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sobre Valpalmas
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A las ocho de la mañana, la luz entra de lado por la plaza y rebota en la piedra clara de la iglesia de San Pedro. Todavía no hay coches ni conversaciones; solo alguna persiana que se levanta y el eco de unos pasos cruzando la calle. En Valpalmas, a esa hora temprana, el pueblo parece moverse despacio, como si aún no hubiera decidido empezar el día.
En la comarca de Cinco Villas, este núcleo pequeño queda rodeado de campos de cereal. En invierno el paisaje es más apagado, con tierra húmeda y rastrojos cortos; cuando llega junio todo se vuelve dorado y el viento mueve las espigas como una superficie ondulada. Desde las afueras del pueblo el horizonte se abre sin obstáculos: una línea larga de campos cultivados donde el cielo pesa mucho.
Un casco urbano breve y silencioso
El centro se recorre en poco tiempo. Casas de piedra y ladrillo conviven con otras reformadas, algunas con portadas antiguas y balcones de hierro oscuro. No hay grandes edificios ni calles largas: el pueblo se organiza alrededor de la plaza y de un puñado de vías estrechas donde todavía se ven portones de madera gastada y muros con capas de yeso envejecido.
La iglesia parroquial de San Pedro marca el punto más reconocible. Su presencia domina la plaza sin imponerse demasiado, con esa sobriedad habitual en muchas iglesias rurales aragonesas.
Caminar por estas calles tiene algo de pausa obligada. Apenas pasan coches y el sonido más constante suele ser el de algún perro al otro lado de una tapia o el golpe metálico de una puerta al cerrarse.
Los caminos que salen hacia el cereal
En cuanto se deja atrás la última casa, empiezan los caminos agrícolas. Son pistas de tierra que usan los agricultores para acceder a las parcelas y que también se pueden recorrer a pie o en bicicleta si no molestas el paso de los tractores.
No hay sombras durante muchos tramos. En verano el sol cae fuerte desde media mañana y el cierzo puede aparecer sin aviso, así que conviene llevar agua y gorra incluso para paseos cortos. A cambio, el paisaje tiene algo muy limpio: campos abiertos, alguna encina aislada y un cielo enorme.
Al atardecer la luz baja y el cereal toma tonos más rojizos. Es el momento en que el viento se oye mejor, rozando las espigas y las hierbas secas de los bordes del camino.
Comer por la zona
Valpalmas es un pueblo pequeño y la vida diaria gira más alrededor de las casas que de negocios abiertos al público. Si se busca comer fuera, lo habitual es acercarse a localidades cercanas de la comarca.
En esta parte de Aragón la cocina sigue muy ligada a lo que da el campo: migas con uva o con trozos de embutido, cordero asado y platos contundentes pensados para jornadas largas de trabajo.
Buen punto para moverse por Cinco Villas
Aunque Valpalmas es tranquilo y breve, queda a una distancia razonable de otros pueblos de las Cinco Villas con más patrimonio histórico. En coche se puede llegar en poco tiempo a localidades como Sos del Rey Católico o Uncastillo, donde las calles medievales y las iglesias románicas aparecen casi una detrás de otra.
Muchos viajeros pasan el día visitando esos lugares y regresan después a pueblos más pequeños como este, donde por la noche apenas hay ruido y el cielo oscuro deja ver bien las estrellas.
Cuándo pasar por Valpalmas
La primavera y el inicio del verano suelen ser los momentos más agradecidos: los campos están verdes o empezando a dorarse y el aire todavía es suave.
En pleno verano el calor aprieta a partir del mediodía y el pueblo se queda muy quieto hasta la tarde. Si vienes en esas fechas, madruga y sal a caminar temprano, cuando la luz todavía es oblicua y el cereal huele ligeramente a paja fresca.
Valpalmas no tiene grandes monumentos ni un programa continuo de actividades. Lo que hay es más sencillo: calles cortas, silencio, campos abiertos alrededor y ese viento que llega desde lejos y atraviesa el pueblo sin detenerse demasiado. A veces eso es suficiente.