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sobre Urries
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¿Sabes cuando pasas por un pueblo tan pequeño que dudas si parar o seguir de largo? Urries tiene un poco de eso. En el mapa parece una parada mínima, pero cuando te bajas del coche y das una vuelta tranquila entiendes mejor cómo funciona el turismo en Urries: sin carteles grandes, sin nada preparado para impresionar, solo un pueblo que sigue a su ritmo.
Está en la comarca de Cinco Villas, a unos 80 kilómetros de Zaragoza, y ronda el medio centenar de habitantes. Alrededor hay colinas suaves y mucho cereal. En primavera todo se vuelve verde; en verano, ese amarillo seco que parece que cruje cuando sopla el viento.
El pueblo mantiene casas de piedra de muros gruesos y ventanas pequeñas. No es una decisión estética: así se construía aquí para aguantar el frío en invierno y el calor cuando aprieta. Caminas dos calles y ya notas que no es un lugar pensado para entretener visitantes, sino para vivir.
Dónde está Urries y qué paisaje lo rodea
Urries se asienta a algo más de quinientos metros de altitud, en una zona tranquila de Cinco Villas. El paisaje es el típico de esta parte de Aragón: campos abiertos, lomas suaves y caminos agrícolas que conectan unas parcelas con otras.
Cuando cambian las estaciones se nota mucho. En otoño los tonos ocres se comen el horizonte. En primavera aparecen manchas verdes que rompen la monotonía del cereal.
No es un paisaje espectacular en el sentido clásico. Es más bien ese tipo de campo que entiendes cuando pasas un rato mirándolo.
Pasear por el casco sin mirar el reloj
El casco urbano se recorre en poco tiempo. Literalmente. Pero la gracia está en caminar despacio.
La iglesia parroquial de San Miguel Arcángel ocupa una posición bastante visible dentro del pueblo. El edificio parece moverse entre finales de la Edad Media y reformas posteriores, algo bastante común en iglesias rurales de la zona. Exterior sobrio, piedra, campanario estrecho.
Las calles son cortas y algo irregulares. Algunas conservan portones viejos, balcones con hierro forjado y paredes donde la piedra asoma bajo capas de cal.
No hay rutas marcadas ni paneles contando la historia de cada esquina. Aquí el paseo funciona más como cuando visitas el pueblo de un familiar: miras detalles, te asomas a un callejón, sigues andando.
Corrales, bodegas y campo alrededor
En las afueras aparecen restos de corrales y bodegas excavadas en la tierra. Durante años formaron parte del trabajo diario ligado al campo y al ganado.
No están preparados como un espacio visitable. De hecho, muchos pasan desapercibidos si no te fijas bien. Pero ayudan a entender cómo se organizaba la vida en pueblos pequeños de Cinco Villas.
Si te gusta caminar, salen caminos agrícolas bastante fáciles entre parcelas de cultivo y pequeñas zonas de vegetación mediterránea. A primera hora o al atardecer no es raro ver cernícalos moviéndose sobre los campos.
El silencio aquí pesa un poco más de lo habitual. Y eso, para muchos, ya es parte del plan.
Fiestas y vida en un pueblo de cincuenta vecinos
Las fiestas suelen celebrarse alrededor de San Miguel, a finales de septiembre. Coinciden más o menos con el final de la temporada agrícola, algo bastante habitual en pueblos de la zona.
Son celebraciones sencillas. Procesiones, reuniones entre vecinos, dulces caseros que aparecen en las mesas y charlas largas en la calle cuando cae la tarde.
Con tan poca población todo se hace entre conocidos. Si llegas de fuera, lo normal es que te miren con curiosidad primero y con normalidad después.
Cómo llegar y cuándo acercarse
Desde Zaragoza el viaje ronda una hora larga en coche. La ruta suele pasar por Ejea de los Caballeros y luego continúa por carreteras comarcales más estrechas.
Conviene venir sin prisa. Aparcas, caminas un rato por el pueblo y quizá te acercas a algún camino del entorno.
En invierno refresca bastante por la noche, algo típico en esta parte de Aragón. En verano, en cambio, las tardes se alargan y el pueblo se mueve despacio.
Urries no intenta llamar la atención. Es más bien ese tipo de sitio donde paras un rato, miras alrededor y piensas: así debían de ser muchos pueblos antes de que todo se llenara de planes y carteles. Aquí, de momento, el tiempo sigue funcionando de otra manera.