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sobre Tosos
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A las ocho de la mañana, en Tosos, todavía hay sombra en la mayor parte de la calle. Huele a tierra húmeda y a uva. Al fondo se oye una puerta metálica que se abre y el ruido breve de un coche arrancando. El turismo en Tosos empieza así, cuando el pueblo aún no ha terminado de despertarse y las fachadas claras devuelven una luz fría.
Tosos se recoge en unas cuantas calles de piedra que suben y bajan con poca lógica. Casas de mampostería, algunas con entramados de madera, otras con la cal ya desgastada por los inviernos. En medio aparece la iglesia de San Pedro. No es un edificio que se imponga desde lejos, pero su torre sobresale lo justo para orientarse cuando uno se pierde entre las calles. Dentro la luz entra muy medida, por ventanas pequeñas, y deja el interior en una penumbra tranquila.
Alrededor del pueblo el terreno se abre en laderas bajas. Viñas, sobre todo. Filas largas que siguen el dibujo del suelo pedregoso. En primavera se mezclan con almendros en flor y en otoño el campo vira a tonos ocres. El río Huerva pasa cerca y cambia un poco el ambiente: más vegetación en la ribera, algo de frescor cuando el día aprieta. Los caminos agrícolas que salen del pueblo permiten caminar sin demasiada planificación. Muchos se usan a diario para trabajar las parcelas, así que conviene apartarse si pasa algún vehículo.
Cuando llega la vendimia el paisaje cambia de ritmo. Hay remolques, gente moviéndose entre las hileras, olor dulce a mosto en algunos puntos del camino. Suele concentrarse en septiembre, aunque depende del año. Si pasas por aquí en esas semanas, es mejor no meterse en las fincas ni tocar las cepas: el trabajo está en pleno momento.
Al caer la tarde la luz baja desde la sierra y entra de lado entre las viñas. El suelo, que durante el día parece gris, saca tonos rojizos y violetas. A esa hora apenas se oye nada más que el viento en las hojas y algún perro en el pueblo.
La cocina que se encuentra por la zona sigue lo que da el campo. Cordero asado, embutidos, verduras de huerta cerca del Huerva. Platos directos, de los que llenan la mesa sin demasiadas vueltas.
En verano llegan las fiestas patronales. Muchos vecinos vuelven esos días y el pueblo gana ruido y movimiento. Hay procesiones, comidas compartidas y actividades que cambian un poco cada año. Durante el resto del calendario las celebraciones son mucho más discretas, como ocurre en muchos pueblos pequeños de Aragón.
Para llegar a Tosos desde Zaragoza lo habitual es bajar primero hacia Cariñena y continuar luego por carreteras secundarias. El último tramo atraviesa campos abiertos y alguna ladera de viñas. Conviene venir con calma al volante: hay curvas y tractores que aparecen sin prisa en mitad de la carretera.