuando.
Situado a unos 680 metros de altura, en el Campo de Cariñena, Aguilón es un pueblo pequeño incluso para los estándares de esta comarca. No hay grandes monumentos ni calles pensadas para pasear mirando escaparates. Lo que aparece son detalles cotidianos: portones con la pintura saltada por el sol, rejas antiguas ennegrecidas por los inviernos, muros de piedra y adobe donde la hiedra se agarra como puede. Con la luz de la mañana, cuando el sol entra bajo desde el este, esas paredes toman un tono gris claro que hace que todo parezca más quieto.
El centro del pueblo, alrededor de la iglesia
La vida del núcleo gira alrededor de la iglesia parroquial de San Juan. Es un edificio que mezcla épocas —parte más antigua, reformas posteriores— y una torre que se ve desde casi cualquier punto del casco urbano. No funciona como mirador ni está pensada para subir a verla por dentro; simplemente es la referencia visual que te orienta cuando entras por las calles estrechas.
Las casas mantienen una arquitectura muy directa: piedra, ladrillo, algo de adobe en las partes más viejas. Muchas conservan dinteles tallados o escudos pequeños sobre la puerta. Si paseas despacio se ven patios interiores con parras que dan sombra en verano y macetas con geranios o romero. En invierno, cuando el aire baja frío desde la sierra cercana, esas calles suelen quedar bastante silenciosas.
Las calles no siguen un trazado claro. Suben, bajan y se cruzan formando pequeñas plazas o esquinas donde aparecen cosas inesperadas: una fuente antigua con agua muy fría, una pared inclinada donde crecen plantas trepadoras o cuerdas tendidas entre balcones para secar la ropa. No es un pueblo que se recorra deprisa; conviene caminar sin rumbo un rato y dejar que el lugar vaya apareciendo.
Caminos entre viñedos y cerros bajos
Alrededor de Aguilón se extiende un paisaje muy abierto. Desde los cerros cercanos se ven los campos de cultivo que forman buena parte del Campo de Cariñena. En primavera predominan los verdes de los cereales jóvenes; cuando llega el verano, la tierra se vuelve más ocre y los viñedos dibujan líneas ordenadas sobre el terreno.
Hay caminos agrícolas que salen del pueblo sin señalización turística. Muchos vecinos los usan para ir a sus parcelas o para moverse con el tractor. A pie o en bicicleta se pueden recorrer sin problema, aunque conviene llevar agua si hace calor y evitar las horas centrales del día en verano: el sol aquí cae fuerte y hay pocos lugares con sombra.
Durante la vendimia —normalmente a comienzos de otoño, según el año— el ambiente cambia bastante. Se ven más tractores entrando y saliendo del pueblo y el aire, al caer la tarde, puede oler ligeramente a mosto. Aguilón queda dentro de la zona histórica del vino de Cariñena, así que los viñedos forman parte del paisaje cotidiano.
Fiestas que siguen siendo del pueblo
Las celebraciones aquí siguen teniendo un carácter bastante local. En verano suele celebrarse la fiesta dedicada a la Virgen del Rosario, cuando regresan muchos vecinos que viven fuera durante el resto del año. Las calles se animan más de lo habitual y aparecen procesiones, música popular aragonesa y actividades organizadas por la gente del propio pueblo.
En enero se celebra San Antón con la bendición de animales. Es una escena sencilla: perros sujetos con correa, algún caballo, vecinos charlando en pequeños grupos mientras esperan frente a la iglesia.
También se celebra la festividad de Nuestra Señora del Carmen, patrona del pueblo. Son días en los que la plaza vuelve a llenarse de voces hasta bien entrada la noche, algo poco común el resto del año.
Cómo llegar desde Zaragoza
Desde Zaragoza hay alrededor de 80 kilómetros por carretera hasta Aguilón. El trayecto atraviesa zonas agrícolas abiertas, con tramos donde apenas se ven casas durante varios kilómetros.
El coche es, en la práctica, la forma más sencilla de llegar. El transporte público no suele tener muchas frecuencias. Si vienes en verano, merece la pena salir temprano: la luz de primera hora deja ver bien el relieve suave de los campos y además se evita el calor fuerte del mediodía. Aparcar dentro del pueblo normalmente no plantea problemas, aunque las calles del centro son estrechas y conviene avanzar despacio.