Artículo completo
sobre Villanueva de Gállego
Ocultar artículo Leer artículo completo
El río Gállego baja del Pirineo y se abre aquí, en la primera vega amplia antes de acercarse al Ebro. Villanueva de Gállego nació en ese tramo de respiro del río. No es un lugar que haya permanecido igual: ha cambiado de oficio varias veces a lo largo de los siglos, y algo de cada etapa sigue reconocible en el paisaje.
El papel que vino del agua
La relación con el papel viene de antiguo. Ya en el siglo XV se documentan molinos que trabajaban con pasta, aprovechando el caudal del Gállego y el desnivel del terreno. En el XVII, cuando el municipio pasó por una etapa de endeudamiento ligada a instituciones religiosas y propietarios de Zaragoza, buena parte de los ingresos dependía de esos ingenios hidráulicos.
Con el tiempo llegaron fábricas mayores que consolidaron una pequeña industria papelera en la ribera. Durante mucho tiempo marcaron el ritmo del pueblo. Hoy la actividad industrial se ha desplazado a los polígonos, pero el vínculo con el río sigue siendo evidente si se pasea por la orilla: entre naves más recientes todavía aparecen muros de ladrillo de antiguas instalaciones fabriles.
Tres torres y una leyenda
La llamada Torre Vieja es el campanario que quedó en pie de la antigua iglesia parroquial, levantada hacia finales del siglo XVI. Se conservó, entre otras cosas, porque funcionaba como punto de vigilancia sobre el paso del Gállego. El puente fue estratégico durante episodios como la Guerra de la Independencia, cuando la zona formaba parte de los movimientos militares alrededor de Zaragoza.
En el término también se mencionan otras torres históricas. La de Lindar suele fecharse en época medieval y durante siglos estuvo vinculada a propiedades nobiliarias de la zona. La de San Miguel, algo posterior, aparece ligada a órdenes religiosas.
Entre estas construcciones circula desde hace tiempo una historia repetida por generaciones: la existencia de pasadizos subterráneos que llegarían hasta la cartuja cercana. No hay pruebas claras de que existieran, aunque en algunas obras aparecieron estructuras de ladrillo que alimentaron la conversación. Como suele pasar con estas historias, nadie terminó de aclararlo y el asunto quedó ahí.
La iglesia que no era de aquí
La iglesia de Nuestra Señora de los Remedios tiene una escala que llama la atención para un municipio de este tamaño. Se levantó en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando la parroquia anterior ya no podía seguir utilizándose tras los conflictos de comienzos de siglo.
El interior responde a un gusto clasicista bastante sobrio. El retablo mayor se atribuye a un entorno artístico próximo al de Ventura Rodríguez, lo que explica cierto aire académico poco frecuente en templos rurales de la zona. Más que una pieza monumental, es interesante como testimonio del momento en que Villanueva miraba claramente hacia Zaragoza, con la que siempre ha tenido una relación muy directa.
Francisco Pradilla, el pintor que se fue
El pintor Francisco Pradilla nació aquí en 1848. Su familia vivía cerca del antiguo convento que hubo en el pueblo, y su padre trabajaba como maestro de obras. Pradilla acabaría marchándose pronto para formarse y desarrollar su carrera, primero en Zaragoza y más tarde en Roma.
Cuando obtuvo reconocimiento con una gran pintura histórica en la década de 1870, en el pueblo se organizó una pequeña colecta para ayudarle con los gastos del viaje. La casa natal conserva una placa que lo recuerda, aunque el edificio ha tenido distintos usos con el tiempo.
El ayuntamiento guarda algunas obras menores y recuerdos vinculados al pintor. Los vecinos mayores suelen contar que regresaba algunos veranos y que mantenía relación con el pueblo incluso cuando su carrera ya estaba asentada.
Cómo llegar y qué mirar
Villanueva de Gállego está a pocos kilómetros al norte de Zaragoza y se llega en coche en un trayecto corto siguiendo la carretera que acompaña el valle del río. También hay conexiones de autobús con la capital.
El recorrido por el casco urbano puede hacerse sin prisa en una hora. La plaza de España es un buen punto de partida: el ayuntamiento actual se levantó en el primer tercio del siglo XX. Desde allí, la calle Mayor baja hacia el Gállego. En varias casas antiguas todavía se reconocen zócalos de piedra que en su momento servían para carga y descarga vinculadas a la actividad molinera.
El puente metálico que cruza el río pertenece a las primeras décadas del siglo XX. Desde allí, mirando aguas arriba, se distingue la toma del canal de riego que sigue alimentando la huerta de la vega.
Las fiestas principales se celebran tradicionalmente en mayo y a comienzos de agosto. Más que grandes actos, son días en los que se nota el regreso de gente que vive o trabaja en Zaragoza. Villanueva mantiene ese carácter de pueblo cercano a la ciudad: muchos vecinos hacen vida entre ambos lugares, y el río sigue siendo el hilo que explica por qué el asentamiento apareció justo aquí.