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sobre Mezalocha
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A primera hora, cuando el sol todavía tarda en saltar por encima de los cerros, los campos alrededor de Mezalocha huelen a tierra seca y a viña. El aire llega limpio desde el embalse cercano y apenas se oye nada más que algún coche lejano en la carretera y el golpeteo de una persiana que alguien abre. Mezalocha, en la comarca del Campo de Cariñena, es uno de esos pueblos pequeños —apenas dos centenares de vecinos— donde el ritmo del día sigue marcado por el campo.
Está a unos 45 kilómetros al sur de Zaragoza. La altitud ronda los 480 metros y el paisaje que lo rodea es el que domina buena parte de esta comarca: viñedo, almendro, parcelas abiertas y lomas suaves que en verano se vuelven casi del color del polvo.
El centro del pueblo y la iglesia de San Pedro
Las calles del casco urbano son cortas y algo irregulares, con casas de ladrillo y piedra que conservan portales anchos y muros gruesos. En algunas fachadas todavía se ven los antiguos portones donde antes se guardaban carros o aperos.
La iglesia parroquial de San Pedro ocupa la plaza principal. No es un edificio monumental; más bien responde a esa arquitectura funcional que se repite en muchos pueblos aragoneses. La torre se ve desde varios puntos del término y la fachada, sobria, mezcla piedra y ladrillo. En el interior hay elementos antiguos sencillos —una pila bautismal barroca, por ejemplo— que hablan de siglos de vida parroquial más que de grandes transformaciones.
A pocos pasos está el cementerio, con una pequeña capilla de aire austero. Desde allí, si te acercas al muro exterior, el paisaje se abre hacia los campos.
Viñedos y caminos alrededor de Mezalocha
El término municipal está rodeado de viñas vinculadas a la Denominación de Origen Campo de Cariñena. La garnacha aparece con frecuencia en estas parcelas, plantadas en hileras largas que en otoño se vuelven rojizas y en primavera levantan un verde muy vivo sobre el suelo claro.
Los caminos agrícolas que salen del pueblo permiten caminar o ir en bicicleta sin demasiada dificultad. No son rutas señalizadas como tal, pero muchos vecinos los usan a diario para moverse entre fincas.
En verano conviene salir temprano. A partir del mediodía el sol cae de lleno y apenas hay sombra entre los viñedos. En cambio, a primera hora o al final de la tarde el paisaje cambia mucho: se oyen mirlos entre los ribazos, algún tractor que vuelve despacio y el viento pasando entre las cepas.
El embalse y el paisaje cercano
Muy cerca del pueblo está el embalse de Mezalocha, retenido por una presa que se reconoce desde lejos por su forma de arco. El agua introduce un contraste inesperado en un territorio bastante seco. Dependiendo de la época del año se ven aves acuáticas y pescadores que pasan allí la mañana.
La zona alrededor del embalse también se utiliza para pasear o acercarse en coche a mirar el paisaje. Cuando baja el sol, la superficie del agua refleja los tonos rojizos de las laderas y el silencio es casi completo.
Comida de casa y vida cotidiana
En Mezalocha no hay una escena gastronómica pensada para visitantes. Lo que se come aquí es lo que ha formado parte de la mesa durante generaciones: cordero, embutidos curados en casa, verduras de huerta cuando llega la temporada y pan de horno.
En las fiestas o reuniones vecinales suelen aparecer dulces tradicionales y productos de la zona. El vino, claro, tiene presencia habitual, algo lógico en un municipio rodeado de viñedo.
Fiestas y calendario local
Las celebraciones principales giran en torno a San Pedro, patrón del pueblo. Durante esos días las calles se llenan más de lo habitual: música, actos religiosos y comidas compartidas entre vecinos y quienes vuelven al pueblo por unos días.
A lo largo del año también aparecen pequeñas celebraciones ligadas al calendario agrícola o a festividades religiosas. Las fechas concretas pueden variar, así que si la idea es coincidir con ellas conviene informarse antes de ir.
Cómo llegar y cuándo ir
Desde Zaragoza se llega en coche en unos cuarenta minutos, normalmente por la A‑23 en dirección a Teruel y luego tomando carreteras locales.
El paisaje cambia bastante según la estación. En primavera los campos están verdes y el aire suele ser más suave. En verano el calor aprieta y el pueblo se mueve despacio durante las horas centrales del día. El otoño, con la vendimia en marcha en muchos pueblos de la comarca, es quizá cuando el entorno de Mezalocha se ve con más movimiento en el campo.