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sobre Fuentes de Ebro
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El olor a cebolla aparece antes que el cartel de entrada. Pasa cuando riega el campo o cuando la están recogiendo. Fuentes de Ebro está a unos 26 kilómetros de Zaragoza, en plena llanura del valle. Regadío, acequias y parcelas cuadradas. No hay monte ni casco histórico espectacular. Hay agricultura y un pueblo que vive de ella.
Aparcar y moverse
La entrada habitual es por la N‑232. No hay aparcamiento pensado para visitantes. Se aparca en la calle sin demasiada pelea. Si no conoces el pueblo, lo más cómodo suele ser dejar el coche cerca del polideportivo y entrar andando. Son pocos minutos.
El casco urbano es plano. Se recorre rápido y sin cuestas. También pasa un carril bici que conecta con Zaragoza siguiendo el valle. Mucha gente lo usa los fines de semana.
La torre y la iglesia de San Miguel
La torre que se ve desde la carretera parece antigua, pero no lo es tanto. La anterior se cayó y esta se levantó hacia 1900. El proyecto fue de Félix Navarro y tira hacia el neogótico. Es lo que más destaca en el perfil del pueblo, aunque alrededor no haya mucho más que compita.
La iglesia de San Miguel ocupa lo que fue el palacio fortificado de los Fernández de Heredia. La portada renacentista es del siglo XVI. El interior está bastante reformado. Si la encuentras abierta, entras un momento y ya está. Si no, con ver la fachada tampoco pasa nada.
El yacimiento de La Corona
A unos dos kilómetros del pueblo está La Corona. Es un asentamiento ibérico datado en torno al siglo II a.C. Se excavó en parte y muchas piezas acabaron en el Museo de Zaragoza.
La más conocida es la llamada Señora de Fuentes, una figura de bronce. En el pueblo lo que hay es una réplica. El yacimiento se recorre por libre. Paneles, restos de muros bajos y campo alrededor. No esperes ruinas espectaculares. Es más bien un lugar para hacerse una idea del asentamiento y mirar el paisaje del valle.
Paseo hacia los sotos del Ebro
El Ebro no pasa pegado al casco urbano. Queda algo apartado, entre campos. Aun así mantiene zonas de vegetación de ribera, los llamados sotos.
Desde la zona del polideportivo sale un recorrido que ronda los seis kilómetros. Camino ancho, terreno fácil. Chopos, acequias y parcelas de cultivo. En primavera suele haber bastante movimiento de aves. No hace falta equipamiento especial. Agua sí conviene llevar, porque por el camino no hay servicios.
Comer aquí y cuándo venir
En Fuentes de Ebro manda la huerta. La cebolla es el producto más conocido y tiene denominación de origen. Suele aparecer confitada, a la plancha o acompañando carnes. También son habituales las borrajas y otras verduras del valle. El ternasco llega de explotaciones de la zona.
Lo normal es encontrar menús sencillos de cocina casera. Si te interesa la cebolla de verdad, mucha gente la compra directamente en la cooperativa agrícola del pueblo. Es más dulce que la que suele llegar al supermercado.
En mayo celebran San Isidro con actos ligados al campo. En septiembre llegan las fiestas de San Miguel. Y en enero se mantiene la hoguera de San Antón. No son celebraciones pensadas para atraer visitantes. Son fiestas de pueblo.
Fuentes de Ebro se ve en una mañana tranquila. Paseas, te acercas a La Corona o a la ribera y comes. Si te gusta pedalear, el carril que sigue el valle hacia Pina de Ebro alarga el día sin tráfico ni cuestas.
Y sí, el olor a cebolla no es parte del decorado. Es la actividad del pueblo. Aquí se cultiva y se nota.